
Antes de que Martín Palermo sea El Titán, era El Loco. Y para justificar su apodo hacía cosas como tenirse el pelo, vestirse de mujer y otras por el estilo. Con su llegada a Boca, de a poco fue bajando los decibeles. Y llegó un momento en que la máxima locura de goleador era entretenerse atajando un rato en los entrenamientos. Lo hizo varias veces, por ejemplo en esta ocasión, ante la mirada socarrona (?) de su compinche Guillermo Barros Schelotto. O Gustavo, vaya uno a saber.
(Gracias Claudio)
Palermo en las inferiores de Estudiantes era arquero antes de probar con ser goleador…
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En su partido homenaje, también se calzo los guantes, para atajarle un penal a su hijo.
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