Gustavo Luis Romanello
Extraordinaria y desprestigiada trayectoria la de este delantero rosarino nacido en 1972 que recorrió práticamente todo el continente y jugó en clubes increíbles.
En 1991 hizo su aparición en Argentinos Juniors, época en la que a cada juvenil había que seguirlo de cerca porque posiblemente la iba a romper. Pero este no fue el caso, y luego de estar una temporada apartado de las grandes luces, bajó de categoría para jugar en Villa Dálmine (1992-1993).
Apenas una campaña le bastó para buscar un nuevo destino. Luego pasó por Defensores de Belgrano (1993-1994) y posteriormente por Deportivo Italiano (1994-1995). Finalizada esa temporada, emigró para nunca más volver.
Su primer desembarco fue en México, en el exótico Inter de Tijuana, donde duró poco tiempo. Ese mismo proceso se repitió en el fabuloso Montreal Impact de Canadá (1996) y en el curioso Rochester Rhinos de alguna división yanqui, fundado ese mismo año.
Con el inicio de una nueva temporada llegó otro club. Esta vez unos kilómetros más abajo, en el Marathon de Honduras. Claro, allí también estuvo poco, ya que a mitad de 1997 pasó a formar parte del plantel del mítico Deportivo Vida de ese mismo país.
Allí fue «una muerte» y terminó repartiendo su talento entre Bolivia y Venezuela. En esas tierras se hizo un nombre y reiteró el estilo deambulador. De hecho se la pasó yendo y viniendo. El año 1998 lo hizo jugando para Oriente Petrolero y en 1999 jugó la Copa Libertadores con el Deportivo Táchira , haciendo dupla delantera con el argentino Diego Herrera.
Luego recaló en en el que sería su amado Unión Central de Tarija donde llegaría a formar una cooperativa con los compañeros para poder cobrar. Con ese equipo tuvo el primero de sus cuatro perídos en 1999 y el segundo en 2002. En el medio defendió los colores del Marical Braun (2000) y de los venezolanos Deportivo Italchacao (2000) y Estudiantes de Mérida (2001), junto a Emerson Panigutti.
Increíblemente regresó a Unión y a los seis meses interrumpió su estadía con un semestre en Gimnasia y Tiro de Salta (2002).
De nuevo en Bolivia, se alejó del conjunto de Tarija y en 2004 se vistió con la camiseta del Aurora en compañía de Julio César Valdivieso y Leandro Grech. Dejó un gran recuerdo no tanto en lo futbolístico sino en lo disciplinario.
En un partido en el que el Bolívar les empató agónicamente, el Pelado corrió al juez de línea y lo frenó en seco con un pechazo para luego gritarle y empujarlo. El árbitro lo expulsó y él atinó a manotearle la tarjeta, pero como no pudo, le metió la mano en el bolsillo y le robó la lapicera. Finalmente y luego de forcejear y agredir a policías, se fue hasta las cámaras de televisión para gritar que los árbitros habían recibido un soborno. Fue preso y horas después de concluído el partido, salió de la celda que compartió con «hampones y cacos» según el sitio Bolivia.com y pidió disculpas y aseguró que las horas detenido le servirían de enseñanza.
Empecinado, al año siguiente retornó a Unión, en dónde curiosamente fue arquero suplente en un juego. «Después de tantas idas y venidas decidí radicarme en Tarija, porque me casé con una tarijeña y tengo una hija maravillosa, que se llama Bianca. Yo estoy nacionalizado y mi futuro está en esta tierra, pese a que el fútbol es el peor de los que estuve por culpa de los dirigentes, y a que extraño a mi familia que está radicada en San Nicolás«.
Sin embargo no fue todo tan así, porque se volvió a ir. Pasó por Universitario de Sucre (2005) y Destroyers (2006) con Luiz Sampaio y Murilo Casagrande.
Cerca del retiro tiene un claro objetivo: «tal vez, me postule como presidente de Unión Central«.
Cucu






