En uno de los tantos “entrenamientos diferenciados” que Juan Román Riquelme tuvo a lo largo de su última etapa en Boca Juniors, se probó los guantes y ocupó por un rato la posición de Agustín Orión. Recibió indicaciones de Carlos Bianchi, fue para el área, se puso abajo de los tres palos (ya lo había hecho en el Villarreal) y estuvo allí por algunos minutos. Después, lo de siempre: a matear con los utileros, jugar el domingo (si la condición física y sus propias ganas lo permitían, claro) y concluir la semana con la sana costumbre que fue furor durante 2013: lesionarse.
