¡Feliz día!

Hoy se conmemora en Argentina y en el mundo entero el Día del Baldosero, en homenaje a todos esos futbolistas de poco ángel que supieron vestir fugazmente o de la mala manera la camiseta de nuestro equipo.

Las promesas truncas, los grandes chascos, las contrataciones lamentables, los que desilusionaron, los que fracasaron, los que robaron y los que asomaron para luego desaparecer. Todos ellos se resumen en un término: Baldosero. Y el 1º de junio es el día para recordarlos con una sonrisa, una anécdota, una jugada y por qué no una puteada. O varias.

Es la oportunidad para que los hinchas de Boca rememoren el gol de Claudio Benetti en el ’92, o para que que los de River recuerden al eterno arquero suplente Alejandro Saccone. Los de Racing pueden decir «Yo vi jugar al Simpson Allegue» y los de Independiente pueden llorar acordándose de Sergio Manoel, aquel 10 brasileño que no sabía quién era Bochini.

El pibe millonario Rubén Bruno, Roberto Gaucho, Cristian Colusso, Tony Gómez, el Doctor Khumalo, el Karateca Vallejos y muchos más forman parte del universo baldosero. ¡A festejar!

¿Por qué un 1º de junio?

El 1º de junio de 1997 Boca Juniors recibía al Deportivo Español en la Bombonera. En el arco Xeneize estaba nuestro amigo Sandro Guzmán, que hasta ese momento había alternado buenas y malas sin poder ganarse la total confianza del entrenador Héctor Veira.

Después de una primera mitad en el que el arquero dejó muchas dudas producto de algunas jugadas desafortunadas, el Bambino decidió sacar a Guzmán en el entretiempo lanzando una frase que sería histórica: «te saqué para protegerte«. A partir de ese momento la carrera de Sandro ya no fue la misma y pocos años después abandonaría el fútbol para dedicarse a la música.

9 años

Cuando empezamos con todo esto lo único que teníamos por delante era un rectángulo en blanco que había que rellenar con letras, según sugería Blogger. Apenas si sabíamos lo que era un blog, nunca habíamos escaneado una foto, escribíamos bastante mal y no conocíamos a nadie que nos recomendara.

Lo única que nos quedaba, hace 9 años, era empezar a llenar esos rectángulos blancos con caracteres negros. Unas líneas de texto, una foto y click en Publicar. Lo que restaba después era esperar la devolución de los lectores por e-mail, porque ni comentarios teníamos.

Ya el primer año tuvimos una buena aceptación, escasa, pero buena al fin. ¿Cuántos nos leerían? ¿50 tipos? ¿100, con toda la furia? Lo importante era que nos empezaba a divertir cada vez más eso de contar historias de jugadores. Entonces agregamos historias de camisetas, de partidos, de todo lo que nos resultara interesante y que estuviera a contramano de los sitios de actualidad. Los blogs, al poco tiempo, se convirtieron en una moda. Había que tener uno, aunque no se supiera bien para qué.

Independientemente de ese auge, que naturalmente un día desapareció, a nosotros nos siguió entusiasmando el simple hecho de escribir. Recordar, leer, investigar, chequear, preguntar y escribir. Y fue así como ese ejercicio nos fue llevando a distintos lugares, desde los más previsibles hasta los más insospechados: una redacción, una editorial, un canal de televisión, una radio, un escenario, un estadio y un cabarulo montón más que justo ahora no vienen al caso.

Nueve años más tarde podemos decir que llenar rectángulos blancos, con muchos caracteres o con menos de 140, nos enseñó mucho de aquello que ignorábamos al principio. Lo único que había que hacer, para aprender, era ponerse laburar. Unas líneas de texto, una foto y click en Publicar.

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