El retiro, sabemos, no le pega igual a todos los futbolistas. Algunos consiguen trabajo antes de lo previsto y otros tardan un poco más en encontrar su lugar.
Al Pato Fillol las cosas no le fueron fáciles. En su primer verano como ex jugador, se apareció en el estadio Minella de Mar del Plata vestido como pastor evangélico y aprovechando el entretiempo de un Racing-River, intentó sumar fieles a su religión, el doblecamiseteo. Tan pero tan mal le fue, que le sacaron el rango y lo mandaron tocar puertas. El tema es que nadie le abrió, porque salió a la calle el mismo día que se hizo el Censo ’91. Y ya sabemos que un censista es un eventual ladrón. ¿O no, señora?







