Cejas Diego

Diego Martín Cejas
La historia de este volante pudo llegar a ser la de un trabajador del fútbol del ascenso que tuvo la fortuna de jugar en algún momento en Primera División. Con esa carta de presentación no alcanzaría para ser homenajeado, pero Cejas tuvo su semana de gloria.
No fueron 15 minutos de fama, ni un gol o alguna anécdota digna de ser contada, sino que en 1998 apareció en la tapa de la revista El Gráfico persiguiendo pero no pudiendo alcanzar al ya veterano y lento, Mario Lobo.
Nacido en 1972, dio sus primeros pasos en Deportivo Italiano (1991-1994) y desde ahí pegó el salto a Gimnasia y Tiro de Salta (1994-1997) que acababa de ascender a la elite nacional.
El paso fue amargo, de una sola temporada pues perdieron la categoría aún con figuras como Popeye Herrera, el Tigre Amaya, Saldaño, Onaindia y Guiberguis. A eso, se le puede sumar que marcó un gol para Boca, en contra de su propia valla. Fue por el torneo Clausura en un 0-4 a favor del Xeneize con dos goles de Ivo Basay y otro de Manteca Martínez.
Sin embargo, se quedó en el club y tras unos torneos en la B, volvieron en 1997 de la mano de Luis Rueda y Cervera.
Allí llegaron refuerzos como Marcos Barlatay, Sergio Dopazo y Darío Scotto, aunque otra vez la suerte le fue esquiva y retornaron en el ’98 a la segunda división del fúbol argentino.
Con un saldo de 17 partidos en la Primera y 97 en el Nacional abandonó la institución y desapareció de los primeros planos, aunque por poco tiempo ya en el 2000 integró el plantel de Almagro en compañía de Bevacqua, Coria, Esquivel, Gallardo, Núñez y Ramírez. Pero por esas cosas del destino o de alguna fuerza exterior, un plantel integrado por él volvió a sufrir el descenso, aunque no fue culpado porque continuó en el Tricolor hasta el 2002.
En ese momento su carrera profesional dejaba en claro que se trataba de un jugador para categorías de ascenso y fueron una muestra cabal sus últimos equipos: Estudiantes y Mitre, ambos de Santiago del Estero, durante el 2004.
Aquí va el de la tapa de El Gráfico, Don Cejas, famoso por un pelito, que paradoja.

Cucu

Lipo Sebastián

Sebastián Ariel Lipo
Con apellido de caramelo, se puede decir que se trata de uno de los tantos jugadores golosina como Chocolatín Castillo, Gabriel Paletta, Alejandro Gavatorta, el Bombón Rosada y Suchard Ruiz, aunque su carrera no sería del todo dulce y debió pulular por diferentes clubes para encontrar su lugar.
Realizó las divisiones inferiores en Vélez, All Boys y con edad de sexta recaló Huracán donde debutó en el 2003 de la mano de Carlos Babington.
Pero al tener pocos minutos en un club con muchas urgencias, pasó a préstamo a Gimnasia y Tiro de Salta (2004) dejando un saldo de 8 partidos y algunas amistades quemeras como Ramón Ortiz, De La Fuente, Yaqué, Mantilla, Padra, Pablo Islas, López Rojas, Pranich y Diego Cochas.
En el norte tampoco tuvo muchas chances y debió retornar a Parque Patricios, donde lo volvieron a ceder.
El destino fue 9 de Julio de Rafaela para disputar el Torneo Argentino B, institución de la que se fue en forma prematura y sólo cosechó una relación con Ariel Segalla y Juan Manuel Suligoy.
Desesperado por no poder hacer una diferencia económica emigró al fútbol ecuatoriano y justamente así lo retrató. «Decidí alejarme porque me salió una oferta económica muy importante para ir a jugar a Ecuador. Como no venía jugando, lo charlé con la familia, luego hablé con los dirigentes y ellos sin ningún tipo de problemas aceptaron mi decisión«, explicó.
Su desembarco fue en el Técnico Universitario de Ambato (2005) que en ese momento se encontraba en la segunda división y para hacer mucho más ruidosa su transferencia, cayó junto al mítico Sebastián Flores Coronel.
Su paradero actual se desconoce, porque ya no integra el plantel del conjunto estudiantil. No obstante, aún espera que lo contraten El Porvenir o Talleres de Remedios de Escalada que utilizan como publicidad a Lipo, y mientras tanto busca armar un equipo de once con todos sus productos: Capullitas, Praliné Crocante, Ce Leche, Sport, Viena, Menta Roja, Frutales y Gajitos.

Cucu

Salinas Adelio

Adelio Rubén Salinas Vallejos
Delantero con mucho nombre de paraguayo nacido en Ayala pero que no llegó a ser ni la mitad de Celso, aunque también haya pasado por el fútbol argentino.
Se inició en Cerro Corá y en 1994 llegó a Estudiantes de La Plata para jugar el Nacional B.
En el Pincha no tuvo mucha participación, de hecho apenas disputó cinco partidos pero se dio el gusto de sumar un campeonato para su currículum. Tapado por Calderón, Armentano y Arévalos entre otros, no se quedó en la ciudad de las diagonales para disfrutar las mieles del éxito en la A y partió en busca de mayor protagonismo, cosa que encontraría un poco más lejos.
Sin saber demasiado sobre su siguiente paso, estuvo otra vez en Cerro Corá en 1997 y a mitad de año viajó a Chile.
Del otro lado de la cordillera encontró su lugar en el mundo, y con los años fue vistiendo las camisetas de Everton y en el ascenso en Iquique (2000) donde quedó libre por falta de pago, Unión La Calera (2002-2004) con Leonardo Delfino y el Ovalle (2004).
Su carrera continuó, pero no hace falta abundar en detalles. Con su paso fugaz por el fútbol criollo y el hecho de que ni los más fanáticos del León lo recuerden, ya alcanza para figurar en el sitio.

Cucu

Brailovsky a Boca Juniors

En 1981 Alberto Daniel Brailovsky jugaba para Independiente, pero su mala relación con los hinchas y con el ídolo Ricardo Bochini lo hizo intentar buscar nuevos horizontes. A su vez, Ricardo Gareca también se desempeñaba incómodamente en Boca Juniors y surgió la posibilidad de realizar un canje. El Rojo se llevaba al Tigre pero debía abonar además 50 mil dólares de compensación.
Finalmente la transacción no se dio, pero la revista El Gráfico robó media hoja con el rumor. Y nosotros, un post más.

Cucu

¿Batirar esa ropa?

Los ’90 si que fueron una cosa de locos. Y eso lo puede decir Gabriel Batistuta, que con su performance en Italia y la selección se convirtió en estrella y por lo tanto en «dandy», permitiéndose darse cualquier gusto y poniéndose lo que él suponía que tenía onda.
En esta foto junto a su mujer Irina no sólo muestran sus bronceados sino que le agregan esos pañuelos mersas que no sirven ni para mantel de centro de mesa, además de remeras que ni la Bersuit usaría.

Cucu