Gavatorta Alejandro

Alejandro Roberto Gavatorta
Con ese apellido no podía triunfar en el fútbol. Pero tampoco podía pasar desapercibido. Una combinación ideal para ser merecedor de un homenaje que terminó de rubricar con una carrera impregnada de olor a poco y un par de transferencias insólitas.
Surgido en la cantera de Colón de Santa Fe, vio la luz de la Primera División en 2002, cuando comenzó a tener rodaje en cancha, habitualmente como suplente y conviviendo con jugadores de la talla del Huevo Toresani, Alcides Píccoli, Exequiel Marini y Jairo Morales Santos, entre otros.
Lo hizo debutar el uruguayo Fossati y si bien en algún momento gozó de la titularidad, ya en 2003 comenzó a perderla con el Patón Bauza de entrenador y recién recobró algo de confianza a fines de ese año, bajo el mando de Pablo Morant.
En realidad su situación no era para nada sencilla. Acostumbrado a jugar de volante central, tenía por delante a un referente como Martín Romagnoli y las posibilidades de robarle el puesto eran escasas. Cuando a principios de 2004 desembarcó Pacho Maturana en el Sabalero, Gavatorta se esperanzó pero a contramano de sus ilusiones, otro problema lo aquejaba. Había estado jugando con el contrato vencido durante más de 6 meses.
Su panorama no mejoró y después de un semestre soso escapó por la puerta de atrás, coididiendo con el alejamiento del Negro Martínez, César Carignano y Ariel Pereyra. No sabemos si adjudicárselo a un representante macabro o a su propio espíritu aventurero, pero por esas cosas del destino el mediocampista recaló en la exótica liga rumana, donde enfrentó al National Bucuresti del ex Boca Elías Bazzi.
Ancló durante dos años en el Politehnica Iasi (2006/07), institución que le habrá dado la chance de hacer un par de canutos para asegurarse el futuro. El presente, vale aclarar, lo lleva bastante bien. Ahora viste los colores del FC Thun de Suiza, donde podrá esmerarse en ser un jugador tiempista, pero jamás le dirán que es un relojito.

Juan Pordiosero

Chau Blogger, hola WordPress

Primera parte cumplida de la mudanza prometida. Desde ayer empezamos a utilizar WordPress, el sistema de publicación que reemplazará al viejo y querido Blogger, que nos acompañó durante casi 3 años. Todavía nos falta acomodar un montón de cosas, pero lo grueso ya está hecho. Desde ahora podrán comentar sin problemas (eso esperamos) y además podrán sacar provecho de las categorías en las que fueron distribuidos los posteos. Mientras inventamos un sistema para que puedan ubicar los homenajes fácilmente, pueden utilizar el buscador (arriba, a la derecha) para localizar por apellido a sus baldoseros preferidos.
Desde ya, gracias por la paciencia y seguimos en contacto.

En Una Baldosa

Moreno Leonardo Fabio

morenoleonardofabio

Leonardo Fabio Moreno (El Cantante)
Beneficiado por un fenómeno difícil de empardar, el colombiano Moreno tuvo la inédita posibilidad de baldosear dos veces en nuestro país y con más de 10 años de diferencia. Su primer paso en falso por estas pampas lo dio en 1994, cuando vistió la camiseta de Belgrano de Córdoba en Primera, y se despachó con un gol en 8 presentaciones. Nadie imaginó en ese entonces que el delantero volvería una década más tarde para intentar recomponer su relación con la Argentina.
Formado en el América de Cali (1992/93, 1998/2000 y 2003/04), debutó en el primer equipo a principios de la década pasada y tuvo varios períodos interrumpidos por transferencias a otros conjuntos de Colombia y del exterior.
La costumbre de asegurar una cantidad aceptable de goles por temporada lo llevó a ponerse los colores de Deportes Tolima (1994/95), Independiente Santa Fe (1996), Deportes Quindío (1997), Nacional de Medellín (2005) y Bucaramanga (juega ahí desde comienzos de 2007). Fuera de su nación, su periplo internacional abarcó pasos por México, donde representó al América (2000 y 2001), Atlético Celaya (2001), Jaguares de Chiapas (2002) y Lobos de B.U.A.P. (Benemérita Universidad Autónoma de Puebla) en el primer semestre de 2006; En Ecuador duró muy poco defendiendo la divisa del Macará (2006) por supuestos actos de indisciplina.
Pero si por algo se lo recuerda en estos lares, es por su desafortunado paso por San Lorenzo de Almagro en 2005, cuando llegó al equipo dirigido por el Bambino Veira y declaró con entusiasmo: «soy un atacante con potencia, que se mueve mucho en la ofensiva y cuando veo la situación clara la emboco«. Se tenía fe.
En su debut veraniego la rompió. Metió un gol, dos tiros en el palo y convirtió su penal en la definición ante Independiente. A partir de esa noche casi consagratoria muchos creyeron que estaban frente al reemplazante ideal del Beto Acosta.
Pero no fue así. Compartir la lucha por un puesto con Germán Herrera, Ulloa, Edilio y el Látigo Peirone, increiblemente le fue un obstáculo difícil de superar. Eso, sumado a una pubialgia y a la frágil confianza del entrenador, terminó por ponerle oscuridad a la revancha del atacante cafetero. Como habrá sido de negativo su paso por el Cuervo que mientras él estuvo en el equipo, San Lorenzo llegó a su récord histórico de 603 minutos sin convertir goles. Para ese entonces el Bambino no estaba (el DT era Gabriel Rodríguez) y Moreno era un suplente con pocas posibilidades a pesar de que se había estrenado en la red en un partido ante Huracán de Tres Arroyos. La leyenda cuenta que a un perro que merodeaba por la zona del Nuevo Gasómetro le pusieron «Morenito» y eso terminó de derrumbar el ánimo del goleador.
Su segunda estadía en nuestro país fue tan insignificante como la primera, aunque al menos sirvió para ratificar el concepto del futbolista obstinado y desgraciado, que por más esmero que le ponga, jamás podrá triunfar en estas tierras.

Juan Pordiosero