Fuillerat Edgardo

FUILLERAT

Edgardo José Fuillerat

Dicen que los futbolistas exitosos muchas veces se olvidan de su origen. Que una vez que alcanzaron sus metas, se llenaron los bolsillos y coquetearon con la fama, reniegan de sus comienzos, de la barriada, de su propia historia. Este no es uno de esos casos. Edgardo Fuillerat no alcanzó grandes logros en una cancha, tampoco ganó mucho dinero ni conquistó la fama. Pero no dejó de lado sus orígenes. Y por supuesto, volvió al barrio.

Nacido en Saladillo el 30 de diciembre de 1963, este volante de fina técnica debutó en Independiente en 1984. Apenas jugó un partido en el equipo de Avellaneda, y fue prestado a Juventud Antoniana, donde tal vez, pasó su mejor etapa como futbolista. Logró la clasificación al Nacional 1985, donde disputó 8 partidos y convirtió sus únicos 2 goles en la máxima categoría. En 1986 pasó a Arsenal, para jugar en la Primera C, por entonces la tercera categoría del fútbol argentino. Formó parte del plantel que se aseguró un lugar en la novedosa Primera B y volvió al ruido de los domingos, para ponerse la camiseta de Temperley. En el Celeste, jugó sus últimos 20 partidos como profesional en la temporada 1986/87.

Era hora de volver a los pagos. Con el fin de ayudar a sus vecinos de Saladillo, dejó de lado la pelota para estudiar y recibirse de cardiólogo. Pero había algo más que lo apasionaba, algo que no tenía que ver con el deporte ni con la medicina: la música. Con empeño y sacrificio, logró sacar un CD, pero no se quedó ahí. En 2009, junto a su hermano Pablo, le puso música a la película Crisálidas, donde también participaron otros vecinos de su ciudad. Pudo recibir de cerca el afecto de toda la localidad en la clausura del 6º Festival Nacional de Cine con Vecinos, dándose el lujo de cantar en vivo ante un auditorio colmado.

Ojo, esto no termina acá: este año, gracias al apoyo del intendente de Saladillo, pudo sacar a la venta su segundo disco, con el detalle de que todo lo recaudado es a beneficio de la “Casita de la Vía”, una ONG local de gran actividad e inserción social, que trabaja con chicos con problemas, apoyándolos psicológicamente para que el día de mañana puedan guiarse en una salida laboral. “La idea es que me ayuden a ayudar”, contó Fuillerat. Lo que se dice un baldosero del fútbol, pero no de la vida.