Jean verguenza

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Él ya lo aclaró en una oportunidad: «No somos los Beckham argentinos», incluyendo a su mujer en la referencia.
Indudablemente, Diego Simeone tiene razón: el inglés jamás combinaría un chaleco de jean, con una bermuda del mismo material y en la misma gama de colores. Sobre la nena y el fanático no supimos nada mas. Y tenemos nuestras razones para pensar lo peor, ya que sospechamos que se trataba de un jean Vanquish.

Ludueñas en taparrabos

Para Alvin Lee, como para toda una generación, el festival de Woodstock fue un hecho que marcó su vida para siempre. El músico inglés pasó, de un momento a otro, de tocar en bares a actuar en estadios. Y no sólo sufrió los cambios artísticos. En aquel lejano 1969 también se dejó llevar por la explosión de las drogas, la paz y el amor libre, que incluía las relaciones interraciales.

Aquella etapa de experimentación condujo a Lee a tierras africanas, más específicamente a Zimbabwe. Allí conoció a gente de color, a la que le dijo (quizás para sonar extravagente) que venía desde un país de Sudamérica llamado Argentina, donde se practicaba un deporte con una pelota de cuero y dos arcos.

«Somos negros, no boludos«, le contestaron. «Además, acá leemos la SuperFútbol. Y vos sos el Flaco Lamadrid, no nos jodas«.

La noche del 10, sin el 10

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Aunque parezcan espontáneas y hasta hijas de la casualidad, las típicas fotos de revista de chismes en la que aparece un grupo de faranduleros en un boliche, generalmente tienen una pre-producción difícil de imaginar.

Antes de gatillar, un buen papparazzi debe preparar la escena del crimen como corresponde. Por ejemplo, si uno de los protagonistas es un mánager que está involucrado en el mundo de las drogas, se le debe pedir que se saque los lentes de sol. Si además su representado esa noche está muy hecho mierda, se lo debe dejar fuera de cuadro y, en lo posible, tapar con una servilleta la sustancia que habita en su vaso.

Pero ojo, porque ahí no termina todo. En el caso de que hubiese una señorita con una minifalda demasiado corta, es fundamental ocultar su intimidad más alfombrada con algo bien discreto. Un almohadón estaría bien.

Por último, y prestar mucha atención a esta recomendación porque no todos la cumplen, si un baldosero se quiere colar en la foto, es imprescindible pedirle un poco de mesura. Esos tipos tienen tanta desesperación por obtener algo de fama, que son capaces de ponerse una camisa de rumbero.

Camisa astral

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No quedan dudas del vomitivo gusto del futbolista argentino promedio que visitó el Coliseo Romano en los 90’s. Parece que la cercanía con semejante maravilla arquitectónica provocaba unas ganas tremendas de hacer el ridículo.

Por aquel entonces, José Antonio Chamot todavía sabía hablar en castellano y aún no se había peleado con Roman Iucht, aunque intuía algo de su futuro. ¿Videncia? Sí, pero con algo de ayuda.

Unos días antes había visitado a una gitana, que le tiró las cartas. Y el Flaco quedó tan a gusto que se las estampó en la camisa.

Vaqueros de los de antes

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Son Hugo Lamadrid y Walter Fernández, los mismos personajes que nos dieron para comentar una y otra vez por estos lares. En esta oportunidad, nos dan una lección de cómo vestirse para festejar un título internacional.

Lo principal es ganar el trofeo (por ejemplo, una Supercopa Interamericana) y después volver al país con un cierto aire extranjero, como para provocar un poco de revuelo en el aeropuerto. Una posibilidad es usar una camisa rosa desabotonada casi hasta la altura de del ombligo, acompañada por un jean extremadamente baqueteado y unas zapatillas blancas.

La otra opción, un tanto más arriesgada pero no menos elegante, es dejarse puesto el joggin de concentración y realzar la figura con un sombrero estilo cowboy. En ambos casos, es fundamental el uso de lentes negros.

Después de estos consejos, usted ya sabe cómo celebrar un torneo internacional. Ellos ya lo hicieron.

Cae al mar

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Las noches de verano dan para todo, sobre todo si uno está de vacaciones, relajado y pensando en nada. Pero todo tiene un límite, señores. Ni el turista más desprejuiciado del mundo se anima a vestir la camisa del Cai Aimar.

(Gracias Laviero)