Matthäus a Racing (2009)

Corría octubre de 2009. No era un buen momento institucional de Racing, pese a los aires nuevos de Rodolfo Molina, elegido de forma democratica después de 8 años de gerenciamiento. El primer equipo había sufrido la ida de Ricardo Caruso Lombardi, quedando varado y sin planes en medio del torneo Apertura. Había que llamar a alguien, ¿pero a quién?

Mientras Juan Barbas se hacía cargo interinamente del plantel, los dirigentes se movieron sigilosamente para romper el mercado con una contratación deslumbrante: el mismísmo Lothar Matthäus, el hombre récord de los mundiales, el alemán que levantó la Copa en Italia 90. Un crack como jugador….¿y como técnico?

El anuncio de su llegada se hizo luego del empate 1 a 1 ante Lanús. En la conferencia post partido, la gente de prensa del club repartió entre los periodistas el currículum del DT oriundo de Alemania. Su experiencia la marcaban pasos breves por el Rapid Viena y Red Bull Salzburg de Austria, Partizan de Serbia, Paranaense de Brasil, Maccabi Netanya de Israel y la Selección de Hungría. Parecía poco, pero le alcanzaba para dirigir en Racing.

Encima, Molina se encargó de remarcar que el alemán contaba con una gran ventaja: conocía a Barbas, que a partir de ese momento pasaría a ser su ayudante de campo. «¿De dónde lo conoce, Juan?», preguntó alguien. «Una vez nos cruzamos en un amistoso», tiró Barbitas. Muy serio todo.

La bomba germana, por supuesto, no tardó en explotar en los medios nacionales. Se habló de un hotel 5 estrellas, de una participación asegurada de su mujer (la modelo ucraniana Kristina) en el programa de Tinelli, y hasta Lugüercio se ilusionó por tener diéresis en el apellido (?).

Lo cierto es que los días fueron pasando, Racing siguió jugando (en el medio, perdió 1 a 0 con Newell’s) y el crédito se fue agotando, sobre todo el de Matthaüs, que el mismo día que tenía que llegar a la Argentina avisó que no iba a viajar…¡por mensaje de texto!

Indignados, los popes académicos trataron de poco profesional a Lothar, que según se dijo luego, no se animó a tomar el avión porque su mujer había googleado «Argentina» y no le había gustado. Aún así, el pollerudo y corneta se descargó: «Racing me tiene que pedir perdón a mí».

Deportivo Español con la camiseta de España (1995 a 1997)

Allá bien entrados los 90, cuando el mundo todavía era un poco serio, la selección española se caracterizaba por prometer siempre y concretar nunca, costumbre que lamentablemente perdió en el último tiempo. Los amantes argentinos del fútbol gaita, entonces, debían conformarse con ver al Deportivo Español, un equipo que tampoco cosechaba títulos, pero que al menos jugaba con la misma camiseta de La Furia. Aquí la historia.

El viejo y querido Deportivo Español, aquella institución fundada en 1956 por un grupo de inmigrantes españoles en Buenos Aires, no atravesaba un buen momento promediando la década menemista. Su Presidente, Francisco Ríos Seoane, unos años antes había llevado al club, de la nada misma, a hacer buenas campañas en Primera División. Sin embargo, el mal manejo también lo había empujado hacia el abismo económico. Había que pegar un golpe de timón.

Ni lerdo ni perezoso, Ríos Seoane fusionó al club con el Hospital Español, formando la Unión Española. ¿El motivo? Pagarle a los enfermeros como si fueran utileros (?) y así zafar de los impuestos. El cambio de nombre, también, se acompañó con un cambio de indumentaria, que a partir del Clausura ’95 pasó a ser la misma que utilizaba el seleccionado europeo. ¿La diferencia? El chivo de Medicorp.

El primer template adidas que compartieron España y la Unión Española fue el de USA ’94: camiseta roja, con los recordados rombos amarillos y azules. El cuadro del Bajo Flores también usaba los pantalones y las medias azules de la selección, pero a veces combinaba la casaca con indumentaria de otro color o con diferente diseño.

La camiseta alternativa elegida por el Gallego fue la azul, la misma que oficiaba de tercera equipación de La Furia, ya que la primera casaca suplente era la blanca que había mostrado en el Mundial.

Para 1996, con motivo de la Eurocopa de Inglaterra, La Roja se actualizó. Nueva casaca, mayor protagonismo del azul, cuello mao y botones. Una linda pilcha que su representante en Argentina estrenaría al año siguiente.

Para el conjunto alternativo, Español utilizó la misma fórmula, quedándose con la camiseta azul y descatando el modelo blanco. ¿Cábala? Por los resultados, diríamos que no, porque ese equipo terminó sentando las bases del que se iría al descenso en 1998, ya vestido por Puma.

Desde acá, hacemos fuerza para vuelvan a hacer aquel experimento. Morimos a ver a Jorge Chiquilito con la casaca de Cesc Fàbregas. O lo que es peor, a Gaby L*b*s usando la 6 de Iniesta.

La gente de Piel de Ascenso nos aporta el dato:

En 1957, con motivo de su debut en AFA, el Deportivo Español utilizó la ropa de la Madre Patria. En aquella oportunidad, la Federación Española de Fútbol envió las camisetas, a las que se les agregaron los escudos bordados por unas monjas.

Chacarita alternativa sin marca (2001)

El fútbol argentino no fue ajeno a la famosa crisis de 2001. La situación económica obligó a muchos clubes a arreglarse con poco y eso se notó en la cancha, también en el rubro indumentaria. Prueba de ello es lo que sucedió con Chacarita Juniors, que por aquel entonces terminó su vínculo con la firma Envión y tuvo que aguantar algunas fechas hasta la llegada de Mitre.

En el medio, el conjunto de San Martín se vistió con ropa Made in casa, sin anunciante ni sponsor técnico. Y si bien ya recordamos la casaca titular de esa época, no podemos pasar por alto la olvidada camiseta blanca, bien pura, utilizada en la victoria 1 a 0 ante Lanús del Clausura 2001.

Eso sí, el pantalón tenía un gran chivo de Flecha Bus. Porque todo no se puede.

Penta Marcelo

Marcelo Alejandro Penta

Es uno de los jugadores de Newell’s más recordados de aquella campaña que terminó con la obtención del Torneo Apertura 2004. Y no es que haya sido figura, ni mucho menos. Pero las coincidencias determinaron que, teniendo en cuenta el historial Leproso, a Marcelito le terminara calzando perfecto el rótulo de Penta Campeón (?).

Cuando Ñuls se quedó con el Metropolitano de 1974 en la cancha de Rosario Central, Penta ni siquiera había nacido. Sí pudo ser testigo, aunque siendo un niño, del campeonato de Primera División de la temporada 1987/88, el segundo logro rojinegro. Un poco más grande, con casi 6 años, el Chelito se emocionó con la vuelta olímpica en La Bombonera, en la final de la temporada 1990/91. Ni hablar al año siguiente, cuando el equipo de Bielsa ganó el Clausura ’92.

En definitiva, los cuatro títulos significaron una señal para Marcelo Penta. Sabía que para poder trascender tenía que desbloquear (?) la quinta estrella. Una manera era creerse el tocuén del Apertura ’90 y pintarla en el escudo, como hicieron varios hinchas. La otra forma, más complicada pero también más gratificante, era conseguirla en la cancha…y como futbolista.

Su debut como profesional se produjo en la primera fecha del Apertura 2004, en la derrota 1 a 0 ante Vélez. El equipo del Tolo comenzó perdiendo, pero la falta de adversarios serios le terminaría allanando el camino hacia el título.

Detrás de Guillermo Marino entre las prioridades del entrenador, nuestro homenajeado disputó minutos en 9 partidos de aquel torneo e incluso en uno de ellos le tocó ser titular: ante Lanús, siendo reemplazado por Hugo Iriarte en el entretiempo.

Aunque su momento de gloria, sin dudas, lo vivió en su segundo encuentro, cuando ingresó por Iván Borghello y tres minutos más tarde le convirtió un gol a River, en el Monumental. Su gran aporte al Pentacampeonato.

Continuó en La Lepra un par de años más, agregando apenas 16 partidos locales y algunas presencias internacionales. Convencido de que no se iba a convertir en un referente de la noche a la mañana, eligió el camino de muchos: seguir jugando en Rosario, pero en otro club. Fue así como recaló en Tiro Federal.

En los Tigres de Ludueña (2006/07) se encontró con Martín Perezlindo y Santiago Bianchi. La baldoseridad estaba asegurada. Tanto es así que Tiro terminó 15º en la temporada. ¿Penta? Algo más de participación que en Newell’s y un par de goles, pero no mucho más.

Luego fue rescatado por Chacarita (2007/08), que necesitaba volantes ofensivos para tratar de ascender. El objetivo no se cumplió y Penta terminó regresando a Newell’s (2008/09), donde no le dieron cabida.

Desalentado tal vez por el panorama, en 2009 se fue a Grecia para estar bien alejado de los flashes y la popularidad. Tres años en el Pierikos le sirvieron para afianzarse…en el ascenso. Sí, jugó en la segunda división.

En la temporada 2012/13 el pobre de Penta se ganó el mango en la Primera…de Chipre, con los colores del Ethnikos Achna. Y desde mediados del año pasado curte nuevamente las canchas del ascenso griego con el Aiginiakos. A ver, dirigentes leprosos. Martino, Maxi Rodríguez, Heinze. Todos los ídolos volvieron. ¿Qué están esperando?

El curioso caso de Benjamin Massing

Jugó apenas 2 partidos en Italia ’90, pero se encargó de dejar su huella en la historia de la Copa del Mundo. Patadas, penales, amonestaciones, expulsiones…y un botín volando hacia la eternidad. Con ustedes, Benjamin Massing, el camerunés que no paraba de retroceder.

Nacido en Edéa, Camerún, allá por 1962, el viejo Massing comenzó su carrera de adelante hacia atrás. Primero, jugó en la liga local, donde se destacó por su aplomo y sabiduría para ser un caudillo del fondo. Causaba impresión que a temprana edad demostrara tanta experiencia y voz de mando para actuar como marcador central. Parecía un veterano, de hecho casi ni corría.

Luego, un tanto más rejuvenecido, pasó al fútbol francés, más precisamente al US Créteil-Lusitanos (1987 a 1991), un equipo del ascenso apodado Les Béliers (Los Carneros). Y para estar a tono, Massing trataba de jugar siempre, incluso cuando sus compañeros estaban en huelga. Es que, por aquel entonces, el defensor camerunés ya cometía pecados de juventud.

Con su Selección, además, Benjamin disputó las eliminatorias africanas en 1989 y llegó al Mundial de Italia sabiendo que no tenía el puesto asegurado. No es que le hubiesen faltado partidos sobre el lomo, pero el entrenador aún lo veía verde.

Su debut en la Copa del Mundo se produjo ni más ni menos que en el partido inaugural ante Argentina, en Milan. Ese día, había que frenar de cualquier manera a Diego Maradona y los suyos. Por eso el entrenador Valeri Nepomnyashchi trató de armar una defensa férrea y escalonada, de manera de ir turnando a sus asesinos seriales.

Massing, nervioso como un pibe, salió a la caza del rival desde el inicio y eso le terminó saliendo caro. A los 9 minutos derribó al Diego sobre la mitad de cancha y vio la tarjeta amarilla. No fue la primera ni la última dura infracción de ese partido, claro está.

Camerún siguió pegando y pegando, sin modificar su plan para nada. Se fueron al descanso con un valioso 0 a 0, pero en el segundo tiempo se encontraron con Claudio Caniggia, el único tipo que podía sacar ventajas con su velocidad. Fue ahí que se vieron en problemas.

A los 16 minutos del complemento, Andre Kana-Biyik bajó desde atrás al Pájaro y el árbitro le mostró la tarjeta roja. Con uno menos, muchos creyeron en ese momento que a los africanos se les venía la noche, pero fue todo lo contrario. El número 2 de Camerún se retiró con los brazos en alto y arrojando besos hacia el público, que por supuesto apoyaba al seleccionado más débil. Y eso agrandó más a Los Leones Indomables.

Cinco minutos más tarde llegó el inesperado gol de Pumpido en contra Francois Omam-Biyik y entonces todo se hizo cuesta arriba para el equipo de Bilardo.

Los perros de presa de la defensa camerunesa tomaron de punto al Cani. Y el Pajaro, sin saber lo que le esperaba, intentó volar.

A falta de 2 minutos para los 90 reglamentarios, Caniggia tomó la pelota cerca del área argentina y arrancó su carrera loca hacia el arco contrario. En apenas 3 segundos llegó a la mitad de cancha, tras esquivar a Emmanuel Kunde. Unos 10 metros más adelante se encontró con el violento Victor Ndip, pero el Hijo del Viento también pudo dejarlo atrás, con un pequeño salto que le hizo perder algo de estabilidad.

Sin poder afirmarse del todo pero aún en camino a lo que podía ser una buena chance para Argentina, Caniggia siguió corriendo…hasta que un tren lo pasó por encima. Quien lo había cruzado no era ni más ni menos que Benjamin Massing, el número 4, que incluso perdió su botín derecho al impactar con la humanidad del delantero de Henderson.

Mientras Cani se retorcía de dolor en el piso, algunos compañeros llegaron al lugar de los hechos (?)…¿para asistirlo? No, obvio, para tratar de hacerle desaparecer el calzado al defensor. Primero se lo pisoteó el Checho Batista y luego irrumpió Jorge Burruchaga, que a espaldas del juez se animó a empujar a Massing. ¿Qué hizo el camerunés? Reaccionó como un pendejo, tirando una patada en medias, como los nenes que juegan en el pelotero (?).

A todo esto, el árbitro francés Michel Vautrot le sacó la roja y después otra amarilla. Como para que no quedaran dudas.

Puesto en penitencia por la FIFA, Benjamin se perdió gran parte del trayecto de Camerún en ese Mundial, pero luego fue alzado por su entrenador, quien lo sacó del corralito y lo mandó a gatear nada más y nada menos que el encuentro de cuartos de final ante Inglaterra.

¿Y qué hizo el bebé Massing? Cagadas, como no podía ser de otra manera. Ese día estuvo al borde de una nueva expulsión (apenas recibió una amonestación), pero dos de sus infracciones a Gary Lineker terminaron en sendos penales que el mismo goleador se encargó de convertir. Fue 3 a 2 para los británicos y la vuelta a casa para los cameruneses.

Y aunque usted no lo crea, la leyenda cuenta que Benjamin aquel día lloró como un recién nacido.

Publicado en simultáneo con www.unmundialparaenunabaldosa.com

Vigneri Nicolás

Nicolás Vigneri (El Rápido)

Surgido en Fénix de Uruguay, este ligero atacante ilusionó a los amantes de los viejos y desaparecidos wines. No es que fuera un excelso gambeteador, ni mucho menos, pero sabía escapar velozmente por las puntas, algo que lo convirtió en una rareza del fútbol charrúa entre el 2003 y el 2006.

Su estilo de juego también enamoró al entrenador Juan Ramón Carrasco, que no sólo lo hizo debutar en Primera, sino que además lo pidió en un par de clubes más y encima lo convocó a la Selección. Evidentemente era su fetiche.

Justo cuando el Nico estaba a punto caramelo, su equipo descendió y entonces lo contrató Peñarol, donde algunos hinchas lo recibieron con puteadas. ¿El motivo? Se habían enterado que Vigneri era Bolso desde pendejo. Suficiente para silbarlo cuando era nombrado por la voz del estadio.

Su paso por el Manya es recordado, principalmente, por dos cosas. Su adicción a los casi goles y su tanto a Nacional, en un clásico que terminó 4 a 1 a favor de Peñarol. Ese día, también, le dio una asistencia al Flaco Delorte, transformándose en una de las figuras del partido y ganándose a la gente, aunque sea por un rato.

Con el envión llegó hasta el Cruz Azul (2008) de México, el último club donde haría pie. Varios goles, jugando incluso como centrodelantero, le dieron algo de chapa, pero no la suficiente para que le renovaran la confianza. Fue ahí que apareció Racing en el camino de Vigneri. Y desde entonces, ya no volvió a ser el mismo.

A La Academia llegó en el verano de 2009, sumándose a la pretemporada en Mar del Plata del equipo que dirigía el Chocho Llop. Y así como se presentó, en ojotas, pareció haber jugado en su paso por el cuadro de Avellaneda. Si hasta correr se le hacía difícil.

En su debut veraniego, ante Boca, mostró ganas, pero no mucho más. Desperdició dos situaciones claras y dejó algo en claro: la dupla que hacía con Lugüercio no tenía demasiado futuro. De hecho, a los pocos días Racing incorporó a Rubén Ramírez y a Lucas Castromán para tener más gol. Eso es lo que pensó la dirigencia, no nos miren a nosotros (?).

Después, en el Clausura 2009, el oriental no tuvo chances importantes de demostrar lo que sabía hacer. Llop lo mandó de titular en la primera fecha, que terminó con una derrota 3 a 1 ante Lanús. En la jornada siguiente, Vigneri entró un rato en la caída 4 a 1 ante el Huracán de Cappa. Y en la tercera, también vivió desde adentro algunos minutos en el revés 2 a 0 ante Independiente. Poco y nada.

Ya con Caruso Lombardi de DT, el equipo levantó de manera casi milagrosa, pero El Rápido ni siquiera concentraba. Fue entonces que el Richard, siempre dispuesto a darle oportunidades a quien ofrece el diezmo se lo merece, volvió a incluir a Vigneri en un match ante San Martín de Tucumán. Racing acumulaba 8 partidos de manera invicta. ¿Y saben cómo salió ese día? Perdió 2 a 1 como local. El uruguayo, por supuesto, jamás volvió a jugar.

A su lógica huida de Avellaneda, le siguieron pasos por Puebla de México (2009) y Xerez de España (2010), donde tampoco pudo ratificar lo bueno que había sugerido en sus inicios. Y hablando de eso, ya se le hacía la hora para volver al pago.

Regresó a Fénix en 2010 y luego pasó a Nacional (2011), cumpliendo quizás el sueño de botija y ganándose las puteadas de los pocos hinchas de Peñarol que lo habían bancado años antes. Digan que en 2013, nuevamente en Fénix, le gritó un gol al Bolso para compensar (?).

Pero no sólo de Uruguay vive el baldosero. En Ecuador es considerado un paquete, gracias a sus pasos por el Emelec (2011/12) y Deportivo Quevedo (2013).

A fines del año pasado casi cae en el fútbol salvadoreño, pero finalmente recaló en Perú para vestir los colores del Centro Cultural Deportivo Los Caimanes, un elenco históricamente del ascenso que este año hará su debut en la Primera División.

La camiseta del conjunto Lacoste luce un cocodrilo en el escudo y la palabra «Gira» en el pecho. Eso que Vigneri, aún en ojotas, no se ha cansado de hacer.

Tristán Suárez con la camiseta de Quilmes (1998)

La acción corresponde al partido entre Tristán Suarez y Defensores de Belgrano, en el torneo Apertura 1998 de la Primera B. ¿La rareza? la camiseta del Lechero…que ese día fue más bien Cervecero.

Sí, el ascenso no se cansa de darnos perlas históricas y esta es una prueba más: Tristán Suárez jugando con la recordada casaca adidas de Quilmes (la del bolsillo), con un gran parche de Aeropuertos 2000 tapando el chivo de la cervecería, un escudo tapando el original, y un delicado auspicio de Coto en los pantalones. Hermoso.

Gracias King_Mostaza