
Juan Marcelo Torres Mozzoni
Defensor surgido de las inferiores de River Plate que a lo largo de su carrera dio claras muestras su falta de buena suerte para pegar el salto definitivo. «Las cosas no se dieron. El año 99 estuve muy cerca de lograrlo. Jugué en las Reserva y en 2000 me dieron la oportunidad de ir en el banco en un juego, pero las cosas no salieron«, declaró alguna vez.
Nacido en la localidad cordobesa de Manfredi en 1981, llegó al Millonario en 1998 después de varias pruebas. Gustó su versatilidad para actuar como marcador central y lateral derecho y por eso quedó en la pensión del club. Su momento más glorioso estuvo marcado por el frío, y en forma literal. El 10 de agosto de 2001 disputó un inusual clásico de inferiores ante Boca, en Bariloche, y marcó el gol que selló el triunfo de La Banda.»Esto es un sueño, el momento más feliz de mi vida. No quiero llamar a mi pueblo porque no me van a creer que ganamos con un gol mío«, dijo emocionado sobre su derechazo con tres dedos que se le coló al arquero Dulcich.
Pero la alegría no terminó ahí. Unos meses después, el técnico Ramón Díaz lo convocó para integrar el plantel superior tras un inconveniente que retuvo a Celso Ayala en su país. Torres Mozzoni fue al banco de los suplentes ante Colón, en Santa Fe y vio sentadito como jugaban Ariel Franco y el Chino Garcé.
Después deambuló por Cuarta y Reserva sin encontrar alguna mano piadosa que le diera otra oportunidad y luego del Clausura 2002 pasó a Defensores de Belgrano (2002/06) en el combo «te doy lo que me sobra«. Asi fue como arribó al Dragón, como un supuesto refuerzo de categoría para afrontar el Nacional B. Los hinchas rápidamente se dieron cuenta de su pobre técnica y su poca capacidad para resolver problemas en el área propia. Pasaron los técnicos y él se las arregló para ser titular, o por lo menos para entrar en los segundos tiempos.
Muchos recuerdan un partido en el Palacio Ducó, frente a Huracán, cuando iban 1 a 1 y el árbitro pitó un penal a favor de Defe. El muchacho en cuestión lo pateó y envió la pelota a la cancha de Barracas Central. Andújar, por ese entonces arquero del Globo, sacó alto, fuerte y lejos, un defensor visitante le pifió a la pelota, dejándole servido el gol a Claudio Guerra a los 43 minutos del segundo tiempo. ¿Saben quién fue el que le erró a la bocha? ¡Marcelito!.
Increíblemente, en la guía del ascenso de la temporada 2004/05 de Olé, este jugador figuró como el símbolo del equipo. También fue bautizado por la parcialidad «rojinegra» como Torres Muffoni, por su excelente virtud de estar siempre en el momento menos indicado.
Siendo uno de los pocos sobrevivientes del descenso a la Primera B, gracias a que River jamás aceptó su regreso y porque a Defensores siempre se le complicó para sacárselo de encima, resistió estoicamente hasta mediados de 2006 cuando agarró una oferta del Atlético Huila de Colombia y varios respiraron aliviados. A su llegada, claro, vendió humo como buen argentino chanta. «La garra es lo primordial y vamos a darle lo mejor de ello al Huila«.
Cazador