Mal cosido, a lo Frankenstein. Así salió a la cancha Chacarita en el Apertura 2003, tratando de tapar el inmenso logo de su viejo anunciante, Cirsa, con un parche tricolor de líneas irregulares y la marca de su sponsor técnico, Mitre, en el pecho. Como se puede observar, las costuras no eran para nada delicadas y el grueso de los bastones blancos no coincidía con el diseño original.
Archivo del Autor: juancastromdp
Falero Raúl
Raúl Ricardo Falero
Atacante uruguayo con apellido de jockey y cara de boxeador, llegó a la Argentina a fines de los 80’s con ganas de triunfar, pero se le hizo realmente difícil. Y oportunidades, a decir verdad, no le faltaron.
Nacido el 25 de marzo de 1968 en Montevideo, apareció en la Primera de Bella Vista, club que le serviría de refugio luego de cada uno de sus chascos en el exterior. El primero, por caso, lo sufrió Newell’s (1989/90), donde disputó 9 partidos y apenas hizo 1 gol.
La segunda experiencia en nuestro país la tuvo en el mítico Chaco For Ever (1990/91), junto a Ciancaglini, Jones, Niveyro, Cariaga y Tilico. Con la camiseta blanquinegra jugó 8 encuentros (todos como titular) y sólo le marcó 1 gol a Huracán.
Ya en 1991, de nuevo en Bella Vista, compartió pura historia baldosera con Rodolfo Falero, Henry López Báez, Alejandro Grandi, el gran Juan Ramón Carrasco y Quique Ferraro, el ex de Mónica Farro. Un plantel delicioso.
Dicen que después, más veterano, anduvo en equipos como Alianza Atlético Sullana de Perú, Azucareros de Guatemala (1998/99) y Municipal Limeño de El Salvador (2002), donde pudo lograr que le gritaran ¡Falero viejo, nomá!
Excursionistas Irlanda 1994/95
Así como el Deportivo Español terminó utilizando la casaca de la madre patria luego de USA ’94, otro equipo argentino quedó enamorado (?) de la indumentaria adidas mostrada en el Mundial y tuvo la gran idea de vestir la camiseta de Irlanda, que si bien no tiene nada que ver con sus orígenes, al menos compartía los colores verde y blanco. El naranja y el escudo, en este caso, iban de regalo.
(Gracias Carlos. Créditos a Excursionistas 1910)
Beto Acosta 1991
Alguna vez vimos como el Beto Acosta, en 1991, defendió el arco de San Lorenzo en un partido ante Estudiantes. Lo que no sabíamos, por entonces, es que la fama de arquero improvisado la había ganado también en Francia, donde ese mismo año se calzó el buzo y los guantes ante el Montpellier, en su último partido con el Touluse, antes de regresar a la Argentina.
Pelé 80’s
Como ya hemos visto en más de una oportunidad, al Rey Pelé le cabía ir al arco de vez en cuando. Incluso ya retirado, se ponía los guantes, el buzo y el pantalón ajustadito (¡qué necesidad!) para atajar un rato.
Un evacuado se viste mejor
La leyenda cuenta que un joven Marcelo Bielsa, por entonces entrenador de Newell’s, tuvo la valentía de arriesgar su puesto y recibir a un grupo de exiliados cubanos que había llegado a Rosario, en balsa, por un pequeño error de cálculo.
El bueno del Loco, no sólo les hizo lugar en el plantel profesional. También les dio alimento (estaban hambrientos) y algo de ropa. Con el tiempo, algunos como Julio César Saldaña y Alfredo Berti llegaron a Primera, pasaron a un equipo grande y pudieron comprarse una pilcha como la gente.
Benítez Marcelo
Marcelo Javier Benítez
Haber disputado 4 partidos en Primera División sin haber perdido debería ser, para un baldosero, un orgullo digno de condecoración. Y mucho más para un jugador del Racing de los 90’s. Ese es, de alguna manera, el rasgo distintivo de Marcelo Benítez, un marcador central surgido en el club Liebig de Colón (Entre Ríos), que llegó a La Academia con edad de Quinta División.
Tras haber ido al banco de suplentes de Primera en un par de partidos bajo la tutela de Juan Carlos Oleniak, finalmente debutó de la mano de Perfumo, el 12 de junio de 1991, en la victoria 1 a 0 ante Newell’s con con gol del Beto Ortega Sánchez, de penal. Después, vendrían otros 3 empates para sumar a su currículum.
En 1992 pasó al fútbol uruguayo pero mantuvo los colores, ya que vistió la camiseta de Cerro. Tras 12 encuentros, volvió al país actuar en Douglas Haig de Pergamino, donde apenas fue al banco en una oportunidad y no le quedó otra que irse.
Luego, en Concepción del Uruguay, Benítez encontró el lugar para mostrarse con regularidad. Disputó el viejo torneo del Interior para Gimnasia y Esgrima (1993) y después de quedar eliminado bajó hasta la liga local para jugar en Atlético Uruguay durante un par de años. Gimnasia lo repatrió en 1995 para el Argentino A y con ese equipo logró el ascenso, ganándole la final provincial a Patronato de Paraná.
La experiencia en la nueva categoría con los entrerrianos, sin embargo, le duró poco. Se fue al descenso en la temporada 1996/97 y pasó a Godoy Cruz de Mendoza (1997/98). Sus últimos años, lejos ya de las grandes campañas en el ascenso, se remitió a los torneos locales y regionales con Atlético Uruguay y clubes de la localidad de Colón como Sauce, Campito (?), Defensores y San José.
En el 2007 abandonó el fútbol y se dedicó a la dirección técnica. Hoy, con casi 40 años, 2 hijos y una hermosa familia, trabaja en su propia distribuidora de bebidas y sigue jugando en torneos seniors, algo que nunca nos hubiésemos enterado si el mismísimo Marcelo Benítez no hubiera tenido tanta buena onda para contarnos su historia por mail.
Y hay que decirlo. Tuvo suerte que antes no encontráramos una foto suya, sino sólo hubiésemos puesto «es un muerto que jugó 4 partidos en Racing«. Y a lo mejor no estaríamos mintiendo (?).
Fuera de stock: torneos con partidos de 45 minutos
El drama de vivir sin fútbol en el receso que se produce entre un campeonato y otro provoca que la gente ingrese en estado desesperante y apele a cualquier espectáculo deportivo que se parezca a un partido por los puntos, así sea una copa de verano o el showbol, para tratar de saciar su sed.
En ese contexto surgieron en la Argentina, allá por mediados de los 90’s, los torneos amistosos con encuentros de 45 minutos. ¿Lo qué? Sí, jornadas futboleras con al menos 3 equipos que intentaban ganarse la gloria (?) en partidos de un sólo tiempo.
La extraña modalidad, supuestamente importada de Europa, tenía otras características inusuales, además de la escasa duración del juego. En caso de igualdad, los equipos definían el match con ¡tiros desde el córner! Sin arquero, claro.
La empresa Telemarket organizó en 1993 la Copa Libertad en la cancha de Huracán. Con transmisión de Canal 9, el domingo 17 de enero de ese año se enfrentaron Nacional de Montevideo, Newell’s y el club local.
Aquí el detalle gracias a la colaboración del periodista Diego Jolodovsky:
Huracán 0 – Nacional 1 (8′ José García)
Newell’s 0 – Nacional 0
Huracán 1 – Newell’s 3 (39′ Leiga / 13′ Mendoza, 28′ Pochettino y 36′ Ruffini).Definición por córners:
Para Nacional: José García y Vidal González (arriba del travesaño), Wilson Núñez (gol).
Para Newell’s: Zamora (pegó en el palo), Llop (arriba del travesaño) y Saldaña (no convirtió).Los uruguayos ganaron el torneo por goles olímpicos. El único que convirtió con un remate desde el tiro de esquina fue Wilson Núñez, delantero que en Argentina jugó para Mandiyú y Deportivo Español.
Estadio: Tomás A. Ducó
Público: 2000 espectadores.
Al año siguiente, la empresa que organizaba (y que sigue organizando) los torneos veraniegos decidió rajarse de Mar del Plata y llevar el fútbol a Mendoza. Así fue como la ciudad costera se quedó sin uno de sus atractivos y tuvo que recurrir a un triangular con partidos de 45 minutos. El Gráfico, en aquel febrero de 1994, publicó lo siguiente:
El mini torneo entre Alvarado, Yokohama de Japón y Newell’s, fue ganado por los marplatenses, que bajo el mando de Menotti se preparaban para uno de los mayores fiascos de su historia.
Los Leprosos, mientras tanto, ya parecían experimentados en la materia y provocaban entusiasmo. Y no sólo por su gran tirador de córners, Julio Zamora, sino también por Diego Maradona, jugador que pese a integrar el plantel jamás se presentó al triangular ni al amistoso ante Vasco Da Gama unos días antes (foto), en lo que fue el inicio de la famosa desaparición pública que terminó con los balinazos en la quinta de Moreno. Pero esa es otra historia.
Los torneos con partidos de 45 minutos y definición desde el córner en caso de empate, pasaron a mejor vida y casi nadie los extraña. Pero qué bien vendrían en épocas de pretemporada.









