Estampado contra el piso

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Calor, mucho calor en Asunción. Dos niños paraguayos se las rebuscan en la calle vendiendo golosinas. De repente, no pueden creer lo que están viendo. El mismísimo Roberto Perfumo, por entonces DT de Olimpia, está sentado en el cordón de la vereda. Rápidamente deciden abordarlo para sacarle unos pesos pero cuando están a escasos centímetros se detienen. Piensan, reflexionan. El pibe de rojo lo mira bien y le dice a su compañero «pará, no me parece una buena idea. Pobre Mariscal, está en la lona. Se compra las camisas en el mismo lugar donde la señora que pasa por atrás se compra las polleras«

Una bocha de elegancia

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Ya nos parecía que estaban exagerando. Los hinchas de Racing no son tan violentos. Si alguna vez le perforaron el auto a Miguel Angel Ludueña no fue por haber pasado de La Academia a Independiente. No, Señor. Seguramente lo habrán visto con una malla como la de la foto y se les fue la mano a la hora de hacer justicia. La imagen de El Gráfico corresponde al verano de 1991, cuando El Negro hacía las delicias de sus compañeros del Rojo en la cancha de bochas del hotel Las Nieves de Necochea. Y sobre todo asombraba al chico PiVa, que no podía creer como su colega le había opacado su nuevo short a rayas.

Sacando fichas

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Dura la vida de los rockstars en los años 80’s. Encerrados en un cuarto de hotel mexicano, un integrante de Def Leppard y el Puma Rodríguez experimentaban con drogas y alcohol antes de un show en un estadio para 50 mil espectadores. Glamoroso como pocos, el británico lucía unas zapatillas Nike Feraldy, un pantalón color zanahoria y un buzo a rayas. Su compañero, favorecido por la lejanía del plano, simulaba una elegancia que rápidamente perdía sustento cuando le reclamaba a los gritos una pitada del habano para acompañar su Chivas Regal reserva 12 años. Un maletero indiscreto contó luego que los músicos se registraron como Hugo Lamadrid y Walter Fernández. Y que jamás aprendieron a jugar al backgammon.

(Gracias Lita)

¡Qué cabeza!

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En la misma línea estética de su amigo Ricardo Gareca, el Cabezón Ruggeri también mostró su mal gusto a la hora de elegir camisas. A la seda que ya destilaba oro y grasa en grandes cantidades, le sumó un pantalón verde con la bragueta a medio cerrar. ¡Impecable!

(Gracias Nano)

Humor inglés

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«Con estas corbatas estamos para dirigir en Italia «, bromeó Marchetta. «¿Te parece, Negro? Yo te veo mejor en Venezuela«, contestó Babington. «¿Venezuela?«, se asombró el hombre de jean. «Sí, vos sos ideal para la vinotinto«, completó el ex 10 de Huracán.

Se comió todos los amagues y vomitó el buen gusto

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«Mandiyú era un escritorio. No había club ni estructura. Y encima le alquilé la casa al peor tipo de Corrientes, un sinvergüenza de primera categoría que me hizo pasar uno de los momentos más ingratos de mi vida. El club debía pagar el alquiler. Como se atrasó, le dije que me hacía cargo de la deuda, aunque no me correspondía. Para eso debía cobrar el anticipo de mi contrato con el Inter. Salí en camioneta hacia Buenos Aires y me paró la policía. El guacho me había metido un embargo contra la camioneta. Estaba relacionado con la política y quiso ganar chapa conmigo. Pasé una vergüenza bárbara en Curuzú Cuatiá, al entrar en la comisaría. Como el club era un desastre, ni siquiera pedían recibo de lo que pagaban, así que puse hasta la guita que ya le habían pagado. La joda me salió 54.000 dólares. Recuperé la camioneta embargada tres meses después. Y no estaba en la comisaría, ¿eh? La tenía el tipo ése en la casa«, declaró alguna vez Sergio Goycochea en la revista El Gráfico.

Lo que no dijo el caradura es que lo detuvieron por la camisa que llevaba puesta. Y que agradezca que lo largaron.

Olor a pata

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Remera blanca con mangas 3/4, el pantalón más feo del mundo y alpargatas negras. Todo eso se lo podemos llegar a disculpar al Conejo Tarantini, pero tener al lado a Pata Villanueva en los 90’s es algo que no tiene perdón de Dios. Digan que atrás se observan bellas reliquias, porque sino esta foto no merecería ser publicada.

De la escuela de Saccardi y Corbatta

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Quédense tranquilos que las manchas verdes son producto de una error en la impresión de la revista El Gráfico a principios de los 90’s. Ahora bien, de la indumentaria que lucen los bilardistas entrenadores nadie se puede hacer cargo…ni siquiera ellos.
Vayamos por partes. Humbertito Grondona le pidió prestado el saco gris a su padre y no le importó que le quedara grande. Mucho menos se calentó por ponerse una corbata decente.
Lo de Miguelito Russo se comprende un poco más. Ni soñaba con ser técnico de Boca, recién empezaba como DT y no tenía guita ni para hacerse la dentadura nueva. Por eso, interpretamos, entró a una feria americana con 2 mil australes y se fue chocho con una camisa celeste, un saco marrón y una corbata digna de payaso de circo.

Juan Pordiosero