
Gabriel Luciano Meta
Prometedor volante del fútbol cordobés que llamó la atención durante los primeros años de su carrera, apagándose paulatinamente hasta desaparecer por completo.
De las inferiores de Belgrano, aunque también pasó por las de Boca e Independiente, debutó en la Primera del Pirata el 11 de abril de 2001, en una caída por 1 a 0 ante el Racing de Luciano Castillo, Andrés Bressán, Gustavo Arce y Diego Loscri.
Poblando la mitad de la cancha junto a Mario Grana, Teté González y Darío Zárate, entre otros, fue ganando confianza y ese mismo año empezó a sumar puntos para su destino de ilusión trunca.
Primero se hizo dueño, mitad en serio y mitad en broma, de una frase con escasa modestia: «Basta de ponderar a Los Cuatro Fantásticos. De Aimar, de Saviola, ya van a hablar de Meta«. Después, aprovechando la lesión del colombiano Rubiel Quintana, volvió a la titularidad en un partido ante San Lorenzo e hizo el primer gol de su carrera, generando algunas innecesarias ocurrencias de los medios, que se hubiesen repetido de haber mantenido una cierta regularidad en el arco de enfrente.
Sólo volvió a marcar una vez y se despidió del conjunto de Alberdi con 26 encuentros en su haber y un doloroso descenso.
Necesitado de un enganche que no chistara mucho en caso de ir al banco, Brindisi lo llevó a Huracán para el Apertura 2002. Todo se complicó más de la cuenta con la ida de Miguelito, la llegada de Babington y la presencia de 2 competidores en su puesto, Padra y Cochas. Con ese panorama nada alentador (por no decir deprimente), sólo disputó 4 cotejos, siempre ingresando en los segundos tiempos.
Al año siguiente retornó a Belgrano para tratar de devolverlo a la máxima categoría, pero más alla de algún que otro gol demorado (volvió a convertir después de 659 días) y alguna producción fotográfica a 4 manos, se destacó más por un hecho policial que lo tuvo como protagonista. En agosto de 2003, un grupo de 6 delincuentes interceptó a los padres de Meta en la puerta de su local, una agencia de viajes llamada “Delta Turismo” y los amenazaron con matar a sus hijos, Diego, Romina y el mismísimo Gabriel, asegurándoles que los tenían secuestrados. A pesar de que el dato era falso, con esa maniobra los malechores lograron llevarse el auto del matrimonio y una importante cantidad de dinero.
Superado el susto, al iniciarse la temporada 2004/05 realizó la jugada menos pensada. Y no hablamos de una chilena, una tijera o una rabona. El bueno de Gaby, fanático de la B, celeste hasta los huesos, se cruzó de vereda y se puso la camiseta de Talleres, en aquel recordado proyecto que incluía a refuerzos como Silvio Dulcich, Joel Barbosa, Gabriel Oyola, Lucas Rodríguez, Luciano «te la cambio ahora que no pasa nada» Leguizamón, Pablo Cuba y el ecuatoriano Johnny Baldeón, entre otros.
Dándole crédito a quién creía que su carrera ya no levantaría, en 2005 bajó al Argentino A para pelearla con Racing de Nueva Italia. Eso fue lo último que supimos.
Desde entonces su nombre sólo ha aparecido fuera de los límites de la AFA, en un sitio desactualizado de un equipo amateur de Córdoba llamado Los Indios FC, que lo menciona como un gran jugador de su rival, La Negra. Es posible que en la actualidad esté derrochando su talento en esa sintonía de profesionalismo ausente. Y si bien no nos pone felices, porque teníamos la esperanza de encontrarlo en Instituto o General Paz Juniors, preferimos creer en la teoría de una desaparición voluntaria y no provocada por unos facinerosos con propensión al secuestro.
Ya pasaron 2 años de silencio, Gabriel. No nos asustes.
Juan Pordiosero







