
José María Zambrini
No se trata de la leyenda del jinete sin cabeza, aunque su caso tiene ribetes oscuros y está signado por la mala fortuna. Por eso no es casual que en la foto haya aparecido con su rostro parcialmente fuera de escena. Forma parte de la mala leche que lo persiguió siempre. Al menos eso intuímos gracias a sus contadas apariciones mediáticas.
La imagen en cuestión fue tomada el 26 de marzo de 1989, en un clásico entre River y Racing que terminó de forma accidentada a raíz de la intervención de un particular que nada tenía que hacer dentro del campo de juego. Zambrini, suplente en aquel encuentro, miraba con asombro la gresca generalizada.
Había llegado a La Academia desde Cerés, localidad de la Provincia de Santa Fe, y haciendo fuerza desde las inferiores se transformó con sacrificio en una alternativa para el ataque. Sin embargo, en 3 años tuvo escaso rodaje. Sólo disputó 13 encuentros y marcó un gol con la camiseta albiceleste, para desaparecer por completo. O casi.
Su última incursión en las páginas de un diario lo tuvo como protagonista de un hecho trágico que nos conmovió.
En diciembre del año pasado, el ex jugador, completamente olvidado por los futboleros y convertido en colectivero de la ciudad de Rosario, perdió su hogar y todas sus pertenencias en un abrir y cerrar de ojos.
José almorzaba con su familia en lo de su tío cuando le avisaron que su propia casa, una prefabricada de 3 ambientes, se estaba incendiando a pocos metros.
Inmediatamante el fuego se apoderó de todo y la impotencia se hizo presente. «No pudimos hacer nada. Cuando nos dimos cuenta esto era un desastre. No nos podíamos acercar. Ahora nos quedamos sólo con la ropa puesta«, declaró Zambrini.
Tres dotaciones de bomberos trabajaron en el siniestro porque las llamas se propagaron rápidamente a dos casas linderas, provocando algunos daños que sumaron depresión al paisaje.
Para colmo, José había recibido pocos días antes a familiares que estaban en la ciudad para hacer una consulta médica. El incendio significó también la pérdida de toda la documentación, estudios y hasta medicamentos recetados para un tratamiento prolongado.
Lo último que supimos es que mientras Zambrini removía los restos para rescatar algún valor personal, los vecinos se comprometían en ayudarlo para que pudiese rearmar su vida. A más de nueve meses de lo ocurrido, esperamos que haya tenido mejor suerte y que de a poco empiece a recuperar, aunque sea, un poco de lo tanto que perdió . Ojalá sea el mismo que participa para el equipo Tornado en el torneo de veteranos del Club Fisherton. Sería un indicio de su mejoría. Desde acá le mandamos un aguante y le dedicamos este sentido homenaje.
Juan Pordiosero





