Independiente Topper/Topper 1998

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Dicen que la ocasión hace al ladrón. La frase no se aplica perfectamente a este caso, pero bien vale acordarse de cómo Independiente regaló parte de su prestigio por unos pesos.

En el Apertura 1998, el Rojo debía visitar a Boca en la fecha 17, con serias posibilidades de que su rival se consagrase campeón después de seis años. La expectativa generada por el match hizo que los dirigentes del club de Avellaneda cedieran ante la tentación propia de un equipo de una liga barrial o empresarial: vender su camiseta por un partido.

Topper, que a su vez era el proveedor de indumentaria, puso la plata para que su logo apareciese bien grande en el frente de la casaca, que hasta ese momento no tenía publicidad. Para la marca el negocio fue redondo porque el 0 a 0 final consagró al equipo de Carlos Bianchi y al menos al día siguiente, el chivo en la camiseta apareció en todos los diarios del país.

Camisa astral

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No quedan dudas del vomitivo gusto del futbolista argentino promedio que visitó el Coliseo Romano en los 90’s. Parece que la cercanía con semejante maravilla arquitectónica provocaba unas ganas tremendas de hacer el ridículo.

Por aquel entonces, José Antonio Chamot todavía sabía hablar en castellano y aún no se había peleado con Roman Iucht, aunque intuía algo de su futuro. ¿Videncia? Sí, pero con algo de ayuda.

Unos días antes había visitado a una gitana, que le tiró las cartas. Y el Flaco quedó tan a gusto que se las estampó en la camisa.

Puía Leonardo

Leonardo Enrique Puía

En 1991 la revista Solo Fútbol publicó una nota titulada «Los Chiquilines de Primera«, donde se presentaba a las jóvenes promesas de nuestro país, caracterizadas de una manera muy particular: con un chupete en la boca.

El grupo de jugadores estaba compuesto por el Beto Carranza, Pescadito Paz, Diego Menéndez, Diego Cocca, Christian Bassedas, Diego Gómez, Fernando Regules, Claudio Marini, Roberto Mogrovejo, Roberto Molina, Pablo Cameroni y nuestro homenajeado del día, Leonardo Puía.

Delantero nacido el 26 de marzo de 1970 en Capital Federal, debutó con la camiseta de Huracán unos días antes de cumplir los 21 años, en una derrota por 2 a 0 ante el Boca de Tabárez. Ese día el pibe fue titular, acompañando al Turco Mohamed en el ataque, pero poco pudo hacer ante el potencial del rival, que contaba con Batistuta, Latorre, Tapia y Graciani, entre otros.

En aquel Clausura ’91, Puía disputó otros 6 encuentros, en los que no volvió a perder. Babington lo hizo entrar por última vez en la duodécima fecha, frente a Rosario Central, y apenas si pudo disfrutar de un par de minutos con olor a despedida.

Decir que después desapareció por completo sería inexacto, porque a decir verdad dejó algunos rastros. Por ejemplo, en la temporada 1996/97 ascendió con Brown de Adrogué a la Primera B y sumó un logro más a su trayectoria. El otro título, a juzgar por lo que googleamos, es el de abogado. Se ve que se recibió y representó, durante un tiempo, a los trabajadores de la carne. Es más, estamos seguros de que alguna vez se cruzó con el matarife Alberto Samid, que le debe haber preguntado: «¿Usted cómo se llama?«.

(Gracias Martín)

Romancikas Gastón

Diego Gastón Romancikas (El Polaco)

Blondo volante del Deportivo Español que hizo su aparición en Primera División allá por 1996, época de Sergio Castillo, Sandro Ojeda y Arsenio Benítez. Su debut fue en el torneo Apertura de ese año, con un 0 a 0 ante el Racing de Basile. A pesar de haber sido titular en ese encuentro, no volvió a pisar una cancha oficialmente hasta el Clausura ’98, cuando el conjunto gallego, condenado por el promedio, apeló a los pibes para despedirse de la categoría.

Junto a especímenes como Javier Lavallén, Roque Burella, Sergio Bonfigli, Arístides Pertot, Paolo Frangipane, Gustavo Dalsasso, Diego Corpache y Oscar Alfonso Ayala, disputó los últimos 3 encuentros de Español en la «A» y se preparó para darle handicap internacional a su trayectoria.

Al año siguiente le salió una posibilidad en el fútbol inglés y hacia allí fue para ponerse la camiseta del Bristol City de la Second Division, donde le fue mal y buscó orientación en la brújula para caer en el ascenso italiano.

En su primer año, el 2000, trató de acomodarse y vistió los colores de 3 equipos. Primero en el Treviso, de la serie B, luego en la Reggiana de la C, y finalmente en el Bojano de la Serie D. ¿Cómo se dice tobogán en tano?

En el 2001 se sumó a un proyecto empresarial que terminó mal. Junto a 12 argentinos (¡¡¡Doce!!!) como el ex Douglas Marcos Lencina y Tito Valinoti y Luciano Beutler, más 10 uruguayos (¡¡¡Diez!!!) como Daniel Bisogno, integró las filas del Fiorenzuola con Mario Kempes como DT. La experiencia fue breve y nada positiva, por lo que se marchó con parte de sus compañeros y terminó en el Fanfulla, donde jugó hasta el 2003.

Castellana fue el club que lo cobijó durante el 2004 y también ahí compartió vivencias con su compatriota Lencina. Sin embargo, seguirlo a Romancikas a todos lados no es fácil. Por eso se despidió de su amigo y en 2005 firmó con el Chiari, donde conoció al cordobés Pablo Rossetti.

Inquieto, como pocos, pasó al Feralpi Lonato (2006) y pudo ver de cerca al mito viviente de Hugo «no estuve en la operación de Vivas» Donato.
Ya le había tomado el gustito a eso de conocer baldoseros, entonces en 2007 se incorporó al AC Cattolica, institución que le dio la oportunidad de jugar con Damián Teres, Hernán Molinari y el ex Instituto Lucas Figueroa. Ese mismo año, aunque parezca mentira, se puso otra camiseta del under tano: la del Sirmione.

¿El 2008? Se lo repartió entre el Orsa Cortefranca y el Castiglione delle Stiviere. Suficiente para agarrar el auto e irse hasta las instalaciones del Caravaggio, donde juega actualmente. Y cuando decimos «actualmente» nos referimos al miércoles 18 de marzo a las 9:58 hs. No nos hacemos cargo de lo que pueda suceder dentro de un rato. Ya pasó por 15 equipos y posiblemente lo veamos por acá muy pronto. Tiene ganas de retirarse en la Argentina y esperemos que algún club le otorgue esa chance. Volver a leer el apellido Romancikas en un diario nos haría retroceder una década. Y eso nos encanta.

Rómoli Adidas/Topper

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Se nota que Pedro Rómoli estaba bancado por adidas o bien tenía la ilusión de convertirse en arquero de Selección, por eso usaba el modelo de buzo que hizo furor en USA ’94.

La costumbre la mentuvo incluso jugando en un club vestido y sponsoreado por Topper, como Lanús. Entonces no le quedó otra que estampar su ropa de las tres tiras con otra marca.