Zárate Cristian

Cristian José Zárate (El Mago)

Se la hicieron difícil. Y no es que él no le haya puesto voluntad o ganas. Para nada. A mediados de 2000, el querido y querible Daniel Garnero iniciaba su tercera etapa en Independiente, trayendo consigo su talento, mucho amor por la camiseta y también un inmaculado y envidiado récord personal: “Por partidos oficiales nunca perdí contra Racing”.

¿Y El Rojo que le ofreció a uno de sus hijos dilectos? La desconfianza de Osvaldo Piazza, quien no lo había pedido, la indiferencia de los hinchas y la desagradable sorpresa que su histórica camiseta número 10 se la habían dado a Sebastián Rozental, quién llegó a Villa Domínico dos semanas después que El Dany. Además, el pobre Garnero tuvo que entrenar con baldoseros quienes, cual zombies, intentaban tocarlo para contagiarlo y así transformarlo en uno de ellos. Esa era la única meta que tenían gente como Walter León Bustos, Leandro Ávila y el protagonista de este post: Cristian José Zárate, quien hasta se animó a competirle por el puesto en la cancha a Garnero.

Nacido el 29 de septiembre de 1979 en la localidad cordobesa de Isla Verde, este (en teoría) talentoso volante, enganche o mediapunta, sufrió un síntoma que puede ser -como el colesterol- o demasiado bueno o excesivamente malo: el representante prematuro. Y así, tras formarse en Renato Cesarini, a mediados de 1997 apareció en el Sion de Suiza, donde llegó a entrenarse un tiempo con el primer equipo. Sin embargo, su apoderado, La Tota Rodríguez, no pudo arreglar la compra de su pase y así Zárate le dijo adiós a la tierra de Joseph Blatter.

Tras frustrársele -según sus palabras- una prueba en Boca y otra en un equipo italiano, El Mago estuvo un año entrenándose sólo en su pueblo y conoció las mieles del trabajo posta laburando en una metalúrgica hasta que, en junio de 1999, Rodríguez lo acercó a Defensa y Justicia, donde en una temporada del Nacional B metió 16 partidos con un gol y se convirtió en una codiciada promesa. Esto le allanó el camino a su representante, quien se lo enchufó a Independiente como parte de la letra chica del último préstamo de Cristian Domizi.

En El Rojo, Zárate debutó el 6 de agosto de 2000 en el empate 1 a 1 con Almagro por la segunda fecha del Apertura (aunque posteriormente jugaría por la primera jornada ante Belgrano y de ahí la confusión de algunas bases de datos) cuando ingresó a los 72 minutos por Fram Pacheco. Por la acumulación de figuras venidas a menos en su puesto y por la pésima campaña del equipo, El Mago sólo jugó 6 partidos por campeonato siendo titular en apenas uno de ellos. Aunque pudo mostrar su mejor versión, al igual que Piazza como técnico de Independiente, en 5 partidos de la Copa Mercosur de aquel año.

En enero de 2001, los dirigentes le solicitaron a su representante que baje la opción de compra –fijada en dos palos y medio dólar– y, tras la negativa, así finalizaron los días de Cristian Zárate en Primera División. Luego de entrenarse seis meses en El Rojo sin ser tenido en cuenta, a mediados de ese año se unió al Alverca de Portugal, donde pasó sin pena ni gloria. En junio de 2002 firmó con San Martín de Mendoza, donde fue uno de los puntos altos del equipo que llegó a jugar la Promoción contra Talleres de Córdoba. Esa aceptable campaña lo depositó en el Algeciras de la Segunda División Española, donde jugó 23 partidos con 2 goles y compartió asados con Mariano Armentano y Juan Pablo Vojvoda.

Tras la desabrida experiencia ibérica, volvió a San Martín de Mendoza (2004/05), donde se evaporó el buen recuerdo que había dejado en su primera etapa. Sindicado como una promesa que jamás iba a explotar y ya sin un representante que le dicte sus errantes pasos, Zárate se convirtió en un trotacategorías (?) que enamoraba y decepcionaba jornada tras jornada. En el Nacional B también pasó por: Juventud Antoniana (2005), San Martín de Tucumán (2006/07), Atlético de Rafaela (2007/08) y San Martín de San Juan (2008/09).

El Argentino A lo tuvo usando los colores de: San Martín de Tucumán (2006), Unión de Sunchales (2009/10), Talleres de Córdoba (2011), Santamarina de Tandil (2011/12) y Unión de Mar del Plata (2013). Además, en 2012 tuvo un paso fugaz por Jorge Wilstermann de Bolivia. Casi todas esas inestables experiencias tuvieron como hilo conductor la rescisión de contrato de manera anticipada. Una lástima.

Durante el último semestre de 2013, se despidió del fútbol con un paso simbólico por, cuando no, San Martín de Mendoza, su lugar en el mundo que ya se encontraba en el Argentino B. Desde comienzos de 2014, Cristian Zárate forma parte del cuerpo técnico del Yagui Forestello, encontrando algo de estabilidad pero ya muy lejos de aquel pibe que entrenó una temporada con Daniel Garnero, quien lejos de guardar un grato recuerdo aquella caterva de baldoseros, terminó retirándose del fútbol perdiendo 1 a 0 contra Racing en la Doble Visera con un gol de penal del Chanchi Estévez. Y bueno, los récords están para romperlos (?)…

Mal Pase: Oliver Atom a Francia ´98

Inquieto, trasgresor, inconforme… Desde muy joven, Kazuyoshi Miura le hizo honor a la premisa primaria de Kung Fu y, enfundado en un kimono de delantero goleador, salió a recorrer el mundo en búsqueda de su pequeño saltamontes…

Con ánimos de dejar atrás un lugar donde el fútbol era sólo una actividad para estudiantes, en 1985 Miura apareció en Brasil, donde hizo su debut como profesional con la camiseta del Santos en 1990, previo paso por las inferiores de Juventus de San Pablo, Palmeiras, Regatas, XV de Jaú y Coritiba.

Después regresó a su país para hacer goles como nadie con las casacas de la Selección de Japón (donde le sacó el invicto al arco de la Argentina de Passarella) y del Verdy Kawasaki (También llamado Yomiuri y Tokio Verdy). Además, en 1994 hizo historia al ser el primer ponja en jugar en el Calcio al defender la casaca del Genoa, donde fue tildado como “samurai cobarde” luego que Franco Baresi le rompiera el tabique nasal de un cabezazo el día de su debut.

¿Algo más? Si, la historia de vida de El Rey Kazu fue utilizada por Yoichi Takahashi, quien le puso los atributos del atacante a su creación: Captain Tsubasa, conocido en la Argentina como Oliver Atom, el protagonista de la serie animada Los Supercampeones.

Antes que alguno ponga un grito histérico en los comentarios (?), vale aclarar que esto ocurrió desde 1994, cuando se estrenó la tercera serie y la más popular del personaje llamada “Captain Tsubasa J”, ya que en las dos series primitivas y según mencionó su creador en 2010, el Oliver Atom original estaba basado en Mario Kempes.

Como sea, fue así que tanto Miura como Atom nacieron en Shizuoka, se fueron de purretes a aprender Brasil, jugaron en Europa y luego llevaron a Japón a ganar la Copa del Mundo de la FIFA… Bueno, en realidad eso no, ya que uno de ellos se quedó con la leche cuando faltaban apenas pocos días para la máxima cita televisiva (?).

El tema, a decir verdad, llamó la atención por tratarse del único nombre conocido de los orientales en la época pre globalización –junto al del japobrasuca Rui Ramos- pero tampoco fue para que los seguidores del resto del mundo se hicieran un harakiri, como pasa ahora que cualquiera llora por la ausencia de un sueco, un checo, un polaco ó hasta un galés…

En fin, el día previo a que Japón partiese para Francia, el técnico, Takeshi Okada, le comunicó a Miura que no daba la talla para jugar la Copa del Mundo… Demasiado extraño. Por ahí el sensei (?) no se había dado cuenta que, en ese momento, el delantero era el máximo goleador de toda la historia de las Eliminatorias con 28 tantos (luego superado por los iraníes Ali Daei y Karim Bagheri y por el guatemalteco Carlos Ruiz).

El asunto se volvió un escándalo en Japón y el técnico, que ponía cara de Shar Pei cuando se lo consultaba por su decisión, debió dejar Francia y volver a Tokio para dar las explicaciones del caso. De hecho, otra vez en Aix les Bains, el periodista de El Gr*fico, Gonzalo Abascal, escribió como se transformó Okada cuando le preguntó por Miura: “No voy a hablar más del tema hasta que no termine la Copa, pero todo lo que usted me dice no es cierto. Y ahora no quiero hablar más”.

Con el tiempo, la ausencia de Kazu se convirtió en un mito japonés grande como Ryu y E. Honda: a Tévez Miura lo habían sacado de la lista Messi y Mascherano 15 empresas niponas para que no le hiciera sombra al aspirante a ídolo que querían imponer: el marketinero Hidetoshi Nakata, un volante talentoso pero con todo el hielo y la escarcha del Monte Fuji clavado en el medio del pecho…

A pesar de todo, Miura siguió siendo el jugador del pueblo y continuó marcando hitos: en 1999 fue el primer japonés en jugar Champions League (Croacia Zagreb); en 2005 el primer japonés en jugar el Mundial de Clubes (Sydney FC) y en 2012 se sacó la espina cuando al fin disputó un Mundial FIFA: la Copa del Mundo de Fútbol Sala en Tailandia.

Hoy, a sus 47 años, Kazuyoshi Miura sigue batiendo el record de goleador longevo en el Yokohama FC de la Segunda División y no parece tener deseos de retirarse ya que, como dice uno de los proverbios japoneses más aclamados: “quien monta a un tigre corre el riesgo de no poder bajarse nunca».
http://youtu.be/gq2FaDthCPg

Fuera de Stock: Las pantallas de realidad virtual en Japón (2002)

La seducción, por lo general, conlleva una alta dosis de sanata y desesperación en quienes, a veces a su pesar, se encuentran obligados a asumir el rol activo. Todos en algún momento lo hicimos. Ya sea para conseguir un laburo, un agujero, dos agujeros (?) o hasta para gitanear algunos pesitos…

Lo patético y lastimoso del asunto es cuando alguien ofrece, a cara de piedra, brindar labores o servicios de los que no está plenamente convencido. Y más aún, cuando se anima a redoblar la apuesta cuando ya todo está perdido.

En el afán por recibir el privilegio de ser el primer país organizador de la Copa del Mundo FIFA en suelo asiático, promediando la década de los noventa, Japón se animó a prometerle al mundo un novedoso sistema de realidad virtual que, en teoría, iba a ser un antes y un después en la manera de presenciar los espectáculos deportivos.

Todo comenzó cuando el entonces Presidente de la FIFA, Joao Havelange, propuso a Japón como candidato a organizar el Mundial de 2002 y hasta dio por descontada su segura elección, tras lo cual varios segundones dentro del organismo se encolumnaron detrás de él.

Además de asegurar una catarata de dólares y de poseer una liga en crecimiento, el viejecito afirmaba que los nipones iban a sorprender al planeta con un innovador adelanto tecnológico. Pero mejor que hable el crack del waterpolo:

“Si Japón hace el Mundial va a ser algo espectacular. Tiene nueve estadios aprobados por la FIFA. La Final, por ejemplo, se puede realizar en Yokohama. Nos quedarían ocho estadios para 80.000 personas. En cada uno de ellos van a poner pantallas de 100 por 32 metros, por que se va a filmar en tercera dimensión, permitiéndose ver el partido como si se estuviese en la cancha. O sea que dentro del estadio habría en realidad 800.000 personas… Esto, Argentina no lo puede hacer. Tampoco Brasil ni nadie en Europa…”

¿Se entendió, no? De movida, sonaba raro. Y aunque alguno se ilusionó con el proyecto y en esa época se imaginaba a los japoneses como gente que vive trabajando, comiendo arroz y haciendo artefactos electrónicos, el tema parecía, cuanto menos, improbable. Más aún, en un tiempo donde apenas había Internet, nadie tenía una webcam y faltaban más de 15 años para que aparezca James Cameron con Avatar y el 3D.


Un héroe de Anime y Saburo Kawaguchi, el padre de las pantallas

Así y todo, los dirigentes japoneses se vieron obligados a seguir el tocuén hasta las últimas consecuencias. Por ejemplo, con objetivos promocionales, durante el Preolímpico de Mar del Plata ´96 apareció por La Feliz una comitiva encabezada por el fundador de la Japan League, Saburo Kawaguchi, quienes, además de hacer descender la población de perros de toda la zona Puerto, insistieron con el temita de las pantallas.

El affaire de la realidad virtual en el fútbol llegó a su mayor grotesco en mayo de 1996 ¿Qué pasó? Los dirigentes con voto de Europa, África y Asia se le dieron vuelta a Havelange y le dieron su apoyo a Corea, que en ese momento ya veía al Mundial de 2002 como una causa completamente perdida.

Desesperados por no perder lo que en su momento habían conseguido, los japoneses prometieron llevar a bajo costo su realidad virtual a todos los confines del globo. O sea que desde la cancha de Platense, la Tacita de Plata de Jujuy o La Cantera de Aldosivi se iba a poder ver el tiro libre de Svensson como si se estuviese in situ ¡Y todo a las tres de la mañana! Además desde el Luna Park podríamos ver NBA, desde el Buenos Aires Lawn Tenis ver Roland Garros y bla, bla, bla…

Finalmente y como última medida para evitar una votación que lo pusiera de rodillas, el propio Havelange propuso un Mundial compartido entre Japón y Corea para, en silencio, ceder algo del poder que terminaría entregando dos años después.

Los coreanos festejaron una victoria impensada y los japoneses un empate sobre la hora, para luego guardar en algunos diskettes de la Federación el proyecto más delirante y baldosero que dio alguna Copa del Mundo en toda la historia…

¿¿¿Vamos al Mundial??? ¡¡¡Me muero!!!

No es que uno quiera ser pájaro de mal agüero… pero yo les recomendaría a cuatro argentinos amiguitos míos y a otro uruguayo que no canten victoria de antemano sobre su segura presencia en el Mundial de Brasil 2014. Y no por que uno hable motivado por la envidia –que la tengo, claro- sino por que hay varios casos de protagonistas que se ahogaron en la orilla aún después de remarla hasta más de cuatro años.

Las causas de estas ausencias son casi siempre las mismas: enfermedades, que se te caiga el avión (?), en fin… Sin intentar adentrarnos tanto en las razones que tuvo La Parca para actuar y para evitar la morbosidad extrema de algunos y la sensiblería barata y pacata de otros; hoy vamos a hablar de dos casos emblemáticos de protagonistas que dieron todo por un Copa del Mundo… y de hecho, dieron todo (?).

Después de todo, cada cuatro años y durante el primer semestre, lo primero que piensa la mayoría de nosotros ante un deceso de cualquier índole es: “La puta madre, fulanito se perdió el Mundial”, tal el grado de inconsciente subordinación al que nos tiene sometidos la FIFA.

Elio Rossi, Marcelo Polino, Juan Pinto Durán y Carlos Dittborn

Nacido en Río de Janeiro por circunstancias del destino, Carlos Dittborn fue -junto a Juan Pinto Durán- el factor principal para que a Chile se le adjudique la organización del Mundial de 1962, en el Congreso de la FIFA en Lisboa en 1956.

Presidente de la Universidad Católica (1953/54), Presidente de la Confederación Sudamericana (1955/57) y Presidente designado del Comité chileno pro organización del Mundial, su mayor mérito fue comerse crudo al candidato argentino, Raúl Colombo, con su brillante oratoria.

Tras realizar una eximia alocución en un perfecto inglés, Dittborn lanzó una frase que quedaría grabada a fuego en la historia: “Por que nada tenemos, todo lo haremos”, dicho esto para contraponer la arrogancia de nuestro emisario, quien altanero y en argentino (?) minimizó las chances de Chile y manifestó: “El Mundial podría realizarse mañana mismo en la Argentina”.

Una vez adjudicada la organización a Chile, La Parca hizo lo suyo y se llevó a Juan Pinto Durán en 1957 y luego hizo estragos con el terremoto de 9,5 grados en la escala de Richter de mayo de 1960, que dejó más de 50.000 muertos y un país reducido a escombros. Por esta razón, las ocho sedes originales fueron reducidas a cuatro.

Con su frase de cabecera como arma de seducción y motivación, Dittborn se puso a trabajar de manera casi insalubre para que no le quiten la sede a su país y se llegue en tiempo y forma con los compromisos asumidos. El objetivo se cumplió, pero una pancreatitis aguda dejó huérfano al Mundial de Chile apenas 32 días antes que empiece a rodar la pelota. Tenía 38 años…

John “Jock” Stein fue una leyenda del Celtic de Glasgow –equipo del que fue el primer técnico no católico y con el cual perdió la Copa Intercontinental de 1967 frente a Racing- y luego la autoridad papal (?) de la Selección de Escocia, a la que consiguió meter en el Mundial de España ´82.

En septiembre de 1985, por el Grupo Eliminatorio 7 de la UEFA camino al Mundial de México, Escocia llegaba a la última fecha igualada en 6 puntos con Gales y España en el primer lugar.

Los polleritas debían lograr al menos un empate para asegurarse -por diferencia de goles- un lugar en el Repechaje contra la semi profesional Australia, ya que se descontaba que España iba a lograr el primer puesto al enfrentar a la siempre débil Islandia en Sevilla.

Y fue así que, en medio de un clima bélico digno del viejo fútbol británico, Gales recibió a los pupilos de Stein en Cardiff y hasta se puso en ventaja a los 10 minutos con un gol del legendario delantero Mark Huges. Hasta ahí, Escocia se quedaba afuera de todo

Cuando las ilusiones -o mejor dicho, los segundos- se desvanecían y Stein permanecía curiosamente inmóvil en el banco de suplentes, el volante Davie Cooper empató, de penal, a falta de 10 minutos. Escocia volvía a estar en carrera…

Tras aguantar la carga galesa a los ponchazos, cuando el árbitro pitó el final, todos los escoceses iniciaron el festejo. Todos menos Stein, claro, a quien se llevaron al vestuario en medio de un infarto que se había desencadenado mucho antes del penal que selló el resultado.

Una hora después, su ayudante, Alex Ferguson, le comunicaba el deceso de Jock Stein tanto a sus jugadores como a la prensa. Luego él mismo dirigió a Escocia en el Repechaje y también en el Mundial de México. Sir Alex le hizo honor a su mentor, aunque no cumplió con ese axioma que nos acompañó a todos durante más de 20 años y que rezaba: “Este viejo choto se va a morir dirigiendo al Manchester United…»

Video no apto para impresionables…

Baldoseros: Tino Lettieri, el arquero del pajarraco (1986)

Adentrándonos un poco en aquella gran deformación que fue la Selección Nacional de Canadá que participó de México ´86, encontramos la historia del arquero Tino Lettieri quien, precisamente, aprovechó los beneficios de ser un jugador mundialista para abrazar su verdadera vocación…

Sin parentesco alguno con Gabriel, su verdadero nombre es Martino dejá de hacer mierda al Barcelona Lettieri y nació en Bari, Italia, el 22 de septiembre de 1957. Aunque tano de nacimiento, se crió en Canadá, donde se terminó de hornear como persona y comenzó a tomarle el gustito a estar debajo de los tres palos. Típico producto de mundo, durante su adolescencia abandonó su patria por adopción para irse a los Estados Unidos e intentar probar suerte con el fútbol.

Minnesota Kicks de la difunta North American Soccer League fue su hogar entre 1977 y 1981; después regresó a Canadá para jugar un año en Vancouver Whitecaps (1982/1983) y en 1984 se unió a los Minnesota Strikers, para luego retirarse del Fútbol Como Dios Manda, ese mismo año, defendiendo los colores de Canadá en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles.

Como se ve que le gustaba probar con diferentes sabores, el bueno de Tino también fue el portero de los equipos de Indoor Soccer de todas aquellas instituciones y, es más, continuó haciéndolo una vez alejado de las canchas de once. Y fue ahí, curiosamente, cuando le llegó la chance de ir a una Copa del Mundo.

En el último semestre de 1985 y tras dejar en el camino a Haití y a Guatemala por la Primera Ronda de las Eliminatorias de la CONCACAF, el técnico de aquella selección de Canadá, Tony Waiters, le propuso a Lettieri ocupar el lugar de Paul Dolan -quién apenas contaba con 18 años- en vistas a la difícil Ronda Final ante Honduras y Costa Rica por una plaza en el Mundial.

El carismático arquero no solo aceptó, sino que también llevó consigo a su pajarraco de peluche, símbolo fetiche que, una vez conseguida la inédita clasificación, acompañaría a Canadá hasta el Estadio Sergio León Chávez de Irapuato.

Una vez en tierras aztecas, Lettieri también llamó la atención, pero esta vez por ser el último jugador en posar su humanidad sobre México, ya que no participó de la puesta a punto de su Selección porque tenía que jugar algunos partidos de Indoor Soccer y recién apareció por la concentración dos días antes del debut, sin (?).

Por esta razón, su técnico puso al joven Paul Dolan en el primer partido contra Francia y de paso también lo atendió: “Lettieri no se encuentra en la condición física idónea para jugar partidos al aire libre, por que únicamente ha disputado encuentros de fútbol sala”. Todo muy serio…

Pero claro, la pobre reacción de Paul Dolan en el centro que derivó en el gol de Jean Pierre Papin pero, por sobre todo, un pajarraco que le tiraron a aquel arquero y que detuvo el encuentro por algunos minutos fueron demasiadas señales como para hacer caso omiso: Tino Lettieri tenía más pasta para defender el arco de Canadá…

Poco amparado por un rejunte de voluntades que apenas lo ayudaron, el pobre de Lettieri se comió dos aceitunas ante Hungría y luego repitió la fainá faena en la despedida ante la Unión Soviética. A Canadá, se lo morfaron sin siquiera poner la mesa…

Siendo considerado como el punto fuerte de su equipo y también como uno de los mejores arqueros del Mundial, este precursor de Tony Meola aprovechó sus cinco minutos de fama para transformarse en el rey ¿De los penales? ¿De los centros? ¿De los mano a mano?

No, para transformarse en el rey de la pizza, ya que a los pocos meses y sin haber cumplido 30 años desestimó varias ofertas, abandonó el fútbol y consiguió una serie de créditos que le permitieron abrir “Tino´s Café Pizzeria”.

Habiendo ganado varios premios de gastronomía y ubicada en un punto neurálgico de Shorewood, Minnesota, el local se destaca por un punto fundamental: los domingos y los lunes se puede comprar dos grandes de muzza por 25 dólares y hasta hay galletitas gratis. Y, es más, entre porción y porción te podés cruzar con el propio Tino, a quién se le puede consultar, sin ningún tipo de pudores, por qué no invita a manyar a alguno de los muertos de hambre que jugaron el Mundial con él…

Bonus Track: siempre es buen momento para darse una panzada con “El Tiro Libre Despejado Por Una Barrera Propia”; el máximo hito histórico en una Copa del Mundo de aquel menjurje de solteros contra casados, llamados Selección de Canadá. Bon appetit…

Una Zola vez en la vida… (1994)

Una vez conscientes del rol que el fútbol y la existencia nos asignaron a cada uno de nosotros –ya sea tanto por talento y/o sacrificio como así también por la falta de esos mismos atributos- el obligatorio paso subsiguiente es soñar con participar en alguna Copa del Mundo. Ese deseo global recorrió, al menos por un mísero segundo, la cabeza de todos quienes vagamente sabemos de que se trata todo esto. Y el diga que no, mete bolazo

Es así que, por estos días y en cualquier lugar del planeta, podemos encontrar a muchos simpatizantes ultimando detalles de un sacrificio que se extendió durante cuatro años. También divisamos a otros que, tarjeta de crédito en mano, se relamen imaginado las jornadas de fútbol y descontrol que Brasil y la providencia les ofrecen a su humanidad. Hay, además, mucho periodista con la mandíbula fracturada de tanto chupar medias para que se lo incluya en la lista de su empresa y mucha minita finalizando arduas sesiones de gimnasio para luego ir a atorrantear a la cidade maravilhosa, tener la suerte de promocionar alguna marca y poder comer caliente durante algunos años… En fin, el sueño nos incluye a todos

Ahora bien, dentro del rol más importante y perecedero de esta historia -el de futbolista- vemos como a lo largo y ancho del tiempo muchos protagonistas corrieron con suertes dispares y hasta injustas. Por ejemplo, el crack finlandés Jari Litmanen debió reprimir su deseo al ver los compañeros que le tocaron en suerte, en contraposición del arquero árabe Hussein Al-Sadiq, quien asistió a dos mundiales. Y así podemos enumerar miles de casos.

Dentro de los jugadores a los que el destino les hizo justicia poética y pudieron asistir al menos a una Copa del Mundo, encontramos el caso del astro italiano Gianfranco Zola quien, contrariamente a lo que sugieren sus condiciones, sólo estuvo presente en U.S.A ´94. Y, precisamente, no de la mejor manera…

Marazola, aquel pibe que creció bajo la tutoría de El Diego en Napoli, sufrió desde sus inicios el ser contemporáneo de Roberto Baggio y recién debutó con La Azurra en 1991, cuando ya contaba con 25 años. Poco tenido en cuenta por Arrigo Sacchi -quien hasta junio de 1994 lo había utilizado como relevo en apenas seis ocasiones- sólo la empresa Upper Deck apostó a su presencia en el Mundial Yankee, ya que Panini lo ignoró completamente de plano.

Pero claro, durante los primeros meses de 1994, el diminuto técnico tano tuvo un problema de nombre Roberto y de apellido Mancini; y aquello le abrió un inesperado lugar a Zola en la lista definitiva. Aunque, eso si, en un rol absolutamente complementario.

En aquella accidentada Primera Ronda para Italia -quien finalizó tercera en su grupo por detrás de México e Irlanda- Zola no tuvo ni la más remota posibilidad de ver acción, perjudicado por los avatares de un equipo que andaba a los ponchazos. Cuando pensábamos que nos íbamos a quedar con la leche (?) de ver un cacho de su talento, la chance le llegó en el partido por Octavos de Final contra Nigeria. Y aquello quedaría grabado a fuego en la historia

Las recordadas Súper Águilas llegaron al encuentro siendo la gran revelación del torneo y con la mejor generación de futbolistas de su historia. Ganadores del Grupo D por diferencia de gol, los negros mostraron un alegre juego ofensivo como principal virtud hasta en el partido que perdieron contra la Argentina.

Pero por supuesto, en el haber, esta selección mostraba la tan mentada “ingenuidad defensiva” tan característica de toda selección africana. Eso, además de torpeza, escasa concentración y falta de picardía. Todo este déficit, encarnado en su castigada última línea…

Y fue aquel 5 de julio, en Boston, que la historia amagó con dar un giro inesperado. A los 26 minutos, un rebote digno de un aficionado en Paolo Maldini a la salida de un corner benefició a Emmanuel Amunike, quien con un toque suave sentenció el 1 a 0. A partir de ahí la pelota fue toda de los tanos, quienes se encontraron con una defensa nigeriana atenta, sólida y segura. Hasta parecía que Peter Rufai había llevado las manos (?).

El reino del revés. Italia atacaba anarquícamente y Nigeria usaba un catenaccio fìsico para defenderse. Haciendo abuso de la buena estrella, sobre los 30 minutos del segundo tiempo, el lateral Augustine Eguavoen dio una clase de picardía haciendo expulsar injustamente a un rival ¿su victima? Nuestro venerado Gianfranco Zola, quien había hecho su debut mundialista apenas 11 minutos atrás…

La polémica jugada se dio sobre el costado derecho de la defensa nigeriana cuando, luego de un choque entre ambos jugadores, Zola cargó sobre Eguavoen y le ganó la posición de forma vehemente aunque completamente limpia. Y ahí vino la escena dantesca…

Eguavoen cayendo fulminado. El árbitro mexicano Arturo Brizio Carter con la tarjeta roja en alto. Sunday Oliseh festejando como un gol y corriendo a felicitar con un beso la performance artística del defensor. Eguavoen sonriendo desde el suelo y Gianfranco Zola haciendo pucherito, cruzándose de brazos y arrodillándose en el lugar como un nene que no quiere irse de la plaza, para luego sufrir una crisis de furia y llanto. Apenas unos segundos que se inmortalizaron. Gloriosos y patéticos al mismo tiempo.

Así y todo, los nigerianos se acordaron sobre el final que eran africanos (?) y a los 43 minutos del segundo tiempo dejaron sólo a Roberto Baggio, quien mandó el partido al alargue. A los 10 minutos del primer suplementario, Eguavoen, aquel que por un rato fue el tipo más pija del planeta, se tiró sobre Il Codino como si fuese Superman cazando un chorro y el 10 de Italia, de penal, mandó a Las Súper Águilas a hacer las valijas. La naturaleza había vuelto a equilibrar el Calcio.

Pese a lo injusto de la expulsión y aùn con la imagen de Tab Ramos convulsionando ante las cámaras un día antes, la FIFA le aplicó dos fechas de suspensión a Zola. Sin ser tenido en cuenta en la Final ni en los mundiales siguientes, aquellos 11 minutos fueron su One Hit Wonder en la Copa del Mundo…

Por otro lado, y a pesar que en Francia ’98 también vendió algo de humo, la generación dorada de Nigeria se fue de su primer Mundial con demasiado sabor a decepción. La ilusión de un equipo africano con buen juego, orden defensivo y picardía fue, como la participación de Marazola, un sueño de pocos minutos en esta vida…

Paz Germán

Germán Paz (El Pescadito)

Culo, Orto, Ojete, Cortachurros, Llamamoscas, Ano, Ocote, Caquero, Nalgas, Cachas, Poto, Tirapedos, Pan Dulce, Asterisco, Hoyo, Opi, Manzana, Colectora, Upite, Trasero, Cola, Totò… eso es, precisamente, lo que muchos de nuestros venerados baldoseros ostentaron para llegar a hacer su aparición en Primera División… Y no es que uno quiera contradecir a sus defensivos típicos lugares comunes, tales como: “esto es un premio al esfuerzo de mi familia” o “al fin pude concretar el sueño de mi vida” pero, con una mano en el corazón, la carrera de varios de ellos habla por si sola… y la conclusión la mayorìa de las veces es la misma: culo.

Por ejemplo, así fue caso de Germán Paz, un volante por derecha de Estudiantes de La Plata, quien asomó sus narices contra Banfield por la décima fecha del Clausura 2006, beneficiado por la lesión de varios compañeros titulares y también por su técnico, Jorge Burruchaga, quién decidió guardar al resto de su “primera línea” para el decisivo choque ante Independiente Santa Fe de Bogotá por la Copa Libertadores.

Y así, de esta manera, el joven categoría ’84 realizó su debut compartiendo un dinámico mediocampo de cinco volantes junto al Gatito Esmerado, Marcos Gelabert, Diego Galván y El Chelo Carrusca. Nuestro homenajeado fue reemplazado a los 64 minutos por Lenny Kravitz Cardozo, sin imaginar que esta derrota 1 a 0 ante El Taladro también significaría su despedida de la elite, muy a pesar de la crítica de el diario El Clásico, que le obsequiaba un buen augurio (?): “Germán Paz no terminó de acomodarse nunca en la cancha y estuvo perdido en varios pasajes del partido. Nervios, ansiedad y ganas que esta vez le jugaron en contra; pero no dejó de mostrar mucha garra y actitud para remontar su flojo rendimiento de cara al futuro”.

Si bien integró el banco de suplentes de El Pincha en otras cuatro ocasiones; que luego formó parte del plantel de Huracán de Tres Arroyos que descendió del Nacional B al Torneo Argentino A (2006/07) y que también acreditó un paso fantasmal por El Linqueño (2008), su nombre desapareció completamente del mapa hasta que Victoria Álvarez nos lo devolvió en forma de envidia… ¿Quién? Victoria Álvarez, la excelentìsima ganadora del Bikini Open Reef Classic 2011 en Mar del Plata

Y así, cuando no lo esperábamos, volvimos a tener novedades de Germancito Paz, aquel que alguna vez en su vida disfrutó de un impresionante Culo, Orto, Ojete, Cortachurros, Llamamoscas, Ano, Ocote, Caquero, Nalgas, Cachas, Poto, Tirapedos, Pan Dulce, Asterisco, Hoyo, Opi, Manzana, Colectora, Upite, Trasero, Cola, Totò… y que también jugó un partido en Primera División…

Bravo Cristian

Cristian Fernando Bravo

Uno puede llegar a irse de viaje, tener un prolongado matrimonio o hasta poseer una carrera futbolística respetable y, sin embargo, no tener nada interesante para contar. O puede tener un breve aunque escaso paso por cada una de aquellas situaciones y ser un anecdotario con patas, de esos que te animan cualquier asado o furiosa previa de sábado (?). No por meritos deportivas en si, claro. Sino por diferentes hechos y variables que aderezaron aquellos efímeros días. El precoz caso de Cristian Fernando Bravo es uno de ellos.

Este volante central categoría ´78 hizo las inferiores en Platense y a los 20 años le tocó subir a Primera División para integrar aquel más que condenado Calamar que incluía baldoseros de pura cepa (Walter Coyette, Guillermo Santo, Claudinho, Raúl Atenor García, Enrique Colliard, Paulo Miranda) y jugadores medio pelo que estaban tirando sus últimas fichas (Cancelarich, Spontón, Mandrini, Lenguita, Váttimos, El Chivo Peinado).

Con este desolador panorama, a Bravo le llegó la posibilidad de debutar -como titular y con un glorioso dorsal 34 en su espalda- por la decimosexta jornada del Apertura ´98; jornada en la que cayeron por 2 a 1 ante Colón como visitantes y donde lo primero que vio al saltar al campo fue la ovación que las dos escuetas hinchadas le brindaron al Profe Córdoba, quien dirigía su último partido en Platense y se encontraba en un comprensible estado de trance por la reciente desaparición física de uno de sus hijos.

Dos jornadas después y ya bajo la conducción de Raúl Grimoldi, Bravo volvió a ocupar el mediocampo en la derrota 1 a 0 con River Plate, para ser testigo privilegiado de un Monumental semi vacío por el descontento Millonario tras el primer título del Boca de Carlos Bianchi. Era otro mundo, claro (?). Luego participó de la victoria por 3 a 2 sobre Estudiantes en la última fecha de aquel torneo, donde marcó su único gol y el mar de lágrimas se los llevó Aníbal Hay quien, a Dios gracias, se retiraba del referato.

Al siguiente torneo agarró El Negro Marchetta, llegó El Popeye Herrera y sus chances de jugar se redujeron considerablemente. Con el regreso de Grimoldi, Bravo volvió a tener algo de acción y así pudo completar 10 partidos y dar fe de Martín Palermo convirtiendo un penal con ambas gambas. Luego asumió Carlos Rodríguez y, de esta manera, finalizaron los días de Cristian Bravo en Primera División y, al parecer, también en el fútbol, ya que todos los intentos de dar con su paradero conducen hacía otros homónimos que nada tienen que ver con aquel pibe de Platense.

Un destino demasiado extraño para quien alguna vez ganó “El Mejor Gol de la Fecha” del extinto Fútbol de Primera.