PSV 1 – Racing 0

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A principios de 1989, Racing se tomó un recreo en su puesta a punto física y se enfrentó con el PSV Eindhoven de Holanda.

El partido ya de por sí medio descolgado, no es nada en comparación de dónde se jugó. El choque entre argentinos y holandeses se dio en Zimbabwe y fue con motivo de juntar algo de guita a beneficio de la gente carenciada de Mozambique. La verdad que no sabemos si habría algo de pica entre estos dos países vecinos de África, pero lo cierto es que se jugó con tribunas no muy pobladas que digamos.

Sin entrenamiento y derechito del aeropuerto al estadio, según cuentan las malas lenguas, la Academia disimuló el cansancio bastante bien y no mereció perder.

Aquí en la foto vemos a Fabbri y Gustavo Costas luchando contra los delanteros Kieft y Batchx (autor del gol).

Tessone Néstor

Néstor Horacio Tessone (Pimpinela)

Pergamino es una ciudad del norte de la provincia de Buenos Aires. Queda a 222 km de la Capital Federal y según cuenta la leyenda, debe su nombre a unos misteriosos manuscritos encontrados en el arroyo que la atraviesa. Por su importante actividad agrícola, en 1997 fue declarada Capital Nacional de la Semilla. Pero mucho tiempo antes, exactamente el 16 de noviembre de 1964 ya daba sus más jugosos frutos a nuestro fútbol. Porque ese día vino al mundo Néstor Horacio Tessone.

Volante ofensivo y de una interesante zurda, inició su carrera en el club Sport de su ciudad natal. Pero de golpe y porrazo la vida lo puso ante la impensada oportunidad de pasar a las inferiores de Boca. Y empezó a transitar su sueño con cierta normalidad. Hasta que el 8 de julio de 1984, ante una huelga de los jugadores profesionales, le llegó el ansiado momento de debutar en Primera. Entonces, junto a otras jóvenes promesas de esa cuarta división como Fabián Peruchena, Roberto Fornés y Denny Ramírez, tuvo que poner la caripela en el ya célebre día del fibronazo ante Atlanta.

Pero lo sucedido esa histórica tarde fue debut, derrota y despedida. Porque en los años siguientes no terminó de pegar el salto necesario para ganarse un lugar. Así fue como a comienzos de 1986 se fue y recaló en Estudiantes de Río IV para jugar un clasificatorio para el Torneo Provincial. Allí tuvo como técnicos a Luis Héctor Papandrea y José Manuel Pistola Vázquez y compartió muchos momentos inolvidables con René Beltramo y nuevamente Gabriel Vales.

Si bien es cierto que al principio no conformó a los dirigentes, a base de calidad y algunos goles, se fue convirtiendo lentamente en ídolo. Y lo más importante, en una pieza clave del equipo. La presencia de Tessone era valorada no sólo por los suyos sino también por sus rivales, que buscaban sacarlo de los partidos de cualquier forma. Y así fue como un tal Reyna de 9 de Julio, no se anduvo con vueltas y le pasó una crema llamada Foniargon por los ojos durante un partido. Recuperado, volvió con todo pero lamentablemente para la primera final de ese torneo el que se sacó de la cancha fue él solito, tras meterle una descomunal piña a Bianchotti de Sportivo Belgrano en la semifinal con el partido ya definido. Con la suspensión cumplida, pudo estar presente en el partido de vuelta en donde marcó incluso el tercer gol del 3-0 y sellar la consagración del Celeste de Río Cuarto.

De regreso al club de la Ribera, Tessone ya no era el mismo. A pedido de su novia, llevaba una frondosa y tupida barba oscura que lo hizo ganarse el apodo de Pimpinela. Para ser sinceros, lo jodido no es que lo apodaran Pimpinela. Lo jodido es que posta era un doble de Joaquín Galán. Sin embargo se las arregló para que su regreso sea casi perfecto.

En lo que nuestro homenajeado considera su verdadero debut en Primera, el 31 de mayo de 1987, Menotti lo tiró a la cancha por Claudio Dykstra faltando 15 minutos en una semifinal frente a Newell’s por la Liguilla. Y sobre la hora, en un contrataque, paró la pelota poco después de cruzar mitad de cancha y le pegó de emboquillada. El disparo sorprendió al arquero y tras un largo recorrido se clavó en el ángulo para cerrar un 5-2 final. Luego del partido, un Pimpinela todavía con lágrimas en los ojos declaró que «…desde el banco había visto que Scoponi jugaba adelantado. El tiro salió alto y no caía, no caía, pero no sé quién sopló, quizás un ángel y se metió ahí, debajo del travesaño».

Lo del regreso casi perfecto es porque tras esa mágica tarde, no pudo hacer pie nunca más y jugó sólo algunos minutos durante ocho partidos en los cuales casi siempre Boca se fue derrotado. Cansado, aceptó una oferta para ir a Los Andes (1988/89). Con la transferencia hecha, lo consultaron si no creía que su destino podría haber sido otro. Y Tessone dejó entrever cierta dosis de mala suerte en su carrera: «…con Newells podría haber hecho cuatro goles. Con Independiente me perdí el empate a los 45. Y con Racing, en ese famosos 0-6, pegué un tiro en el palo cuando íbamos perdiendo 2 a 0. Son cosas que podrían haberme cambiado la vida. Tal vez hubiéramos clasificado a la Copa, tal vez no se hubiera ido Menotti y tal vez me hubiera seguido teniendo en cuenta y tal vez… y tal vez…».

En el Milrayitas la cosa se puso fulera en serio. Le fue muy mal futbolísticamente hablando y fue una especie de trampolín para sumergirse en aguas más profundas y turbias. Luego vinieron experiencias que le fueron mostrando que el fútbol evidentemente no era lo suyo. El Ironi Ashdod de la segunda división de Israel, de donde salió arando ni bien comenzó la Guerra del Golfo y más tarde Huracán (San Luis), Argentinos del Sud (Gaiman), Racing de Colón y Sport de Salto.

Ya a un mundo de distancia de los flashes y la fama, colgó definitivamente los botines en 1995 y se lo pudo ver laburando en un restaurante y después en una pizzería. Hasta que le salió la chance de atender el kiosco de un lavadero de seis de la tarde a seis de la mañana. No es lo mismo que triunfar en el fútbol, pero no está nada mal para alguien tan digno de esta sección.

Talleres primer tiempo Adidas y segundo tiempo sin marca 1982

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El Talleres de Labruna llegó decidido a dos cosas al Gigante de Arroyito. Una, llevarse los dos puntos para Córdoba. Y la más importante: seguir alimentanto el interminable mito de la relación que hay entre la T y su vestimenta.

Lo que pasó ese domingo de mayo de 1982 por la primera fase del campeonato Nacional fue que los cordobeses ganaron 2-1 a Central en Rosario. Hasta acá todo más o menos normal.

A lo que cuesta encontrarle una explicación es por qué Talleres usó durante el primer tiempo una camiseta marca Adidas y durante el segundo una sin marca. La única respuesta más o menos potable es que evidentemente la utilería no llevó un juego de mangas cortas con las tres tiras. Los players habrán chivado como locos en los primeros 45 con las de manga larga y privilegiaron la comodidad por sobre la prolijidad. Todo bien, pero marche preso.

Aquí en las fotos vemos las pruebas del delito. El primero gol de Morete en donde quedan a la vista las tres tiras en su brazo izquierdo y el segundo gol de Bianco eludiendo al arquero con una camiseta de piqué.

Gareca a Torino 1983

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En 1983 Ricardo Gareca era una especia de figurita de moda del momento. Temible goleador en Boca y convocado por Bilardo a la selección, al Flaco (como se lo apodaba entonces) le llovían ofertas para rajarse.

Y encima tenía como representante a otra figurita de esos años: Guillermo Cóppola. Entonces Guillote no dudó y tiró líneas para todos lados. Hasta que picó el Torino de Italia. Los tanos se embalaron como locos y dieron el visto bueno por teléfono. Hasta se organizó una fiesta en el departamento de Cóppola para festejar el pase. Y ahí es donde vemos la foto en la que Gareca se sacó el gustó de ponerse la camiseta del que iba a ser su nuevo club.

Pese a todo, al Flaco le pintó la nostalgia al decir «…si Boca pudiera pagarme algo así, acercarse por lo menos a lo que agarraría firmando para el Torino, no lo pienso dos veces y me quedo…».

El pase era un hecho y pese a que incluso ya estaba todo arreglado para que el empresario Félix Latrónico acompañado por directivos del Torino vengan a cerrar la operación, la pretensión final de Boca de 1.200.000 verdes limpios (sin incluir comisiones a Guillote, Gareca e impuestos) fue la que mandó todo a pique.

Combinado Liga Posadeña 0 – Selección de Adidas 0

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En el marco del operativo «Argentinos, marchemos hacia las fronteras» se organizó en la provincia de Misiones un amistoso con la idea de ayudar económicamente a una escuela casi en el límite con Brasil. El partido se jugó el domingo 19 de noviembre de 1979 en la cancha de Bartolomé Mitre de Posadas. Hasta acá viene todo bárbaro y digno de un fuerte aplauso.

Pero la cosa empezó a tornarse rara cuando vemos quiénes jugaron el partido. Con un calor de locos y tribunas llenas, el Combinado de la Liga Posadeña recibió a la Selección de Adidas. En pleno auge, la marca de las tres tiras se animó y convocó a algunas ex glorias y otras no tanto. Pero se pasaron de la raya llevando como arquero a un Amadeo Carrizo de 53 años. Y ya no hay palabras para describir que el número seis haya sido Eduardo Bakchelian, presidente de Adidas Argentina.

La fiesta y la emoción se fue apagando al ritmo de los pelotazos y los pases pifiados. Para colmo de males, Amadeo tuvo que salir desgarrado antes de la media hora del primer tiempo. Entre los pozos del campo de juego y el 0-0 final, los espectadores fueron testigos de un bodrio mayúsculo. Con un fin benéfico, pero flor de bodrio al fin.

Aquí en la foto vemos la única jugada posta que llevó algo de peligro a un arco. Artime disparando y desviando un remate dentro del área a favor de la Selección de Adidas.

Bolzán Marcos

Marcos Bolzán

Hay jugadores que no pueden negar deberle casi todo a sus representantes. Las cosas buenas y las malas. Los éxitos y los fracasos de su carrera. Y en el caso en particular de Marcos Bolzán, nos queda incluso la enorme duda de si el título de baldosero no debería ser compartido por ambos. Jugador y representante.

Nacido el 25 de agosto de 1982 en Nogoyá, provincia de Entre Ríos, desde chiquito tuvo la certeza de que lo suyo sería el fútbol. Por eso, ya crecido, no dudó en hacer las valijas y mandarse en un colectivo a Santa Fe para probarse en Unión.

Pasó la prueba en las inferiores y empezó jugando de lo que sabía. De enganche. Pero con el correr del tiempo fue paseando no sólo por los shoppings de la capital santafesina sino también por dentro del campo de juego. Es que Bolzán llegó a jugar hasta de marcador lateral izquierdo para el Tatengue. Finalmente pudo encontrar su lugar en la cancha como volante por ese mismo sector.

El Gringo tocó el cielo con las manos el 16 de noviembre de 2001 cuando Leonardo Carol Madelón lo tiró a la cancha faltando quince minutos para tratar de empatarle un partido a Vélez en Santa Fe. La derrota final no pudo empañar un hecho que ya no se lo quitaría nadie: había debutado en Primera División. Su sueño se había hecho realidad.

A partir de acá todos los proyectos del ahora volante chocaron contra una pared de concreto. Porque en ese 2001 ya no jugó ningún partido más. Y la llegada de un nuevo año y de un nuevo técnico (Craviotto) empeoraron las cosas. Porque en todo el 2002 pudo jugar solamente un minuto. Sí. Jugó sólo 60 segundos y nada más. Fue por el Apertura contra Nueva Chicago en Mataderos, que el DT lo pusó en tiempo de descuento para aguantar un empate que el Tatengue necesitaba como loco en su lucha por no descender.

Sin embargo no todas fueron malas para Bolzán. O mejor dicho, tan malas. Porque si bien al año siguiente Unión finalmente se fue al descenso, nuestro homenajeado pudo jugar en 2003 sus únicos noventa minutos completitos en Primera División. Es cierto que no aportó mucho para que Unión no vuelva a perder (1-2 con Gimnasia en el Bosque) pero se sacó las ganas y probó las mieles de sentirse titular.

Lo que vino a continuación en su carrera es una confusa caída libre. Alternó en la B Nacional hasta que a mediados de 2006, un desgarro en su pierna hábil (?) lo sacó de las canchas. Y al recuperarse se encontró con una segunda pared de concreto en su carrera. Carlos Trullet no lo iba a tener en cuenta para el próximo campeonato. Apareció en ese momento en algunos medios un cierto interés de Talleres por tenerlo en su plantel. Es más, Bolzán se iba haciendo de a poco a la idea: «…la posibilidad está. Hablaron mi representante Esteban Kreig y Granero y puede darse, pero todavía hay que esperar». La realidad fue que si bien la gerenciadora de los Tallarines reconoció la charla, descartó de plano la operación.

Entonces en esos últimos días de 2006 tomó el toro por las astas y ya podrido de una guita importante que le debía Unión hace varios años, le dio vía libre a su representante para que negocie el pase a cambio de la deuda. Así fue como, dejando atrás a compañeros de la talla de Emanuel Ruiz, Pablo Islas y Fernando Navas, estampó la firma para San Martín de San Juan.

El cambio de aire le vino bárbaro al volante, pero su entrada a Cuyo no fue la soñada ni mucho menos. Es que en todos los diarios locales se podía ver clarito como el agua que en la lista de refuerzos que presentó el técnico Gustavo Quinteros, su nombre no aparecía ni por asomo como prioridad. En realidad era el plan B por si no se daba la contratación de Matías García de Huracán de Tres Arroyos. Entonces, a su arribo, el técnico tuvo que mostrar toda la cintura posible para tratar de salvar lo insalvable: “…con la llegada de Bolzán pienso que ese puesto está cubierto, aunque si también viene García todo sería mejor. Bolzán es un jugador con características lógicas para jugar por ese lado. Me gustaba mucho García porque lo conozco de las inferiores de Newell’s pero igualmente estoy conforme porque podremos usar a Roth por derecha que es el puesto donde más rindió».

En el Santo fue y vino, entró y salió. Compartió plantel con gente copada como Lisandro Sacripanti y Sergio Plaza y hasta hizo un gol muy recordado frente a Aldosivi. No por el gol en sí, sino porque fue hecho al toque de reestablecerse la electricidad tras un enorme apagón de más de quince minutos que casi suspende el partido. San Martín finalmente ascendió a la A en esa temproada, pero al Gringo le cerraron una vez más la puerta en la cara. El técnico no lo iba a tener en sus planes para el debut sanuuanino en la máxima categoría

Se rumoreó un posible retorno a Unión, pero Bolzán, tal vez ya cansado, decidió apostar fuerte sus últimas fichas. Se lanzó de lleno a una aventura en Europa. Tal vez siguiendo los mismos pasos de su hermano mayor Rubén, se mandó a Italia y ficho para el Grottammare de la serie D. Pino Aniello, el director deportivo del modestísimo equipo italiano, no pierde las esperanzas: “…en este momento nuestro problema es netamente de naturaleza creativa. Esperamos que Bolzán pueda darnos una mano en tal sentido».

A la fecha, además de poder verlo en la página web de Néstor Craviotto la realidad es que no se sabe mucho de él. O sí. Que tiene un representante que se mueve más rápido que los bomberos.

Goycochea a San Lorenzo 1988

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Héctor Veira pidió refuerzos a los gritos. Y le dieron bola. Porque si bien su San Lorenzo había caído en un grupo accesible en la siempre chiva Libertadores (Ñuls y los ecuatorianos Barcelona y Filanbanco), la Copa fue el gran objetivo de ese año.

Entonces el Bambino contó para la pretemporada con los refuerzos. Con todos. Aquí en la foto se lo puede ver junto a Pipo Gorosito, Beto Acosta, Sergio Goycochea, entre otros. El nuevo San Lorenzo era una realidad. O casi. Porque Goyco no pasó la revisión médica y tuvo que devolver la pilcha para regresar silbando bajito a River.