
Talleres, siempre Talleres. El inefable e histórico protagonista de esta sección nunca nos deja a gamba. Y no hay que irse a los archivos más lejanos para encontrar perlas escondidas. Apenas extendiendo un poco la mano se pueden hallar rarezas contemporáneas.
En agosto de 2012, La T debió arrancar una nueva temporada en el Argentino A con una baja importante, y no hablamos de un jugador. Uno de los sponsors más fuertes, Mondial, se tomó el palo y dejó un problema para la utilería, ya que había que renovar todos los juegos de camisetas. La solución más prolija, aunque también la más costosa, era contactarse con Penalty y mandar a hacer casacas nuevas. Pero Talleres es Talleres. Y las cosas siempre pueden ser peor.
La solución que aportó la dirigencia fue rápida y bastante digna: tapar el chivo de la empresa de motos con un parche institucional que cambiaría fecha tras fecha, homenajeando a los ídolos del club. Buena idea, pero había que ponerla en práctica.
En el debut, ante Sportivo Belgrano, la imagen y el nombre de Miguel La Wanora Romero aparecieron en el pecho de los jugadores. Luego, en el resto del torneo siguieron los homenajes para Daniel Willington, Luis Galván, Miguel Oviedo, Victorio Ocaño, Mario Bevilacqua y el Lute Oste, entre otros. Sin embargo, ninguno de ellos tuvo tanta repercusión como Luis Ludueña.
En la quinta fecha, frente a San Martín de Tucumán, Talleres demoró en salir al campo de juego del Kempes y el partido comenzó 20 minutos tarde. Con el correr de los minutos, se empezó a conocer la verdad. Ese día, la dirigencia albiazul había decidido homenajear al Hacha Ludueña llevando su imagen en la camiseta. El tema es que, un rato antes de comenzar el partido, se percataron de que el parche decía Daniel en lugar de Luis. Sí, en vez de homenajear a una gloria, estaban homenajeando accidentalmente a su hijo, El Hachita, que ni siquiera había sido tallarín.

Desesperados, apelaron a otro juego de camisetas, pero la similitud con la pilcha blanca de la visita provocó que el árbitro ordenara otro cambio de vestuario. ¿Resultado? El Matador se tuvo que poner la pilcha gris de la temporada anterior, con el chivo de Mondial incluido.
Todo muy Talleres.