Alex Sandro Rossi
Pocos han sido los brasileros que triunfaron en nuestro fútbol, de hecho casi ni vienen a jugar acá, por eso son tan recordados los que pasaron.
En este caso, que haya llegado desde el país vecino un delantero fue todo una curiosidad. No tenía mal manejo de pelota, pero era estilo Iarley, no un carioca con todas las letras sino más bien híbrido, con un poco de misionero y paraguayo. Para colmo era rubio, otro requisito importante para fracasar.
Jugó en Atlético Paranaense y Cerro Porteño de Paraguay (1992-1993). Llegó a Argentina para defender los colores de Rosario Central en la temporada 1993-1994 donde tuvo como entrenadores a Vicente Cantatore y luego a Pedro Marchetta. Contó con la fortuna de hacerle un gol a Newell?s en el Parque en uno de los tantos empates entre sí. Fue 1 a 1 (Iván Gabrich para la Lepra) e hizo dupla con el Chelo Delgado. Sin embargo esa «canallada» no le alcanzó para ganarse a los hinchas porque en el Apertura apenas marcó 4 goles y su equipo quedó anteúltimo por lo que pasó al Banfield (1994-1995) del en ese entonces figura Patricio Camps.
Continuó su derrotero por Sudamérica y fue compañero del Chino Pereda y Luis Guadalupe en Universitario de Perú (1996) donde se ganó a algunos simpatizantes no por su talento sino por la supuesta garra.
Por esas cosas de la vida también jugó en España, época que compraban lo que se movía y ni hablar si se trataba de un brasilero. En Osasuna estuvo durante 1997 y después retornó a su país. Jugó en el Avaí (1999), en el AA Caldense y aún sigue jugando en el poderosísimo Ipatinga (2005).
Su gran momento fue cuando lo expulsaron en el Taladro, se sacó el botín y amagó a tirárselo al arbitro por la cabeza.
Cucu