
De niños acumulamos un bagaje de máximas que no siempre estuvieron cargadas con verdad. «No te tragues el chicle porque te vas a morir«, «no aceptes caramelos de extraños porque te van a raptar» y «no le digas Pantriste a Junior porque un día se va a calentar y te va a cagar a cuetazos«, eran frases que metían miedo y que cientos de veces escuchamos de padres, tíos, primos mayores, o simplemente de amigos que parecían estar un paso adelante.
En el potrero pasaba lo mismo. Mucho antes de saber que «dos cabezazos en el área son gol» y que «el primer palo es del arquero«, fuimos concientes de que estaba prohibido utilizar el balón como lugar de reposo. «No te sentés arriba de la pelota porque la vas a ovalar«, era el reto que nacía cada tanto de la boca de algún experimentado player barrial. Y nosotros acatábamos, aún desconociendo la rigurosidad de los dichos, porque jamás habíamos visto a un esférico tomar una forma extraña por su mala utilización. ¿Acaso las pelotas de rugby eran originariamente de fútbol? No había tiempo para analizar, sólo para asentir con la cabeza y sentarse en una piedra, en un tronco, o en el mismísimo suelo.

El doble mensaje
Lo que muchas veces hacía dudar de la veracidad de aquella advertencia era la admirable postura de algunos consagrados futbolistas, que desde las páginas de las revistas sonreían desafiantes, arriba de una número 5 y burlándose descaradamente de aquella recomendación. Y ahí surgía la pregunta: ¿Si fulanito se sienta en la pelota, por qué yo no puedo hacerlo? Pero también uno comprendía que los que lo hacían eran unos pocos, quizás los únicos valientes. O lo que era peor, tal vez no lo hacían por un exceso de agallas, sino más bien por su condición de profesionales. Teniendo tantos balones (y gratis) en un partido, no era tan comprometido elegir uno y sentársele arriba unos cinco segundos para sacarse una foto.

Bianchi, el Virrey en su trono
Es bastante común observar viejas formaciones de Vélez con Carlos Bianchi encima de la pelota. Lo hizo en los 70’s y mantuvo la postura hasta el último de sus días como jugador.

La ridiculez
Extremistas hay en todos los rubros. Queriendo innovar, el Chango Cárdenas y Hugo Curioni llegaron a arrodillarse arriba de la Pintier. Si buscaron patentar un estilo, estuvieron bastante lejos. Nadie les dio pelota.
Juan Pordiosero








