Claut Ornaldo

Ornaldo Javier Claut (Mono)
Promesa portadora de un asomobroso nombre que surgió de las inferiores de River Plate en pleno proceso Passarella y que a pesar de estar postergado y no descollar jamás, logró hacerse un lugar que le alcanzaría para pasear por una infinidad de clubes de primera y el ascenso.
Debutó en 1990 y permaneció en el Millonario hasta el 92, dejando un saldo de 29 partidos, 2 goles y compañeros como Cocca, Beltramo, Oldrá, Clérico, Del Valle Medina, Carlos Batista, Leo Fernández y Balbis, entre otros.
Sus quince minutos de fama los obtuvo en un clásico frente a Boca Juniors en el cual ingresó en el segundo tiempo y no alcanzó a tocar la pelota, porque en su primera intervención le cometió una durísima infracción a un rival.
La anécdota aún se recuerda, y quien mejor que él para contarla. «En un superclásico, el que Hernán Díaz erró el penal, entré y me expulsaron. Tapia hacía tiempo y le metí un planchazo en los huevos. El Profe Pizzarotti me retó, me acusó de inmaduro, y Daniel me dijo que había estado bárbaro».
En 1993 se resignó y pasó a reforzar al recién ascendido Banfield de Oscar López y Oscar Caballero. Allí volvió se volvió a encontrar con Comizzo y otras figuras como el pelilargo Fabián Alegre, Oscar Acosta, Javier Zanetti, Cozzoni, Taffarel, Cinacaglini, Leo Ramos y Mannarino.
Sin embargo, sus ilusiones se fueron desvaneciendo y durante toda la temporada apenas participó de 13 partidos.
Ese mal trago lo hizo pensar en bajar de categoría y pasó a Quilmes durante una temporada. Luego, viajó extrañamente a España en su primera experiencia en el exterior y recaló en el Villarreal (1995), que por ese entonces se encontraba en tercera división.
No estuvo mucho tiempo y volvió. Buscó revancha en Ferro y allí si intentó ratificar lo insinuado durante su paso por inferiores. Fueron tres años hasta 1998 jugando 50 encuentros y haciendo amistades con varias estrellas del tipo de Mario Marcelo, Chaile, Rodolfo Flores, Polonsky, Morfú y Milton Acosta.
Su sálida fue traumática, porque lo dejaron libre pero con deudas. Sin titubear le hizo juicio al club por 39.000 dólares, instancia que duró varios años y se desconoce si cobró.
En el año del mundial y apesadumbrado por no ser convocado por el Kaiser, volvió a Quilmes para intentar el retorno a la categoría de privilegio. Fue así que junto a Darío Figueroa, Nicolás Tagliani y Sergio Catán le dieron al Cervecero cierta chapa de candidato por sus pasados en primera. Obviamente no lograron el objetivo y hubo salida masiva de profesionales.
Pasó a Tigre (1999-2000) para realizar una decorosa campaña junto a Busso, Gords, Luppino, Orfila, Dundo, Stalteri y Maggiolo, pero ya por ese entonces andaba dando vueltas por su cabeza la idea de volver a probar afuera y sacarse la espina.
Obtuvo una buena oferta, quizás no de un gran equipo, pero si de un país en el que pudo hacer la diferencia buscada y vivir con tranquilidad. Su destino fue el Locarno de Suiza (2001-2002) donde fue compañero de Bruno Calabria y hasta marcó algunos goles.
Sin precisiones sobre su 2003, se sabe que un año después apostó fuerte y cayó en el estelar Defensores de Belgrano. El Dragón para salvarse del descenso formó un plantel con Barsottini, Cantero, Más, Yaqué, Dueña, Pieters, Unyicio, Ábalos, Gianni, Ruiz, Cristian Vella, Pekarnik, Gonzalo Gaitán y Oyola. El resultado fue el esperado, la pérdida de la categoría por penales ante Chacarita.
Buscó nuevo destino y volvió a integrar un equipo con figuras. En Deportivo Laferrere (2005) conoció a «Cubito» Cáceres y al gran «Garrafa» Sánchez. Allí quema su último cartucho y si hacemos un balance de su carrera, pierde por «knoClaut».

Cucu

No estás para la passarella

Si existe algún jugador que ha sabido refinarse con el tiempo y tomado como propia la costura italiana, ese es Gabriel Batistuta, un capo cannonieri que hasta supo ser modelo de marcas importantes.
Sin embargo, nunca es en vano recordar que este muchacho nacido en Reconquista fue durante gran parte de su vida un pibe de pueblo. Por eso, no debería sorprender esta foto en la que el Batigol porta un importante peinado batido que hace juego con la pose ganadora, el pullover con escote en V exagerado y una polera debajo.
Pero eso no es todo, porque el jean semi nevado también aporta y mucho. El 9 la mete dentro de la cancha…pero afuera perdió por goleada.
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Cucu

Monarriz Diego

Diego Oscar Monarriz
Volante surgido de San Lorenzo de Almagro (1987-1992) con gran similitud física al actor Luis Machín, conocido por su «tapa a grrosca» y pasos en Son Amores, Felicidades, Padre Coraje y Montecristo.
Si bien permaneció durante varios años en los planteles superiores azulgranas, jamás tuvo demasiado lugar y debió permanecer a las sombras habiendo sido promesa por su juego atrevido y gambeta corta. Sus últimas apariciones fueron de la mano del «Nano» Areán dejando un saldo de 36 partidos jugados y 1 gol.
Según un sitio web, habría tenido un paso por el Rangers de Sudáfrica y por el fútbol mexicano, datos que no se lograron comprobar. En cambio, sí que jugó en Belgrano de Córdoba (1995), aunque esto es sólo una forma de decir, ya que participó en apenas 4 encuentros.
Ya para 1997 recaló en El Porvenir donde se convertiría en un baluarte. Se vistió de albinegro hasta el 2001 ascendiendo al Nacional B y compartiendo vestuarios con Garrafa Sánchez, Dubra, Raúl Antenor García, Lago Estalote, Forestello, Colliard, Cinto y Aróstegui, entre otros.
Jugando allí tuvo una bizarra historia. Además de asemejarse al personaje televisivo antes mencionado, tuvo su lado artístico mientras realizaba el precalentamiento en un partido ante Arsenal. El entrenador Leonardo Madelón lo mandó a alistarse para ingresar y mientras alongaba vio un micrófono y se puso a cantar. «Creía que estaba desenchufado», pero por varios segundos salió al aire por Radio Rivadavia. Le cortó su sueño un agitado productor que bajó corriendo desde la cabina a avisarle que estaba siendo escuchado por miles de oyentes.
Retirado de la actividad encontró una buena opción, ser director técnico de divisiones inferiores de San Lorenzo, donde trabajó junto a Juan Barbas y Gabriel Rodríguez y llegó a dirigir la reserva. Y tuvo suerte, porque en el 2006 pasó a entrenar divisiones juveniles de River Plate.

Cucu

Saca la mano Antonio…

Siempre creímos que Uruguay era una especie de «provincia» nuestra, por su aproximación, similitud del dialecto y hasta la idiosincracia…pero parece que no es tan así, al menos para Antonio Alzamendi.
Es que el delantero abusó del uso de chinelas de concentración con medias, más conocidas como Adilets. La moda cambió y en la actualidad se utilizan las famosas havaianas con cualquier tipo de ropa, pero en esa época no, y menos de ese estilo.
Para colmo las combinó con un jogging de ciré y para decorar la fotografía, agregó a su familia que parecen sacados de un capítulo de Chespirito.
Lo único rescatable del charrúa fue la bondad para con sus hijos en vestirlos iguales sin ser mellizos y no privilegiando a uno sobre el otro.

Cucu

Romanello Gustavo

Gustavo Luis Romanello
Extraordinaria y desprestigiada trayectoria la de este delantero rosarino nacido en 1972 que recorrió práticamente todo el continente y jugó en clubes increíbles.
En 1991 hizo su aparición en Argentinos Juniors, época en la que a cada juvenil había que seguirlo de cerca porque posiblemente la iba a romper. Pero este no fue el caso, y luego de estar una temporada apartado de las grandes luces, bajó de categoría para jugar en Villa Dálmine (1992-1993).
Apenas una campaña le bastó para buscar un nuevo destino. Luego pasó por Defensores de Belgrano (1993-1994) y posteriormente por Deportivo Italiano (1994-1995). Finalizada esa temporada, emigró para nunca más volver.
Su primer desembarco fue en México, en el exótico Inter de Tijuana, donde duró poco tiempo. Ese mismo proceso se repitió en el fabuloso Montreal Impact de Canadá (1996) y en el curioso Rochester Rhinos de alguna división yanqui, fundado ese mismo año.
Con el inicio de una nueva temporada llegó otro club. Esta vez unos kilómetros más abajo, en el Marathon de Honduras. Claro, allí también estuvo poco, ya que a mitad de 1997 pasó a formar parte del plantel del mítico Deportivo Vida de ese mismo país.
Allí fue «una muerte» y terminó repartiendo su talento entre Bolivia y Venezuela. En esas tierras se hizo un nombre y reiteró el estilo deambulador. De hecho se la pasó yendo y viniendo. El año 1998 lo hizo jugando para Oriente Petrolero y en 1999 jugó la Copa Libertadores con el Deportivo Táchira , haciendo dupla delantera con el argentino Diego Herrera.
Luego recaló en en el que sería su amado Unión Central de Tarija donde llegaría a formar una cooperativa con los compañeros para poder cobrar. Con ese equipo tuvo el primero de sus cuatro perídos en 1999 y el segundo en 2002. En el medio defendió los colores del Marical Braun (2000) y de los venezolanos Deportivo Italchacao (2000) y Estudiantes de Mérida (2001), junto a Emerson Panigutti.
Increíblemente regresó a Unión y a los seis meses interrumpió su estadía con un semestre en Gimnasia y Tiro de Salta (2002).
De nuevo en Bolivia, se alejó del conjunto de Tarija y en 2004 se vistió con la camiseta del Aurora en compañía de Julio César Valdivieso y Leandro Grech. Dejó un gran recuerdo no tanto en lo futbolístico sino en lo disciplinario.
En un partido en el que el Bolívar les empató agónicamente, el Pelado corrió al juez de línea y lo frenó en seco con un pechazo para luego gritarle y empujarlo. El árbitro lo expulsó y él atinó a manotearle la tarjeta, pero como no pudo, le metió la mano en el bolsillo y le robó la lapicera. Finalmente y luego de forcejear y agredir a policías, se fue hasta las cámaras de televisión para gritar que los árbitros habían recibido un soborno. Fue preso y horas después de concluído el partido, salió de la celda que compartió con «hampones y cacos» según el sitio Bolivia.com y pidió disculpas y aseguró que las horas detenido le servirían de enseñanza.
Empecinado, al año siguiente retornó a Unión, en dónde curiosamente fue arquero suplente en un juego. «Después de tantas idas y venidas decidí radicarme en Tarija, porque me casé con una tarijeña y tengo una hija maravillosa, que se llama Bianca. Yo estoy nacionalizado y mi futuro está en esta tierra, pese a que el fútbol es el peor de los que estuve por culpa de los dirigentes, y a que extraño a mi familia que está radicada en San Nicolás«.
Sin embargo no fue todo tan así, porque se volvió a ir. Pasó por Universitario de Sucre (2005) y Destroyers (2006) con Luiz Sampaio y Murilo Casagrande.
Cerca del retiro tiene un claro objetivo: «tal vez, me postule como presidente de Unión Central«.

Cucu

Zapella Carlos

Carlos Alcides Zapella
Defensor con nombre de lateral ochentoso del fútbol del interior que sin embargo surgió de las inferiores de Boca Juniors y que en 1993 fue convocado a la Selección Argentina Sub 17 que afrontó el Sudamericano de Colombia.
Allí y al igual que varios compañeros formó parte del plantel, pero la posterior y frustrante desafectación para el Mundial de Japón, marcó su destino.
En ese equipo, también tuvieron sus comienzos valores como Orrego, Dossetti, Bernacchia, Delfino, Vilariño, Grande, Cantero, Pacheco, Biagini, Milton Acosta, Nico Diez, Lutman y Romay entre otros.
A pesar de su historia con la albiceleste, para llegar a primera aún quedaba un largo camino. Luego de sortear obstáculos y hacer una gira por México con los profesionales y otros jugadores de su camada como La Paglia y Pablo Islas, el gran momento llegó.
Alcanzó a debutar en la primera xeneize en 1997 , compartiendo algún entrenamiento con Maradona, Caniggia y todo el cabaret. Aquel 12 de agosto Boca empató en cero en Jujuy, y el entrenador interino Esteban Pogany puso en cancha a Sandro Guzmán; Zapella, Del Río, Matellán, Gallo; Cagna, Peralta (Scolari), Calvo (Rosada), Cantero (Herrera); Pedro González y Ruíz.
Posterior al encuentro, el pibe se despachó con un «creo que respondí». Esa, fue su última vez, aunque al menos se quedó una temporada más.
Años más tarde, aparecería jugando para Comunicaciones (2001-2002) en una categoría que jamás imaginó.

Cucu

Ozzán Osvaldo

Osvaldo Rafael Ozzán
Enganche capitalino nacido en 1970 que sorprendió con tres goles en su primera temporada como profesional en San Lorenzo de Almagro (1989-1990). En ese campeonato terminó subiendo al podio de goleadores del plantel, por detrás del «Beto» Acosta y Víctor Hugo Ferreyra.
Sin embargo, en la campaña siguiente prácticamente no gravitó (completó 35 partidos en el Cuervo) y fue cedido al Cúcuta Deportivo de Colombia (1992). El equipo finalizó sexto en el grupo A, pero al menos él tuvo minutos en cancha que le permitieron retornar al azulgrana, aunque ya había perdido mucho terreno. No obstante, en 1993 participó unos minutos de la copa América 2 que enfrentó al Cuervo con el Tenerife de Valdano con Latorre, Pizzi y el «Chemo» Del Solar.
Indicado en los foros de páginas partidarias como un jugador mediocre, partió a una aventura sudamericana que se extendería hasta límites impensandos.
En un primer orden jugó en el Huachipato de Chile y luego en el Cobresal (1994). A éste último se unió junto a casi un plantel entero y hasta allí su historia no tenía ningún tinte dramático, pero buceando en las estadísticas, arrojaron que se fueron al descenso.
Abandonó el país y desembarcó en Bolivia, donde haría una carrera prácticamente ininterrumpida. La temporada 1995-1996 la jugó en Oriente Petrolero donde marcó un par de goles. Tuvo un efímero paso por Deportivo Quito de Ecuador (1997) y volvió. Se calzó la del Blooming (1998-1999), después defendió al Real Santa Cruz (2000-2001), posteriormente al Guabirá (2002) y por último a Unión Central en el 2003.
Así se convirtió en un trotamundo, trantando de conquistarlo como su primo, Ozzán A. Bin Laden.

Cucu