Di Bartolo Juan

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Juan Esteban Di Bartolo (El Mariscal)
Si de penurias futbolísticas se trata, el marplatense Juan Di Bartolo sabe bastante. Habiendo hecho las divisiones inferiores en Cadetes y catalogado como unos de los mejores defensores de la ciudad balnearia, llegó un día a La Plata con la intención de probar suerte en el fútbol grande de nuestro país. Enfundado en los colores de Gimnasia esperó su oportunidad hasta que llegó en la novena fecha del Apertura 2003 frente a Newell’s, durante el interinato de Luis Agostinelli al frente del Lobo. Aquel 11 de octubre, formó una interesante línea de 4 a la par de Diego Herner, Marcelo Goux y Serafín García, todo esto bajo la atenta mirada de Juan Carlos «los goles me gustan de a 7» Olave. Ese día la Lepra se impuso 2 a 0 con goles de Julián Vázquez y Jairo Patiño. Di Bartolo, sin saberlo, hacía debut y despedida.
Para Carlos Timoteo Griguol y Carlos Ischia nunca existió y no fue tenido en cuenta, pasando a ser un habitué de la Reserva. Recién con Pedro Troglio en Clausura 2005 pudo volver a formar parte del banco de suplentes en 3 ocasiones.
A mediados de 2005, sin mucho más que hacer en la ciudad de las diagonales y antes de la llegada del simio mufa al Tripero , se volvió a su ciudad. Primero estuvo a préstamo en Alvarado (2005/2006) y al año siguiente se incorporó nuevamente a Cadetes, donde jugó con su hermano. En el medio, a comienzos de 2006, fue dejado en libertad de acción.
En julio de 2007, recomendado por Juan Esnaider, viajó a España para sumarse a las filas del Deportivo Cobeña, un club de la cuarta división española manejado por Francisco Barroso, otrora candidato a presidente del Real Madrid. Todo marchaba bien hasta que a tres días de comenzar la temporada el equipo dejó de existir debido a las deudas imposibles de afrontar. Indignado el Mariscal contó su experiencia: «Me siento estafado; jugaron con nosotros y eso no está bien. Uno viene acá pensando que es el Primer Mundo, pero se encuentra con lo mismo que se vive en la Argentina»
En noviembre, y luego de un mes de entrenamientos (y otra vez la influencia de Esnaider), Di Bartolo y otro marplatense llamado Gastón Minutillo, se incorporaron al Club Deportivo Las Rozas de la tercera categoría para intentar levantar su carrera, que hasta el momento tuvo pocas rosas y muchas espinas.

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Galeano Edgar

Edgar Fabián Galeano (Cholga)
Dos cosas lo marcaron desde el arranque. Su apodo tan particular y el hecho que Cubito Cáceres le haya atajado un penal cuando empezaba a asomar en la Reserva, allá por 1998, lo condenaron a la intrascendencia total.
Con sólo 12 años, este delantero nato había llegado a Independiente desde su Puerto Madryn natal. Jamás fue tenido en cuenta por los técnicos que pasaron por Avellaneda y en un intento desesperado de los dirigentes por sacar unos pesos lo mandaron a préstamo a Uruguay. Defendiendo los colores de Cerro (2001) logró salvarse del descenso con lo justo.
En 2002 volvió al Rojo, pero el panorama no cambió, es más, empeoró. Con la llegada de Américo Rubén Gallego fue colgado al igual que Walter León Bustos, Ariel Orellana, Ariel Rocha y Gastón Galván.
Fue ahí que decidió armarse el bolsito y volver a sus pagos. Primero vistió la casaca de Guillermo Brown (2002/2003) y desde 2004 es parte del plantel de la contra, Deportivo Madryn, donde fue protagonista de una incorrecta inclusión en un partido, que derivó en una protesta de Centenario de Neuquén.
A mediados de este año estuvo cerca de sumarse a Alvarado de Mar del Plata, pero el pase quedó en nada. Ante la posibilidad de conocer a figuras de la talla de Santiago Abete y Mauro Laspada, el Cholga prefirió quedarse en la Patagonia, cerca de su familia y de los hinchas, que ni se gastan en putearlo.

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Knuttsen Ariel

Ariel Knuttsen
Debe ser jodido ser colorado. Algunos la han pegado con el fútbol de las últimas décadas, como Paul Scholes, Federico Lussenhoff, Carlos McAllister, Germán Ré, un par de escoceses y no muchos más. En el básquetbol, Ruben Wolkowyski llegó a la NBA pero no se pudo mantener. Pocos han corrido la suerte del amigo de Harry Potter, de levantarla con pala sin hacer demasiado.
Definitivamente, ser colorado no es fácil, y de esto puede dar cuenta Ariel Knuttsen. Volante surgido de las divisiones inferiores de Boca Juniors, cordobés de nacimiento, puntano por adopción y colorado como Lucas Vivas. Cultor del bajo perfil, nunca se supo de su existencia hasta el día que el Diario Clarín lo consultó sobre una posible vuelta de Diego Maradona al club de la Ribera. Al igual que Rambert, Tchami, Latorre, Guerra, Cagna, Toresani, Lorenzo, Pineda, Abbondancieri, Matellán, Fabbri, Pedro González, Cedrés, Pompei y Guzmán, opinó que Diego era prescindible, aunque claro, con él el equipo marcaría una diferencia.
Sin posibilidades de jugar oficialmente y con un solo partido en el banco de suplentes optó por emigrar a mediados de 1997. Recaló en Quilmes para disputar el complicado torneo de la B Nacional al lado de Damián Teres y Claudio Graf.
Luego de su efímero paso por el conjunto del Sur se le perdió rastro. Apareció varios años después vistiendo la casaca de Defensores del Oeste en el Torneo Argentino B. Allí, después de un par de goles, se retiró joven, a mediados de 2002, por cuestiones religiosas.

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Ndr: En 2007, un medio gráfico de San Luis lo contactó y dio su valiosa (?) opinión sobre el Boca campeón de la Copa Libertadores. Curiosamente, lo presentan como si fuera un ídolo de la parcialidad xeneize que hasta el día de hoy debe desconocer que este personaje estuvo sentado a pocos metros del Bambino Veira esperando para entrar a la cancha.

Sartori Nicolás

Nicolás Sartori
Rústico mediocampista devenido en defensor surgido de la cantera de Ferro Carril Oeste. En Caballito debutó en 1997 y permaneció hasta el descenso a la B Nacional en 2000. Del Oeste se llevó la amistad de grandes como Norberto Morello, el cuco Rodrigo Lagos, Ariel «gol en contra» Groothuis, Juan Pablo Cracco, Andrés Grande, Fabio Landaburu, Gaston Vales, Roberto Galant, Sergio Comba, entre infinidades de jugadores que habitan este sitio, y como si esto fuera poco, se quedó con dos dientes del Toto Berizzo.
Con la perdida de la categoría, quedó libre por falta de pago como Ariel Rocha y se incorporó a Gimnasia de Jujuy (2000/2001). En el Norte disputó un puñado de partidos sin grandes rendimientos al lado de Gustavo Lema, el eterno Cosme Zaccanti, Arnaldo Quiroga y el Pirata Czornomaz.
También consiguió continuidad y algunos dólares en el León (2001/2002) mexicano. Allí jugó 33 partidos y convirtió 2 goles.
En 2003 llegó a Bolivia para sumarse al The Strongest, equipo con el que actuó en la Copa Libertadores. Luego de una dura derrota ante las Águilas del América tiró: ««Somos los menos culpables, los directivos no toman conciencia de la necesidad de trabajar con las fuerzas básicas y siempre que salimos del país nos meten cuatro o seis goles por culpa de ellos»«. Jugando más y hablando menos, se redimió a fin de año cuando se consagró campeón del Torneo Apertura. Además con el conjunto atigrado llegó hasta los cuartos de final de la Copa Sudamericana dejando en el camino al campeón de la edición anterior, San Lorenzo.
En el primer semestre de 2005 arribó a Chacarita para jugar en la B Nacional. Dirigido por Clausen (que ya lo había tenido en Bolivia) siguió conociendo personajes ilustres como Alejandro Meloño, Ezequiel Garré, Walter «Lilita» Carrió, Esteban Herrera, Juan Forchetti y Fabián Santa Cruz (más recordado como el que le metió un dedo a Riquelme).
Con la salida del DT decidió volver a emigrar. Llegó a Huracán (2005/2006), y comandado por el gran Turco Mohamed jugó la Promoción por el ascenso, pero cayó ante Argentinos Juniors. Claro que antes la pasó mal, los hinchas del Globo, no conformes con la solicitada publicada hace casi 10 años (López-Cavallero. No lo pongan más a Ávalos (ni en el banco)) durante varios partidos hostigaron a Mohamed al grito de «sacá a Sartori, la puta que te parió«. ¿El motivo? Según los fanáticos del Quemero, la presencia de Sartori le quitaba lugar a los pibes de las inferiores, sumado a esto la buena disposición del defensor a convertir goles en contra (se recuerda uno ante Talleres de Córdoba).
Al poco tiempo le anotó un gol a Ferro y aprovechó para vender humo: «Lo grité así porque no comparto eso de los que no gritan los goles porque tuvieron un pasado en un club. Respeto a Ferro. Estuve diez años acá, pero ¿y la gente de Huracán entonces? Que paga la entrada, llega horas antes al estadio… Hoy estoy en Huracán. Por eso lo grité así, nada más.«.
A mediados de 2006 tenía todo arreglado para volver a The Strongest, pero la Universidad de Chile se metió en el medio, puso más plata, y se lo quedó.
Apenas cruzó la Cordillera de Los Andes siguió con el cassette: «Soy un defensa central aguerrido, fuerte. Me gusta darle seguridad al equipo desde atrás, me gusta cabecear defendiendo como en el área rival, aunque quizás no sea muy dúctil con la pelota. Soy un tipo positivo para el equipo, que siempre apoya«. ¿La palabra de los hinchas? Sartori es lento, torpe para salir jugando y no llega a ninguna cobertura. Luego de una magra campaña que culminó con el equipo en mitad de tabla, a comienzos de 2007 abandonó el barco.
Retornó a Bolivia para revivir viejos tiempos de gloria defendiendo los colores del Jorge Wilstermann con otros dos argentinos, Julio César «Oggi» Junco y Daniel Juárez.
Para finalizar, en septiembre de este año protogonizó un hecho bizarro, se negó a formar parte del plantel ante La Paz FC y los dirigentes decidieron reducirle el sueldo en un 20 por ciento.

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Páez Sergio

Sergio Ariel Páez
En algo más de seis años y medio desarrolló una interesante carrera. Conoció la élite y el under. Jugó en Sudamérica, Europa y hasta anduvo por Asia. Fue un ignoto entre estrellas y figura entre perfectos desconocidos.
Dio sus primeros pasos en el baby de Defensores de Tablada. Alguna vez, sin demasiada verguenza confesó: «El primer día que jugué pateaba para los dos lados, no tenía ni idea«. Mas tarde se sumó a las divisiones inferiores de Boca Juniors. Pasó el tiempo y una convocatoria a la Sub 20 hizo que sus padres, a diferencia de su hermano, no insistieran más en que abandonara el fútbol y agarrara los libros.
En 2000 debutó en Reserva y un año más tarde tocó el cielo con las manos. Carlos Bianchi lo llevó a la pretemporada con los mayores y hasta lo mandó a la cancha en un clásico contra River. Aquella noche del 6 de febrero, Boca derrotó al Millonario por 1 a 0 (gol del Pollo Herrera) y Páez disputó los noventa minutos formando una impenetrable línea de cuatro junto con Joel Barbosa, Gustavo Pinto y Facundo Imboden (enfrente estaban Ortega y Cavenaghi).
Luego siguió jugando en Reserva y pacientemente esperó otra chance. Volvió a sonreír cuando el Maestro Oscar Washington Tabarez lo convocó a su segunda pretemporada. Ante Racing (0-1, gol de Maceratesi), poco pudo hacer en ocho minutos, acompañando a César González, Nicolás Burdisso y José María Calvo. Ante River, fue al banco de suplentes, pero no tuvo oportunidad de ingresar porque el partido se suspendió promediando la segunda mitad cuando el Xeneize goleaba 4 a 0.
A mediados de año, sin lugar en el plantel profesional, no vio con malos ojos la posibilidad de emigrar para sumar minutos oficiales en cancha.
Abel Moralejo fue el técnico de Sarmiento de Junín que lo fichó con el afán de luchar por el ascenso. Sin embargo, el proyecto no funcionó y en diciembre rescindió su contrato.
El 2003 lo dividió entre el Guan de Pekín chino y el Espoli ecuatoriano. Al año siguiente apareció en Juventud Antoniana de Salta, en la B Nacional, pero no tardó mucho en esfumarse de allí.
En 2005 sonó como refuerzo de Huracán Las Heras y en diciembre, por intermedio del CEFAR (Centro de Entrenamiento para Futbolistas de Alto Rendimiento) se sumó a Sportivo Rivadavia de Venado Tuerto para disputar el Torneo Argentino C. Convencidisimo tiró: «En realidad del proyecto que nos hablaron no es subir al Argentino B, sino al Argentino A, porque hay muchas posibilidades de ascender. Es un torneo muy difícil, muy competitivo (el Argentino C), y cuando se juega de visitante se es más visitante que nunca, que en otros campeonatos. Hay que tener mucha garra y temperamento para pasar los obstáculos.»
En el Sur le dio duro y parejo a la pelotita hasta que surgió la oportunidad de irse a Europa y no lo dudó. Así es que, desde mediados de 2006, defiende los colores del poderoso Pierikos de la segunda división griega, acompañado de otro player made in Boca, como Juan Manuel Perillo.
A nosotros nos queda una sola duda, ¿la barra del Pierikos, alentará con las canciones de Pier?

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