
Ariel Ortega se crió en la humildad de su Ledesma natal, pero a partir de su talento y desenfado logró llegar a ser una figura mundial. En sus primeros años fue encandilado por las luces de la gran ciudad, cuestión que continúa hasta el día de hoy.
Subido a un taxi tras llegar a Retiro o Aeroparque, el Burro fue escrachado con una camisa auténticamente noventosa.
Ese mix de poliester y vaquero (?) fue una de las modas más nefastas de la década. Del celeste clarito no hay nada que reprochar, pero la parte roja con pintitas hasta da verguenza ajena.
Todo ello, acompañado por una cara hinchada (tres talles más grande) por el sueño aunque las malas lenguas lo asocien a la ingesta de liquídos para adultos.
Cucu




