Banfield con medias de Aldosivi (2012)

Después de haber descendido de forma meteórica a la Primera B Nacional, Banfield encaró la temporada 2012/2013 de forma renovada. Nueva categoría, nuevo entrenador, nuevos jugadores, nueva camiseta, nuevo pantalón y nuevas me… bueno, en realidad, las nuevas medias no llegaron para el debut ante Aldosivi de Mar del Plata.

En su primer partido, el utilero del Taladro debió pedir prestadas las medias alternativas de su rival, que de casualidad eran del mismo proveedor: Kappa. El detalle del logo amarillo sobre las medias negras es la prueba de la paradoja: para diferenciarse de Aldosivi, Banfield se tuvo que vestir de Aldosivi.

Lovell Peter

Peter Lovell

Allá por comienzos de 2011 la actualidad de River Plate daba para todo. Mientras el equipo de Juan José López se preparaba para afrontar el duro semestre con la famosa estrategia del puntito inteligente, el Presidente Passarella gestionaba la llegada de Fabián Bordagaray, el único refuerzo. ¿El único refuerzo? Sí, porque en el camino quedó Peter Lovell, un delantero yanqui que pudo haber evitado el descenso del Millonario. Aquí su historia.

Nacido en California (Estados Unidos), el bueno de Peter se formó futbolísticamente en Argentina, o al menos eso es lo que dice su currículum: hizo infantiles en Independiente, pasó por la Séptima de Estudiantes, anduvo por Lanús, jugó en la Cuarta de Vélez; y finalmente se entrenó en Boca Juniors, en el 2000, aunque no lo incorporaron.

Con el pulgar hacia abajo grabado en la frente, no le quedó otra que volver a su patria para jugar un tiempo en el Des Moine Menace, un equipo de la USL Premier Development League, la cuarta categoría del país del norte.

La carrera de Lovell luego continuó en el Ujpest Football Club de Hungría (2004) y el ASD Valle del Giovenco del ascenso italiano (2005 a 2008). Parecía que no iba a remontar, pero faltaba lo mejor.

Tras un regreso al under norteamericano, con la camiseta del San Francisco Seals (2008 a 2009), Peter se miró al espejo y se vio viejo. Pelado, con casi 30 años y sin grandes planes. «El jugador ideal para River», debe haber pensado su representante, que enseguida editó un video con las mejores jugadas y se lo acercó al entrenador de los ojos vidriosos.

Así fue como, en febrero de 2011, Peter Lovell llegó con al estadio Monumental con intenciones de que lo evaluaran, aunque con tanta mala suerte que el entrenamiento ya había comenzado. Se dijo, en su momento, que sólo había sido una movida marketinera, ya que ese día River presentaba a su nuevo sponsor y entonces lo importante, para su representante, era mostrar a su jugador y anunciar la prueba que le iban a tomar al día siguiente.

En efecto, el atacante yanqui, de 1.88 metros, regresó y se probó en un partido amistoso ante la Primera. Apenas unos minutos fueron suficientes para comprobar que su ficha en MyBestPlay era un tanto exagerada: «Velocidad: 8; Fuerza: 9; Potencia: 9; Técnica: 10; Pierna hábil: ambidiestro. Características: Comparado en el pasado con Enzo Francescoli o un más ofensivo Zidane. Muy profesional y dedicado, con carácter excepcional».

En definitiva, River terminó quedándose sólo con Bordagaray. Y le fue muy bien (?).

Peirone a Racing (2008)

Haberse salvado del descenso en la Promoción de 2008 significó, de alguna manera, un «barajar y dar de nuevo» para la gente de Racing. Claro que la mano no siempre cambia. Y menos tratándose de La Academia.

La confusa situación institucional del cuadro de Avellaneda hacía dudar a los jugadores pretendidos por el técnico Juan Manuel Llop. Algunos contestaban con negativas, otros ni siquiera contestaban. Y algunos pocos, los menos valorados en el mercado local, terminaban arribando al club, que a esa altura era casi un outlet de Primera División.

Fue así como, con el torneo Apertura comenzado, Racing se desesperó en la búsqueda de un hombre gol y terminó arreglando con Hernán Peirone, aquel delantero de San Lorenzo que se hizo conocido por haberle convertido un triplete a Boca.

Ya para esa altura, El Látigo no era tenido en cuenta en El Ciclón y por eso los dirigentes no tuvieron drama en prestarlo sin cargo. Todo muy lindo hasta que el jugador se puso firme en una deuda que mantenían con él y entonces la operación se pinchó.

Ese mismo día a Racing se le cayó el pase de Cámpora, quedándose de frente al clásico ante Independiente con un grandioso abanico de atacantes: Lugüercio, Leandro González, Sánchez Sotelo y Pablo Caballero. Hermoso panorama (?).

Ferrocarril Urquiza con la camiseta de San Lorenzo (1994)

Extraño caso el del club Ferrocarril Urquiza, que allá por 1994 supo vestir la camiseta de San Lorenzo de Almagro en un par de partidos de la Primera D. Lo curioso, además, es que los colores azulgranas nada tenían que ver con los tradicionales de la institución: el celeste y el blanco.

Como si fuera poco, la casaca del Cuervo usada por Urquiza no era la original de la marca Topper, sino que era una imitación bastante bien lograda. Ah, ese año El Furgonero sufrió la desafiliación. Cosas que pasan.

Gracias a ArielDiabloRojo

Gold Betig Claus

Claus Gabriel Gold Betig

No, no es el nombre de un sitio de apuestas (?). Claus Gold Betig es un futbolista de ascendencia alemana, nacido en la localidad misionera de Puerto Rico, que en poco de tiempo y de manera escandalosa se ganó un lugar en el olimpo baldosero. Veamos su particular historia.

En su puesto, el de marcador central, comenzó a llamar la atención desde muy pibe y eso le permitió ser convocado a la selección juvenil. Futuro tenía. Es más, con apenas 17 años se dio el lujo de debutar en el primer equipo de su club, Unión de Santa Fe, en un encuentro ante la Comisión de Actividades Infantiles, allá por abril de 2008.

En ese mismo torneo volvió a jugar algunos minutos con Claudio Gugnali como DT, pero la llegada de Teté Quiroz le cambió un poco los planes. De movida, pasó a estar relegado por el entrenador, pero después el plantel se fue llenando de bajas y entonces Gold Betig tuvo la chance de ser titular. Flojos rendimientos, una expulsión y un nuevo cambio de técnico, estancaron el crecimiento del pibe. Pero aún faltaba lo peor.

En 2009 un fuerte rumor empezó a circular por las calles santafesinas: lo habían visto a Claus Gold Betig en un supermercado, luciendo un pantaloncito de Colón con el número 5 de Prediger. La gran Yacob, sí, pero mucho antes y ante la vista de todos. Al menos eso fue la versión que creyeron y difundieron los dirigentes del Tatengue.

A partir de ese día la vida del jugador en la institución se tornó una pesadilla. Los directivos, sobre todo, comenzaron a señalarlo como un traidor. Y la prensa, la misma que había generado el rumor, se sumó a la locura de hostigar a un pibe de apenas 19 años cuyo único delito, en teoría, había sido el de vestir una indumentaria con el escudo de otro club. El rival de siempre, sí, pero tan solo otro club.

Ahí nomás, el Director Deportivo, Nery Pumpido, quiso contar hasta 10 para no calentarse, pero por razones obvias llegó hasta 9 y explotó, separándolo del grupo: “Si tomamos la decisión de que Gold Betig vaya a la Liga fue porque tuvimos pruebas concretas de lo que hizo. Acá se habla mucho del sentido de pertenencia ¿no? Bueno, esto es sentido de pertenencia. El jugador de Unión, ante todo, tiene que querer y respetar el club, respetar su camiseta y querer sus instalaciones”.

Como si fuera poco, el Presidente de Unión, Miguel Ponce, dejó su cargo en medio del escándalo, pero antes de irse se tomó el trabajo de dejar libre al jugador, a pedido de la familia y del representante Gustavo Goñi.

«La realidad es que Claus no quiere saber más nada con la gente de Unión. Al club lo quiere y le debe todo lo que es, hasta ahora, como jugador, pero no quiere saber más nada con la gente que lo maltrató en este tiempo. Los pocos pesitos que Claus ganaba en Unión lo gastaba en remises, porque no podía andar por la calle pues le gritaban barbaridades», declaró la madre. Y agregó: «lo llamó Zapata, como capitán en ese momento, y le preguntó si era cierto que se había puesto un pantaloncito de Colón. El estaba durmiendo en el departamento de De la Fuente, le contestó que jamás tuvo un pantalón de Colón y les cuento una anécdota: yo tengo un bolso con colores rojo y negro y un día me dijo que ni se me ocurriera llevarlo a Santa Fe».

En ese segundo semestre de 2009 Claus cayó a Victoria con un pantalón de Platense para jugar en Tigre. Y si bien estuvo entrenando, no terminó arreglando y volvió a Romang, su pago adoptivo.

Al año siguiente el bueno de Santa Claus (?) se probó en el Everton de Chile, pero no convenció y pasó a Argentinos Juniors, donde apenas actuó en Reserva, pero pudo cumplir el sueño de su vida: integrar un plantel campeón y estar en el Gran DT, al módico precio de 200.000 pesos.

A sabiendas de que ya había hecho todos los palotes para ser un baldosero de ley, se relajó un poco. En los últimos años dio algunas pequeñas pruebas de vida en Guillermo Brown de Puerto Madryn y actualmente defiende los colores de Juventud de Pergamino, equipo del Torneo Argentino B.

A esta altura ya no es un pibe. Es hora de que se ponga los pantalones largos.

Berón Walter

Walter Fabián Berón

Hay algunos defensores que nacen con el ceño fruncido y entonces simplemente se tienen que dedicar a repartir patadas y pegarle de punta hacia arriba. Fisic du rol, que le dicen. Otros, en cambio, tienen que fingir la cara de malo para tratar de sobrevivir en el espeso ambiente del fútbol, que hasta hace algunos años no aceptaba de ninguna manera caritas aniñadas jugando de marcador central. Ahora los tiempos han cambiado bastante, pero algunos intentan mantener la tradición.

Allá por mediados de la década del 80 el gesto adusto estaba instalado en casi todos los planteles del país. Racing, recién retornado a Primera División, no era la excepción, aunque tenía un par de valores que conspiraban contra la idea de atemorizar al rival. Bah, el único que desentonaba era Gustavo Costas, que no causaba miedo, sino gracia (?).

Walter Berón fue uno de los tantos juveniles que utilizaron la cara de malo para sostenerse en la máxima categoría, al menos por un puñado de partidos. Debutó en 1986 e integró la defensa de La Academia en 6 oportunidades, hasta 1988, cuando se jodió la rodilla y tuvo que parar un largo rato.

¿Qué hizo después? Poco se sabe. Anduvo por Defensa y Justicia (1990/91), junto a Carlos Taracido, Ricardo Bersuit Kergaravat, el Sapo Cuartas y el Lute Oste, entre otros. A esa altura, el Nacional B era una división más acorde a su pinta de recio, pero la experiencia le duró poco: apenas 24 partidos.

Luego participó del Torneo del Interior representando a Sportivo Barracas de Colón (1991), junto a figuras como Trebino, Pimpinela Tessone y el Flaco Hugo Lamadrid, ex compañero suyo en Racing, ambos categoría 66.

Los que lo conocen dicen que, pese a la cara de malo que tuvo que impostar para jugar en Primera, Berón fue, es y será un pan de Dios. No por nada hoy tiene una panadería en Laferrere.