Larrosa Fernando

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Fernando Darío Larrosa Mariño

La política adquisitiva y kamikaze da Daniel Lalín hizo que, en la segunda mitad de 1998, llegaran infinidad de jugadores al Racing Club de Avellaneda. Algunos, como Angel Matute Morales y Diego Latorre, otorgaron muestras de su categoría, dándole la razón al pelado empresario. Otros, como Gonzalo Gaitán, Hernán Florentín y el homenajeado de hoy, pasaron desapercibidos y por lo tanto, merecen su espacio en este sitio.

Zaguero sin demasiadas referencias, llegó desde Uruguay junto a sus compatriotas Gonzalo Rodríguez y Marcelo Larrosa. Los tres actuaban en el Racing montevideano y recalaron en el conjunto de Angel Cappa con la intención de probar suerte en el fútbol argentino.

De entrada tuvieron fortuna porque viajaron con el plantel a Concordia, donde La Academia hizo la pretemporada. Pero la abundancia de nombres de todo tipo hizo difícil la supervivencia y a Fernando Larrosa no le dio el cuero para vestir la camiseta adidas de rayas finitas en forma oficial.

Regresó al Racing charrúa para terminar su primer ciclo (1996-2000) y luego de jugar en Cerro y en el Greenville Lions de Estados Unidos, volvió a los Cerveceros de Montevideo (2007/08) para completar su insignificante trayectoria.

Cámpora a Racing 2008

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Con vaya a saber qué idea en la cabeza, el Chocho Llop prescindió de los servicios del Colorado Facundo Sava y en el inicio de la temporada 2008/09 esperó que le trajeran un 9 bueno y barato. Por supuesto que, tratándose de Racing, pasaron cosas bizarras. Desde una prueba para un delantero del fútbol playa hasta un hincha desesperado que, por carta, pedía una oportunidad.

Cuando el torneo Apertura ya había arrancado, los hinchas de La Academia tuvieron una buena noticia: Javier Cámpora, de poco rodaje en el Puebla mexicano, volvía a la Argentina para ponerse la camiseta albiceleste.

Después de varias palabras, conjeturas y gente que no se puso de acuerdo, antes del clásico ante Independiente, donde en teoría iba a debutar, el ex Central se fue del país y tiró «Parece que el único que tenía ganas de jugar en Racing era yo«. Como consuelo, al menos perteneció al plantel en el Gran DT de Clarín.

Unión error de utilería 1991/92

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Ahora entendemos por qué Darío Cabrol decidió traicionar a la gente de Unión de Santa Fe, jugando oficialmente para Colón. El volante guardaba bronca desde la temporada 1991/92, cuando la utilería tatengue le dio una camiseta que, si bien tenía los mismos colores que la de sus compañeros, los bastones estaban distribuidos de manera diferente. Como se observa en la foto, las otras nueve casacas adidas tienen el listón central blanco, no rojo. Exáctamente lo mismo que le sucedió a Patricio Mac Allister en Estudiantes de La Plata.

Especiales: Ernesto Jiménez Cabrera

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Ernesto Jiménez Cabrera

El fútbol argentino es tan amplio que muchas veces nos perdemos de grandes acontecimientos por estar entretenidos con pequeñeces. Resulta que nos enteramos, por medio de un lector llamado Gustavo, que en el Club All Boys hay un pibe dominicano que dice ser la futura estrella de Europa. Sin (?).

Ojo, si uno mira su foto puede confundírselo con un empleado de Mc Donald’s con su mejor cara de «medialunas no me quedaron, te puedo ofrecer una factura de membrillo«. Pero no hay que dejarse llevar por las apariencias. El muchachito, pese a que tiene 20 años y aún no debutó, parece que elaboró un plan para triunfar a nivel internacional y lo dio a conocer en una nota deliciosa que, dicho sea de paso, es casi la única referencia si uno googlea su nombre:

 

DEPORTISTA
Ernesto Jiménez Cabrera, futuro prospecto para el fútbol europeo

SANTO DOMINGO.- Sus cualidades físicas, experiencias y destrezas en el campo de juego constituyen las herramientas necesarias para que en dos o tres años Ernesto Manuel Jiménez Cabrera se convierta en una estrella del fútbol profesional europeo.

Jiménez Cabrera, hijo de padre español y madre dominicana, reúne todas las condiciones como atleta del balonpié, pues desde los cinco años cuando dio sus primeros pasos en el Club Casa de España, mostró a sus entrenadores lo que es capaz de hacer como futbolista.

«En dos o tres años me vislumbro como parte de un importante club de Europa, pero para eso hay que trabajar fuerte«, resalta.

Además de manijearlo futbolísticamente, en el diario también resaltan sus virtudes estéticas:

 

 

Aunque tiene el rostro de un adonis, ha probado su calidad en todos los torneos y las divisiones inferiores en que ha jugado fútbol.

En sus inicios, el joven futbolista disputó todos los torneos en Casa de España y en la Escuela Rolando Bauger correspondiente a las divisiones inferiores de la Asociación de Fútbol del Distrito Nacional en República Dominicana.

A los 17 años se marchó hacia Argentina a jugar en la escuela de preparación de jugadores Renato Cesarini. Luego se fue a Newell’s Old Boys de Rosario, de primera división, jugando con los futbolistas nacidos en el 1989 en categorías inferiores (por un año) donde resultó campeón.

Más tarde fue transferido al Club Atlético All Boys, club de segunda división de Argentina, y está jugando en el plantel profesional de esa entidad.

El futbolista Jiménez Cabrera tiene como meta consolidarse en su club y en junio del 2009 planea hacer la pre-temporada en España o Inglaterra. Su gran sueño es ir a jugar a Europa.

 

Y no está solo en ese proyecto, también hay gente muy seria (?) que lo apoya:

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Inveraldi Gabriel

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Gabriel Inveraldi

Uno no sólo aprendía qué es un diptongo y los vericuetos de la germinación del poroto en el colegio primario. También en ese período escolar uno comenzaba a darse cuenta de dónde estaba parado en el plano futbolístico, ya sea hablando con los compañeros o directamente jugando un picado en el recreo o en la hora de gimnasia.

Para los más reacios a separar el sujeto del predicado o hacer cuentas de por, el fulbito, improvisado o no, era quizás la única oportunidad de sentirse bueno en algo. Pegarle un chicle en el pelo a un compañero tal vez era la forma más rápida de llamar la atención en el aula, pero jamás esa acción se pudo comparar con hacer un gol de chilena en el patio de la escuela justo antes del timbre que obligaba a secarse la transpiración de la frente para volver a pensar en la Revolución de Mayo.

Afortunados aquellos que, de más grandes, pudieron esquivar deportes como el handball o el sóftbol en la secundaria, para entrarle legalmente a la pelota número 5 sin preocuparse por preceptoras buchonas, directoras malcogidas y eventuales amonestaciones por romper un vidrio. Tener fútbol en el horario de educación física, era casi milagroso en muchos casos.

Quien ésto escribe, en un acto de ombliguismo puro, quiere homenajear al profesor que tuvo en sus últimos cuatro años de estudiante secundario. La idea del tipo era simple. Llegaba a la plaza que quedaba frente al colegio, tomaba lista, tiraba la pelota y se iba a dormir la siesta a su camioneta para despertarse una hora después, con el riesgo de ser descubierto por las autoridades. El chabón tenía un pacto con los alumnos que jamás se quebró. Él no jodía con el test de Cooper y nosotros no le rompíamos las bolas con nada. Esa historia hizo loop durante años y nadie se quejó.

¿Qué tiene que ver todo esto con el baldosero en cuestión? Casi nada, pero Gabriel Inveraldi también enseña fútbol en un instituto privado. Seguramente muchos de sus alumnos ni siquiera saben que su profe jugó de volante central en la Primera de Chacarita Juniors. Las estadísticas dicen que disputó 3 encuentros en la máxima categoría (1985/86) y que luego añadió otros 17 partidos en el Nacional B (1986/87). Poco para contar, se habrán dado cuenta.