Después de haberse hecho conocido en el ambiente de la indumentaria deportiva por algunos diseños innovadores, como la camiseta de Boca en la Intercontinental del ’78, las poleras de Gatti o la casaca de River sin la banda en la espalda, el empresario Oscar Tubío lanzó, a comienzos de los 90’s, una prenda que contó con un notable apoyo de movida y que luego quedó guardada en el placard del olvido: la camiseta del hincha.
Tomando como base un modelo propio que emulaba la bandera nacional, Tubío decidió partirla (?) en diagonal para satisfacer las necesidades del hincha pre-arleco, que por entonces no sabía ni pintarse la cara (?). «Me propuse diseñar una camiseta que representara fielmente la doble identidad del hincha, es decir, que tuviera los colores de la Argentina y del club con el que simpatiza. Queremos que vaya a alentar así a la Selección e incluso a su equipo. Y mi sueño mayor es ver a la hinchada en el Mundial de Estados Unidos con estas camisetas. Le daría un colorido notable a cualquier tribuna», decía el dueño de El Jardín de Oscar en 1993.
Su espacio propagandístico por excelencia era la revista Goles. Y no sólo en papel aparecía su publicidad, sino que además, como podemos ver gracias a un cascado VHS, también en video.
Cualquier argentino tenía derecho (?) a tener una camiseta del hincha. Una posibilidad era conseguirla personalmente a Callao 1134, 1º piso, en Capital Federal. La otra era llamar o escribir (por carta, obvio) y recibirla por correo. El precio de las remeras fans (como se las llamaba en la publicación) era un tanto elevado para la época: $35. Pero la de niño salía $25. Ahhhhhhh.
La casaca, igualmente, gozó de cierto éxito al comienzo, si hasta el mismo Diego Maradona la tuvo. «Ni bien se enteró de la idea me pidió que le confeccionara una con los colores argentinos y de Boca. En ese entonces estaba todavía en el Sevilla. Cuando la vio se hizo mandar treinta más», contó el hombre que popularizó la imagen del Bulldog a través de Monzón, Chilavert y el Mono Burgos, entre otros.
Con el tiempo, la camisetas del hincha (e incluso sus imitaciones) fueron desapareciendo de las tribunas y de los partidos de papi. Casi una década más tarde surgieron versiones vomitivas que algunos tuvieron muchos huevos de usar, pero tampoco se vayan a creer que fueron tantos. El hincha, se sabe, debe ir a la cancha en cuero, con la remera baldosera (?) o en su defecto con una pilcha de entrenamiento y gritarle al DT de turno: «¡Cuubillaaaa, laconchadetumadre!, ¿¿¿quémetirá???».








