
Aburguesados por tanta vida de hotel en una gira por Europa en 1988, el Flaco Lamadrid y Walter Fernández se hicieron una escapada a un parque de diversiones francés en busca de adrenalina.
Decididos a amortizar el precio de la entrada, que encima habían conseguido gracias a un cupón que habían recortado del diario, probaron todas las atracciones. Se subieron al toro mecánico y no les gustó. Intentaron con la montaña rusa y nada. Se sometieron al peligroso martillo y no les sacó ni una nausea. Se metieron al tren fantasma en busca de miedo, pero ya conocían al Negro Ludueña, así que no les hizo ni cosquillas.
Un tanto resignados, fueron a lo fácil. Se mamaron con champagne del malo, pero estaban en Francia, parecía del bueno. Así, mareados a la fuerza, se subieron a un mini samba y por fin tuvieron una sensación de pérdida de equilibrio, de borde del abismo. Rieron, gritaron, cantaron, vomitaron. Y Costas al lado, sobrio, firme, imperturbable. Y ahí fue cuando Hugo y Walter observaron el gesto de Gustavo y lanzaron el mítico «Y chupe, chupe, chupe, no deje de chupar…que Costas es lo más grande del fútbol nacional«. Bueno, no terminaba así, pero la intención es lo que vale.