
Miguel Ángel Torres
La noche del 3 de diciembre de 1980 no sería una más en la vida de River Plate. En esa fecha el Millonario visitaban a Newell’s para definir uno de los semifinalistas del Nacional de ese año. Con el Pato Fillol en la Selección Nacional, el titular fue Landaburu. Pero el arquero se lesionó cuando promediaba el primer tiempo, y Labruna no tuvo más opción que hacer debutar al homenajeado del día. Miguel Ángel Torres ingresó, jugó sus únicos minutos en Primera División, le hicieron 5 goles y River quedó eliminado. Así de efímera fue la participación de este arquero que en ese momento tenía 18 años. Días más tarde El Grafico lo entrevistó. Había mucho que no se sabía de esa noche fatal:
– ¿Tenés ganas de hablar de eso?
– Sí… Estaba en el banco, al lado de Tapia. Por ahí, como a los 27 o 28 minutos, Landaburu chocó con Demagistris y quedó en el suelo. La verdad es que se me hizo un nudo en el estómago por si tenía que entrar… Le gritaba “Vamos Luis, fuerza, arriba…” En ese momento Lonardi me dijo: “Che, Torres, mirá si tenés que entrar…” Yo le contesté que bueno, que entraba, ¿qué le iba a hacer? Luis se levantó pero a los dos o tres minutos se dio cuenta que no sentía la mano y el doctor Melito pidió el cambio. Para qué voy a mentir: se me aflojaron las piernas. Para colmo justo venía un corner y tenía a la hinchada de Newell’s atrás del arco; se juntó todo.
– ¿Cómo fueron los primeros minutos?
– Y, bravos. Viene ese corner, salgo, apenas la toco y un compañero mío la saca. Enseguida lega otro centro, la baja y se me escapa; la pelota estaba mojada y yo entré con guantes normales, no los de lluvia. Se armó otro remolino, no se si rechazó Saporiti o Pavón, volvieron a tirar centro, otra vez se me fue y ahí nos empataron
La mencionada revista no tuvo mejor idea que ilustrar la nota con una foto del arquero protegiéndose de la lluvia con un paraguas, acompañada por el título: “No es nada pibe, una tormenta de verano…”. Claro, es que comenzaba 1981 y ya se vislumbraba una posible revancha para Torres: había sido convocado para la Selección Argentina Sub-20, que disputaría el Sudamericano en Ecuador. Era la oportunidad de demostrar su verdadero nivel, acallar las críticas y complacer a los que siempre confiaron en él (su familia y algunos amigos, no muchos más). Pero sobre llovido, mojado: sufrió una grave lesión y para colmo River lo dejó libre.
Se fue a probar suerte a Chile, vistiendo los colores del Temuco, pero no le fue bien y decidió regresar, para jugar primero en Berazategui y después en Barracas Central, en la Primera C. El Gráfico se había equivocado: más que una tormenta de verano, pareció ser un huracán categoría 5.