Lakhdar Belloumi. Mediocampista argelino. Jugó entre 1976 y 1999.
Archivo del Autor: Nano de Turdera
Juárez Gustavo
Gustavo Alberto Juárez (el Panza)
El poder inescrepuloso de la Internet es tan grande que con sólo tipear unas teclas podemos enterarnos vida y obra de cualquier persona con una trayectoria más o menos conocida, sea en el entorno del fútbol o fuera de este ámbito. Con un poco más de sagacidad en el uso de Google, se pueden obtener datos de aquellos que apenas asomaron la nariz en algún momento por encima (o por debajo) de lo habitual. Pero hay tipos de los que no existen rastros. Ni siquiera cuando son pocos los que pasaron por la misma situación. Y no se le puede echar toda la culpa a lo que (no) nos menciona la pantalla, ya que a veces ni nuestra propia memoria nos ayuda. Porque los nombres de Mirko Saric o Sergio Schulmeister nos dicen mucho, pero el nombre de Gustavo Alberto Juárez no nos dice nada.
Con la intención de que por lo menos quede una referencia en la Web sobre este ex defensor cordobés, dedicamos este breve relato al recuerdo de su paso por el fútbol. El Panza supo ser parte de varios planteles de Instituto entre 1985 y 1991. Con La Gloria disputó 65 partidos (54 en Primera División y 11 en el Nacional B) y alcanzó la misma cifra de goles y de descensos: uno.
Para el Apertura 1992 se incorporó a Belgrano, junto a Teresa Cancelarich, Julio Ceballos, Elvio Vázquez y Jorge Acuña. En el Pirata no lo fue nada bien: Victorio Nicolás Cocco lo hizo debutar en la segunda fecha de ese torneo (el 14 de agosto, en la derrota 2-0 frente a Boca) y apenas completó 3 encuentros antes de quedar relegado en la consideración del Nano Areán, el nuevo entrenador que llegaba a la Docta.
Sin embargo, lo peor llegaría unos meses después. Sin lugar en el equipo, agobiado por problemas económicos en un gimnasio de su propiedad y desavenencias con su socio; se disparó en la cabeza con revólver calibre 22. Apenas tenía 26 años. El club se vistió de luto y prestó sus instalaciones para que sus restos fueran velados, antes de que recibieran sepultura en el cementerio San Jerónimo.
No será un baldosero de pura cepa. Le faltará algún paso por el exterior, un hecho que lo haya marcado, o por los menos 15 minutos de fama. Pero qué importa eso. Al menos, cuando ahora alguien busca el nombre de Gustavo Juárez, se encontrará con un futbolista que tuvo un triste final. Y que ha encontrado aquí su humilde homenaje.
Pietra Minervino
Patito feo
Schmider Bernd

Bernd Schmider. Mediocampista alemán. Jugó en los 70’s y 80’s.
Pareja Óscar
Baldosa vieja: Roberto Viola
Roberto Eduardo Viola
El fútbol y la política han estado unidos desde siempre, tanto en democracia como en dictadura. La utilización del deporte por parte de los gobiernos peronistas, el polémico mundial organizado por el EAM ’78 o la foto de los campeones del mundo con Raúl Alfonsín son muestras de la unión entre ambas actividades. También hay nombres propios relacionados con las dos funciones, como Omar Palma (el Negro fue intendente de Ibarlucea, Santa Fe) o los actuales casos de Carlos Mac Allister y Héctor Baldassi.
Si bien el futbolista Ricardo Viola nunca tuvo plena participación en labores vinculadas a la política, su nombre y apellido nos remite a un presidente de facto que tuvo nuestro país en 1981. Se trata ni más ni menos que de su padre, quien fuera condenado, con el regreso de la democracia, por los crímenes cometidos durante su mandato. ¿Tuvo alguna vinculación con el fútbol? Sí. ¿Cómo? A través de Atlanta, el club donde jugó su hijo.
Las frías estadísticas marcan que el mencionado jugador debutó en Primera División el 23 de diciembre de 1972, en una empate 3 a 3 frente a Banfield en el Viejo Gasómetro y jugó hasta 1974 un total de 12 partidos en el Bohemio, convirtiendo 3 goles (todos por el Nacional ’74, integrando un plantel conformado por futbolistas amateurs que disputó el certamen por un conflicto que la dirigencia mantuvo con los profesionales), fue expulsado en una ocasión y el entonces arquero de San Martín (Mendoza), Enrique Reggi, le atajó un penal.
A principios de 1975 tenía que firmar su primer contrato pero quedó libre. Recaló en Defensores de Belgrano, en Primera B, donde actuó entre 1975 y 1976 (28 presencias y 4 goles). Paradójicamente, en el segundo año de su paso por el equipo rojinegro, ya funcionaba justo enfrente de la cancha donde entrenaba y jugaba el campo de concentración más grande del país, dependiente de la marina y emplazado en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA).
La conexión Atlanta – Viola (h) – Viola (h.d.p.) fue fundamental para la obtención de nuevas tierras a favor de Atlanta. Las gestiones iniciadas por la institución en 1978 llegaron a buen puerto y, hacia 1980, se redactó un anteproyecto para la cesión de una extensión de más de cinco hectáreas en Villa Madero (partido de La Matanza), cerca de la autopista Riccheri. Las tierras eran propiedad del Estado nacional. En marzo de 1981, el mismo mes en que Viola pasó a ser presidente, el Poder Ejecutivo resolvió por decreto N° 555 la entrega del terreno. Las autoridades del Bohemio incluso lograron que el presidente de la Nación les concediera una audiencia en la Casa Rosada y, más tarde, recibieron la visita del intendente porteño, brigadier Osvaldo Cacciatore.
La relación de la dictadura con el club de Villa Crespo no se limitó a este suceso. Antes, hubo otro acontecimiento mucho menos feliz pero, lamentablemente, habitual por aquellos años. Se trata del secuestro y desaparición del socio Jorge Toscano, el 30 de enero de 1978. Este militante peronista había jugado al básquet en Atlanta, siendo compañero de… Robertito Viola, quien también practicó este deporte (fueron entrenados por León Najnudel) antes de dedicarse a la número cinco. Aún antes del golpe militar de 1976, el hijo del dictador sufrió un suceso similar, cuando una ex novia (Liliana Cuiña, estudiante de psicología) fue asesinada por la Triple A.
La vida futbolistica de Viola (h) no ofrece más datos luego de sus actuaciones en el Dragón. Un paso intrascendente por las canchas y un parentesco peculiar lo han hecho merecedor de estas líneas, una muestra más de la conexión del fútbol y la política. Un caso con un contexto particular. Bienvenidos sean los baldoseros en todas sus formas. Pero, a otros hechos, les decimos NUNCA MÁS.






