Méndez Pedro

Pedro Omar Méndez (Chori)
Un histórico de las divisiones inferiores de Boca Juniors. Este lateral derecho nacido el 17 de febrero de 1981 llegó a comienzos de los 90 y se puso a transitar el camino que lo depositaría en Primera, o al menos, cerca. En el verano de 2000 Carlos Bianchi lo llevó a la pretemporada y ahí se pudo sacar las ganas de ponerse casi oficialmente la azul y oro ante Vélez y River en Mar del Plata. En mayo de ese mismo año, iba a debutar ante Rosario Central pero dos días antes del partido se rompió los ligamentos cruzados.
Pasaron los años y seguía siendo un juvenil. En abril de 2003, otra vez con Bianchi en el banco, se le abrió la puerta de la Primera. Estuvo cerca de ser de la partida ante Vélez pero a último momento el Virrey prefirió no quemarlo y mandar a la cancha a alguien con más experiencia.
Un par de semanas después quedó libre al igual que Julio Marchant, Adrián Guillermo, Matías Arce, Silvio Dulcich, Mauro Astrada, Leonardo Verón, Esteban Cardinale, Diego Cepeda, Esteban Herrera, Gabriel Christovao y Ezequiel Molina.
Recaló en Almagro (2003/2004) para jugar en la B Nacional con la Rana Bilbao y Alejandro Meloño y mal no le fue. Disputó 26 partidos y logró el ascenso a Primera. Sin embargo, cuando se le terminó el vínculo con el equipo de José Ingenieros no renovó y bajó otra categoría.
En la peligrosa Isla Maciel defendió los colores de San Telmo (2004/2005). En el Candombero jugó 24 encuentros al lado de Juan Morbidoni, el Loco Muslera y Job Elías.
Después se esfumó, dicen que se fue a jugar al General Caballero de Paraguay, dato que jamás pudimos confirmar.
Quizas su apellido emparentado con el de un ex presidente mufa le jugó en contra. Nunca fue gran amigo de los medios, pocas veces se le acercaron para preguntarle algo y nadie se va a poner a buscarlo.

KeyserSoze

Arana 1998

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No siempre los jugadores de campo convertidos en arqueros protagonizan escenas heroicas. En octubre de 1998, Tigre visitó a Central Córdoba de Rosario en un partido increíble.
Los de Victoria empezaron perdiendo y para colmo, a los 18 minutos del segundo tiempo, sufrió la expulsión de su arquero Luciano Busso. El técnico Pascutti no podía hacer más cambios y ante esa dificultad, el que tomó la responsabilidad fue el lateral Adrián Arana.
Petiso y sin experiencia, hizo lo que pudo e incluso festejó el sorpresivo empate parcial del Matador, a través de Baigorria, de penal.
Cuando la proeza casi era un hecho, llegó un centro de Puchetta, un inútil manotazo de Arana, y un cabezazo de Alarcón que decretó el 2 a 1 para los rosarinos. Triste final para un portero de ocasión.

Juan Pordiosero

Benito Félix

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Félix Leonardo Benito (El Gato)
Así como existen los jugadores que pasan a la historia por haber convertido un gol, también están aquellos que logran reconocimiento a raíz de una jugada que no necesariamente contiene peligro para los arqueros.
Livio Prieto, por caso, lo hizo a través de un caño humillante que rompió a Sebastián Battaglia. El defensor Félix Benito, en cambio, no se anduvo con vueltas y obviando el tomo «Fantasía Vol.1», fue directamente a los bifes (o a la pierna de Carlitos Tévez) para escribir el capítulo más popular de su particular carrera, que por cierto, conjuga otras ricas experiencias que vale la pena detallar.
Se había iniciado en las inferiores de San Lorenzo de Almagro (1997/98), donde llegó a Primera siendo muy joven y fue prestado a Nueva Chicago (31 partidos y 2 goles en la 1998/99), en la B Nacional.
De nuevo en el Cuervo (1999 a 2003), se convirtió en una rueda de auxilio, en un voluntarioso lateral derecho siempre dispuesto a hacer su trabajo alejado de los flashes. Otra no le quedaba. Algunos flojos partidos por el torneo local y copas internacionales al lado de Juan Ignacio Piombo, Lucio Filomeno y Leonardo Di Lorenzo, marcaron su despedida de la institución (integró los planteles campeones del Clausura ’01, Mercosur ’01 y Sudamericana ’02).
Para el Apertura 2003 pasó a Independiente y se encontró con un equipo plagado de jugadores en franco descenso como Emiliano Dudar, Cristian Tavio, Yair Rodríguez, Damián Manso y Cristian Castillo, entre otros. Si bien no jugó demasiado (sólo 5 partidos) se puede decir que obtuvo mucha repercusión. Y todo gracias al jugador del momento: Carlos Tévez.

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En el clásico entre Boca y el Rojo, en la decimotercera fecha de ese campeonato, Benito y el delantero xeneize tuvieron un duelo muy particular conformado por varias acciones. Una de ellas, la de la discordia, fue un fuerte anticipo (aunque sin mala intención) del defensor que derivó en una lesión en el ligamento interno de la rodilla izquierda del Apache.
En cuestión de segundos el futbolista de San Lorenzo estaba en el ojo de la tormenta y respondiendo preguntas sobre la carrera de un rival, como si se tratase de un tema de estado.
Involuntariamente ese episodio lo favoreció para lograr el pase de su vida, ya que a comienzos de 2004 viajo a Italia y se incorporó al Perugia, donde compartió entrenamientos con Fabio Grosso, Marcelo Zalayeta, Zisis Vryzas, Juan Martín Turchi y el hijo de Khaddafi. Un plantel histórico.
El almanaque de 2004 estaba estancado en agosto cuando el Gato pisó suelo argentino imprevistamente para sumarse a uno de los clubes que lo había visto crecer, Nueva Chicago (2004/05). Al año siguiente, ya completamente desconectado de los grandes acontecimientos, pasó sin que nadie lo advirtiera a San Martín de Mendoza (2005/06) y en la temporada siguiente al Deportivo Morón (2006/07), confirmando su irreconciliable relación con los primeros planos.
Frustrado su sueño de subir al Nacional, se le ocurrió algo increíble, un hecho impensado para un ser terrenal. Algo que, evidentemente, sólo pueden hacer los grandes de verdad. A 3 años de haber jugado en el Perugia, con todos los pergaminos conseguidos en Primera División, y con sólo 29 pirulos, aceptó una propuesta de su amigo, el Beto Acosta, y aprovechando que la cancha de Fénix le quedaba cerca (vive en Pilar desde hace años), firmó para el club de la Primera C y se puso a las órdenes del técnico Oscar Santángelo. Extraño para algunos, totalmente previsible para otros.
Lo cierto es que, cuando nos estábamos acostumbrando a leerlo en las formaciones que salen bien chiquitas y sin foto en los diarios, un acontecimiento fatal se cruzó en la carrera del hombre con apellido fantasmal.
La semana pasada, en el partido entre J.J. Urquiza y Fénix, Benito chocó con Carlos Bataras y se cortó el tendón de aquiles. La noticia cayó como un balde de agua fría en el vestuario albinegro y el bueno del Gato, lejos de encender la ilusión, terminó por entristecer a todo el Mundo con sus declaraciones: «Creo que es el final de mi carrera. Ya venía madurando la decisión y esto acelera los tiempos«. Una pena para el pueblo baldosero que aún espera un milagro, un regreso. Una porción más de bizarrez a una trayectoria a la que no le faltó nada. Ni barro, ni Calcio.

Juan Pordiosero

Ferro violeta 1998

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Si bien la firma Umbro fue la primera en introducir el azul violacio en la indumentaria de Ferro Carril Oeste, nadie fue tan lejos como New Balance, la marca que vistió al verdolaga entre 1997 y 2000. Gran sensación generó el conjunto a lo Fiorentina que el equipo de Caballito usó en su primer triunfo del Apertura ’98, en el clásico ante Vélez. A partir de ese día se hizo más común ver a Ferro de violeta, aunque para el siguiente campeonato esa pilcha quedaría en desuso.

Juan Pordiosero

Peralta Juan/Ávalos Víctor Hugo

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Con la soga al cuello a raíz de un pésimo semestre, Quilmes encaró el último tramo de la temporada 1991/92 con una mentalidad autodestructiva que tenía 3 objetivos: dejar libres a los consagrados (Vanemerack, el Nene Comisso, la Pantera Mir y Osvaldo Ingrao, entre otros), quemar algunos pibes (Junior de la 25) y reforzarse con extranjeros de dudosos antecedentes. Este último ítem, el más interesante, es el que exponemos en este post con aires descensivos. Con ustedes, los paraguayos del Cervecero.

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Juan Esteban Peralta (El Tatu)
Llegó en las mismas condiciones que su coterráneo. A préstamo por 6 meses y con una opción de compra para el club del Sur. A pesar de su corta estadía y la mala tarea colectiva, individualmente pudo dejar un buen recuerdo en los hinchas cerveceros, que siempre rememoran dos episodios: un gol a Independiente (atajaba Islas) desde afuera del área y un terrible cabezazo al…cemento del viejo estadio de Guido y Sarmiento. Sí, entre las jugadas más festejadas de este delantero se encuentra un duro golpe contra una pared, luego de haber ido a pelear exageradamente una pelota con un hombre de Unión de Santa Fe. Glorioso.
Completó 11 partidos y 4 goles con la camiseta blanca, para perderse en el anonimato o lo que es peor, la confusión generalizada. En su país actuaron hasta hace algunos años dos jugadores llamados Juan Esteban Peralta. No damos crédito de que sea uno de ellos y tampoco descartamos la posibilidad de que ambos sean la misma persona. Después de aquel impacto craneano, que todavía retumba en los pagos de Juan Gujis, el Mono de Kapanga y la cerveza bien helada, es posible que le haya quedado (como mínimo) un síndrome de doble personalidad capaz de engañar a propios y extraños.

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Víctor Hugo Ávalos Acosta
Respondía al patrón del típico baldosero paraguayo. Alto, con fama de cabecear bien y apellido estándar (las otras opciones en su tierra son Benítez, Cáceres, Cardozo, Caballero y Torres). Aterrizó en la Argentina, se sacó la foto con su compatriota y el técnico Trullet, y salió a ver qué onda en un Quilmes jugadísimo con el descenso.
En su doble función de delantero y volante ofensivo tuvo una labor discreta (12 encuentros) y se despidió de la máxima categoría sin ningún gol. Ni por asomo se barajó la chance de que permaneciera en la institución y sin que nadie lo notara se alejó con rumbo desconocido.
Recorriendo su trayectoria nos enteramos que además de haberse formado en Guaraní, también jugó en Olimpia de su país y en Independiente de Santa Fe de Colombia. Una vez en Chile, su lugar en el Mundo, se dedicó a responder entrevistas profundas y a tweetycarrarizar con los colores de Temuco (2004), Universidad de Concepción (2005), Puerto Montt (2006), Curicó Unido (2006), Santiago Wanderers (2007) y Arturo Fernandez Vial, donde aún continúa, aferrado a una frase que ya se convirtió en una filosofía de vida: «Mi teléfono está encendido las 24 horas del día y si me llaman, conversamos. No hay problemas«. Lo estamos llamando. Queremos saber cómo se dice baldosear en guaraní.

Juan Pordiosero – Fede de México