Especiales: un alemán en Argentina

wolfuwe

Uwe Wolf (El Lobo)

Mucho antes de que Lothar Matthäus se mofara de los dirigentes de Racing a través de un SMS, otro alemán estuvo pidiendo un lugarcito en la historia negra del fútbol argentino.

Nacido en la localidad de Neustadt an der Weinstraße (la traducción sería algo así como «Bernardo, cuidado que se te escapa«) en 1967, se hizo medianamente conocido en su país vistiendo las camisetas de SV Waldhof Mannheim (1985/86), SV Edenkoben (1986 a 1989), 1. FC Nürnberg (1989 a 1994) y TSV 1860 München (1995/95). Hasta ahí todo más o menos bien.

La raro es que de un día para el otro apareció en México y firmó contrato con el Necaxa (1995/96), que venía de ser campeón después de 56 años. Con Uwe en la defensa y jugadores como Alex Aguinaga, Alberto García Aspe, Luis Hernández y Sergio Zárate, el team dirigido por Manuel Lapuente volvió a quedarse con el título. Pasó también por Puebla (1996/97) y Venados de Yucatán (1997/98), antes de regresar a Europa para integrar el plantel de SV Austria Salzburg (1998/99). A esa altura ya quería probar en un torneo más competitivo y por eso le hizo caso al empresario Hugo Issa cuando le propuso viajar a la Argentina.

El club de su desembarco fue Unión de Santa Fe, que por entonces se preparaba para afrontar el Apertura 1999. «Voy a entrenarme con el plantel hasta la semana que viene. Soy marcador central, puedo jugar de líbero, de stopper o adaptarme perfectamente a una línea de cuatro, que es el sistema que utiliza Unión para marcar«, tiró el germano a su llegada. Pero su supuesta versatilidad no le alcanzó para convencer a Juan José López, que prefirió a José María Paz.

Estuvo más de una semana practicando a la par de hombres como Martín Perezlindo, Miguel «no me digan Gisela» Barreto y Juan José Jayo, hasta que el entrenador le bajó el pulgar. Otra hubiese sido la historia si el técnico tatengue hubiera sido el Otto Craviotto. Pero faltaban dos años para ese episodio.

Para despedirse del fútbol eligió volver a su tierra y jugar en el modesto equipo insignia de la Alemania Oriental, el Dynamo Dresden (1999/2000). Pero claro, culo inquieto como pocos (?), tiró una fichita en Portugal y se puso la casaca del SC Freamunde (2000/01). Y ahí si, dijo adiós.

Desde hace algunos años trabaja como entrenador de las divisiones menores (y también con los mayores) del 1860 München, equipo que tiene los mismos colores que Racing. Ojo, no lo descarten para la próxima vez que La Academia busque técnico. Por las dudas, acá tienen la página web para contactarlo. ¿O piensan mandarle un mensaje de texto?

Rosario Central desteñida 1995

centraldestenida

Horrible camiseta suplente de Rosario Central, muy parecida al modelo titular ya recordado en este espacio. La diferencia radicaba en los triángulos que, en lugar de mantener los colores intensos, se esfumaban para darle a la prenda un aspecto de trapo desteñido que no amaritaba la historia del Canalla. Dicen los memoriosos que esta camiseta de Le Coq Sportif sólo salió a la cancha en una victoria ante el Deportivo Español, en octubre de 1995.

(Gracias Museo Canalla)

Pereyra Cristian

pereyracristian

Cristian Alberto Pereyra

El Beckham marplatense. Un delantero con aceptable paso por el fútbol del interior que intentó, sin suerte, afianzarse en equipos de Primera División, donde sólo cosechó los segundos de fama necesarios para ser baldosero. Y después, como si fuera poco, añadió una veta modelística (?) para escribir su nombre en este sitio con tinta indeleble.

Integraba las inferiores de Gimnasia y Esgrima La Plata cuando el gran Timoteo Griguol lo subió al plantel superior y lo llevó por primera vez al banco de suplentes en un partido ante Lanús, en abril de 2001. Hacerse un lugar, por supuesto, no era nada sencillo. En aquel torneo Clausura, la dupla Enría-Sava había arrancado como fija en la ofensiva, pero luego fueron apareciendo otros delanteros como Hernán «Micosis» Ocampos, Fernando Gatti, Sebastián Ferrero y Gonzalo Choy González.

Pereyra no pudo hacer su estreno en esa temporada y tampoco en las dos siguientes. A mediados de 2003 pasó a reforzar las filas de Racing y se convirtió en habitué de la Reserva. Tenía 21 años cuando el Pato Fillol lo hizo debutar en la máxima categoría, haciéndolo ingresar por el Negro Ramos en la derrota 1 a 0 de La Academia ante Arsenal de Sarandí.

Fueron un poco más de 7 minutos los que estuvo en la cancha y, obviamente, no pudo hacer mucho. Pero unas semanas antes había debutado otro pibe, Luis Benítez, que en casi la misma cantidad de tiempo le había dado a Racing una victoria agónica ante Chacarita. La cruel comparación, entonces, terminó de matar a nuestro homenajeado.

Eligió volver a su ciudad y se convirtió en un jugador importante para Alvarado (2004 a 2006) en el Torneo Argentino B. Una categoría más arriba, vistió las camisetas de Deportivo Santamarina de Tandil (2007) y Rivadavia de Lincoln (2007). Y volvió a tener una chance en el fútbol de AFA cuando Nueva Chicago (2008/09) lo convocó para formar parte de su staff (?) en la Primera B.

La onda era ascender y todo eso (?) que buscan los jugadores del under metropolitano, pero tampoco hay que ser tan cerrado (?), por eso Cristian, fuera de los partidos y los entrenamientos, le dio bola a una amiga que le veía pasta de modelo y decidió hacer unas fotos profesionales para enviar a distintas agencias.

Y aunque parezca mentira, al toque lo contactaron y empezó a hacer campañas para Brasil y México. ¿El fútbol? Bien, gracias. A esa altura casi no jugaba en el Torito y laburar posando para un fotógrafo no estaba nada mal: «al comienzo es jodido, porque en un casting se presentan actores. Y me costó porque no tenía ni idea. Era todo raro. Había paredes blancas y me tenía que parar ahí como un gil delante de las cámaras. Te tenés que presentar, decir tu nombre, la edad, más que nada para ver cómo te desenvolvés. Yo veía otros que decían que eran actores y hacían caras, chistes. Después de presentarte, tenés que hacer como un acting. Ellos te dan consignas y vos tenés que representarlas. Lo más gracioso es que te decían que por ejemplo hicieras que estas con un grupo de amigos (que no había), observar que tu vaso (que no tenías) se había acabado, ir a la barra (que tampoco estaba) apoyarte y mirar hacia una cruz (que supuestamente era una chica) y pedir dos tragos para invitar a la supuesta mujer. Me daba mucha vergüenza, pero igual yo me presentaba como actor para no ser menos que el resto«, declaró al diario El Atlántico.

A mediados de este año retornó a Alvarado de Mar del Plata, donde planea seguir haciendo goles para mantener vivo al futbolista, aunque hacer un book sea una tentación: «vas, te maquillan, te sacan fotos, estas un par de horas, te vas y listo. Por ir un día, me pagan lo que gano en un mes jugando al fútbol. Con uno o dos trabajos por mes, vivís bien«. Para pensar.

Presa Alejandro

presaalejandro

Alejandro Fabián Presa (El Búho)

Siempre le costó decir que no. Era muy chico cuando lo anotaron en las inferiores de Estudiantes de La Plata y entonces se tomó todo como un juego. Ya más grandecito, le tiraron la goma onda de ir a la Selección Sub 16 y como el técnico era Carlos Pachamé, gloria Pincha, le copó la idea y se puso la ropa albiceleste.

Así fue como formó parte del aquel histórico conjunto que obtuvo el Sudamericano de 1985 con nombres como Fernando Redondo, Hugo Maradona, Fernando Kuyumchoglu, Lorenzo Frutos, Juan Cibulsky, Gabriel Marino, Facundo Rocca, Pedro Sallaberry, Alberto Denis y Néstor Valenzuela, entre otros.

Con una medalla sobre el pecho, retornó con una sonrisa dibujada a las divisiones menores del León y pese a que lo hicieron esperar bastante para subir al plantel profesional, jamás cuestionó nada. Tampoco abrió la boca cuando Solari lo hizo debutar en Primera, en una victoria ante San Martín de Tucumán en la que también hizo su estreno el Ruso Prátola.

Con pocas chances de ser titular, estuvo hasta 1990 entre los grandes y apenas disputó 11 encuentros en los que no se pudo adueñar del mediocampo. ¿Se puso triste? ¿Se bajoneó? No, siguió feliz de la vida.

Desaparecido por un tiempo, asomó de nuevo la cabeza y le preguntaron: ¿Querés jugar en la C? Y aunque cualquiera hubiese esperado una mejor oportunidad, él agarró viaje. Desde 1993 a 1996 defendió los colores de Tristán Suárez, incluso en Primera B.

Ya retirado, fue DT en la Liga Platense y volvió a decir que sí en 2001, cuando se juntó con el Pepo Soto y entre los dos crearon CACFA, (Centro de Alta Competencia Fútbol Argentino), institución dedicada a reunir y preparar jugadores libres y juveniles de la ciudad de las diagonales. Por sus manos pasaron nombres como Diego y Rubén Capria, Juan Lezica, Gonzalo Gaitán, Lucas Wilchez, Fernando Gatti, Agustín González Tapia, Félix Benito, Darío Pranich y Sebastián Barclay. Nuestro homenajeado, fiel a su costumbre, jamás le negó la entrada a alguien e incluso se animó a admitir a F*lipe Des*g*stizábal, con todo lo que eso significa. Presa fácil.

Chupad mi sangre

malvestittisiganchupando

Convencido por el pastor Dunga, el humilde pibe de Fiorito se unió a la Iglesia Malvesttida del Séptimo Día y en un ensayado pero no menos conmovedor portugués dijo ante sus fieles: «que chupen, e que sigam chupando«. Y todos le hicieron caso.

Tigre EZ 2002

tigre2002

Tranquilamente podría estar entre los adefesios más grandes de la década que se está terminando. El momento institucional y deportivo de Tigre allá por el 2002 (descenso a Primera B, juicios, deudas, Frangipane laburando de remisero y Blengio de panadero, entre otras cosas), ameritaba semejante indumentaria.

Después de haber sido vestido durante varios años por la firma Le Coq Sportif (en los últimos tiempos sin contrato), el club de Victoria cerró un acuerdo con la empresa EZ y salió a la cancha con un modelo con pretensiones de modernidad que resultó bastante feo.

La camiseta tenía una red gris símil arpillera a modo de dry fit, un par de líneas blancas que bordeaban la franja roja (como Boca en el ’96), el dibujo de un tigre igual al de Esso en una de las mangas y la bandera argentina en la otra. Además, Banco Provincia aparecía en el pecho porque Tigre había perdido un juicio con esa entidad y no tenía forma de pagarle.

¿Algo más? Sí, varios parches y logotipos que verificaban la autenticidad de la prenda. No fuera cosa que alguien copiara tamaño diseño.

(Gracias Nicolás y Martín)