Colorado m̶u̶f̶a̶ bufa

Luego de haberlo visto desnudo por televisión, en aquel repechaje de la Selección ante Australia, todo el mundo creyó que la imagen del Colorado Mac Allister no podía hundirse más. Después la gente recapacitó cuando lo vio dirigiendo, volvió a replantearse el tema cuando fundó un club, se hizo preguntas existenciales cuando lo vio en el Showbol y terminó por convencerse de que siempre se puede caer más bajo cuando Maradona denunció que el ex Argentinos Juniors arreglaba coimas con Brown y Batista.

Pero esta última foto de la sunga es muy fuerte. Ahora sí, estamos seguros, no se puede caer más bajo. Lo juramos por las nenas (?).

Gracias, Gabindio.

Cerrá una idea, un botón, algo (?)

Si lo pensamos bien tiene algo de lógica. Diego Díaz no lo hace por canchero, ni por agrandado, ni por modelo, ni por ex futbolista. Lo hace por una cuestión de coherencia. Si nunca pudo cerrar ni una camisa, ¿por qué mierda le pedimos ahora que cierre un concepto?

Echale la culpa a Río

Corría enero de 1972 cuando los jugadores de Racing, de gira en Río de Janeiro, decidieron sacarse los prejuicios y salir a caminar por las calles mostrando sus atuendos veraniegos. Lo del Chango Cárdenas y Juan Domingo Rocchia, si hacemos un poco de esfuerzo, se entiende por el contexto. Ahora, lo de Chiche Lamelza, en el centro de las escena con malla floreada y camisa anudada a la altura del ombligo, es para hacer varias preguntas. Dudas, como se observa en la foto, hay muchas.

Gracias a King Mostaza

El goleador embalsamado

¿Cómo no iba a suceder en Vélez Sársfield? El club modelo, prolijo, victorioso en la faz deportiva y ordenado institucionalmente, también tenía que ser un ejemplo a seguir en cuanto al cuidado de sus ídolos. Por eso a mediados de los 90’s a los dirigentes del Fortín se les ocurrió un método vanguardista: embalsamar a sus recientes campeones.

La prueba piloto se hizo con Esteban González, que ni bien se enteró que iba a saltar a la fama por ser el primero se ofreció como conejillo de Indias. Después del arduo proceso a cargo del taxidermista, que incluyó la colocación de una camisa Versace, el Gallego, más duro que nunca, fue ubicado (por no decir puesto) junto a uno de los bancos de suplentes del José Amalfitani.

Pero la cosa no terminó bien. Los insolentes pibes velezanos (e incluso algún que otro infiltrado con remera de Racing) se tomaron el homenaje como una joda. Lo escupieron, le tiraron latitas, le hicieron cuernitos y le pegaron un cartel en la espalda que decía «I ❤ Robin», provocando que retiraran de forma urgente aquel intento de tributo. Y sí, ya no hay respeto por nada.

A ver…te zarpaste en maraca

La invasión de futbolistas colombianos en la segunda mitad de los 90’s instaló en nuestro país, sin que nos diéramos cuenta, una manera alternativa (?) de responder las preguntas. ¿Cómo te sentís, Chicho? «A ver, creo que estoy bien». ¿Fuiste mal expulsado, Patrón? «A ver, yo no hice nada, hermano». ¿Te querés poner este chalequito para la foto, Oscar? «A ver, alcánzame una bermuda de jean que quizás combine».

El inflexible del gol (?)

¿Para qué ponernos a inventar una historia cuando la realidad es tan cruda? (?). Reproducimos parte de una entrevista que Diego Díaz le dio a la revista Caras (nº 619) a mediados de los 90’s:

– ¿Alguna vez recibió propuestas homosexuales para acceder a un trabajo?

Propuestas firmes no. Insinuaciones, varias veces. Cuando trabajaba en publicidad, en varias oportunidades me dijeron que si buscaba algo pase por el departamento o «llamame así venís a probarte unos slips a mi casa». Quizá piensan que porque uno es lindo es flexible. Yo, en esas cosas, soy totalmente inflexible.

Gracias inmensas a @Alotlikelife.

El hijo (de puta) del viento

En sus inicios brilló en River como un delantero lleno de frescura y desparpajo. Marchó al exterior y a fuerza de corridas y goles se hizo muy conocido, sobre todo en Italia. Carismático, distinto, amado por los hinchas de cualquier equipo. Ese es Ariel Beltramo. Tan buen tipo que hasta se sacaba fotos con los harapientos que deambulaban por los pasillos del Monumental.

Se betocarrancea desde la era malla

El Betito Carranza aún era un pibe que soñaba con hacer feliz a la gente de Racing, jugar 1000 partidos con esa camiseta y retirarse en el Cilindro de Avellaneda. Hasta que un día lo agarró Ruben Paz y con la mano en el hombro le dijo: «Mirá, pibe, vos que sos joven tenés que aprovechar. Una vez que pases los 25 años y veas que ya diste todo, empezá a cambiar de club cada 6 meses, no le hagas asco a ninguna liga. Y si podés, no te retires nunca, bo«. El uruguayo era de dar consejos pero no de tirar flores. Las tenía todas en la malla.