Especiales: Airet, el arquero sacerdote

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Sandro Cristian Airet

No debería ser tan extraño pero lo es. El mundo del fútbol a veces pareciera no estar preparado para las historias de vida fuera de lo común. De la casa al entrenamiento, del entrenamiento a la casa, y un partido los fines de semana. Ese es, de alguna manera, el concepto de rutina que uno idealiza sobre los jugadores. Pero hay quienes van un poco más allá, como Sandro Airet, el arquero sacerdote.

Nacido en la localidad de Rojas, se fue de muy pibe a Pergamino para jugar en Douglas Haig y tuvo su debut con tan sólo 17 años, en la temporada 1990/91 del Nacional B. Luego transitó las inferiores de Boca Juniors y hasta volvió a sus pagos para actuar en Argentino. Su conexión con la Primera División de nuestro país se dio en 1996, cuando estuvo probándose en San Lorenzo, por entonces dirigido por el Bambino Veira.

Con sus pasos por Defensores Unidos de Zárate (1996 a 1998) y Lamadrid (1998/99), parecía convertirse en un mortal más del ascenso. Y de hecho lo terminó siendo, pero con una experiencia internacional que le dio cierto handicap a su trayectoria. En 1999 se unió al Fluminense de Brasil, que remaba en la Série C, y a pesar de que no debutó oficialmente se dio el lujo de jugar algunos amistosos como titular. Con el nombre de un club importante en su legajo, uno imaginaba que Airet estaba en condiciones de regresar a la Argentina para subir de categoría. Y se elevó, sí, pero en otro sentido.

Impulsado por una necesidad interior que le había surgido desde muy jóven, ingresó a un seminario eclasiástico y durante 4 años se alejó del fútbol. Luego, con la colaboración de un rector y con los horarios un poco más acomodados, regresó a las canchas. Primero unos años en Huracán de Rojas y luego en Defensores de Salto (2006 a 2009), con el que disputó el Torneo Argentino C y B. «De entrada sólo entrenaba los viernes y jugaba los domingos. Mientras iba haciendo la pastoral en la Parroquia de Salto. Para armonizar ambas actividades, me iba acomodando casi día a día. Gracias a Dios pude hacerlo y en Defensores pasé años fantásticos. Fue un regalo inesperado que me hizo Dios: integrar un plantel sensacional, por calidad de futbolistas y valores humanos, y lograr el ascenso en el club de la ciudad donde estaba haciendo la pastoral e iba a oficiar de cura en los próximos años«, contó.

A fines de septiembre de este año, en una emotiva ceremonia en la Iglesia Parroquial de la Conversión de San Pablo, Sandro Airet recibió la orden del diaconado, el paso previo a la ordenación sacerdotal. El año que viene será cura en Salto y hasta tiene el sueño de jugar en 12 de Octubre de Ferré, club que participa de la liga local. Si Dios quiere, eso sí (?).

Ortiz Gavilán Pablo

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Pablo Luis Ortiz Gavilán

Mediocampista paraguayo que, haciendo gala de su segundo apellido, voló bajo por el fútbol argentino, intentando rapiñar fama, dinero y reconocimiento, factores que se le negaron por una simple razón: jugó en el Talleres de Córdoba del Apertura ’90, equipo que terminó de la mitad de la tabla hacia abajo y que llegó a comerse un 4 a 1 con Ferro, en el único partido en el que los dirigidos por Griguol pudieron sacar más de un gol de diferencia.

Ortiz no actuó en esa fatídica jornada, pero sí lo hizo en otros 7 encuentros de ese torneo, incluido el triunfo 3 a 1 ante Racing en Avellaneda, con un gol suyo y un par de Darío Campagna. Después, se perdió entre la muchedumbre. Quisimos ubicarlo preguntándole a sus ex compañeros pero el único contacto que tenemos es el de Kenig y no nos contesta. ¿Alguien sabe si está enojado?

Bancame que ya (de)vuelvo

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«Mirá, Turquito, la cosa es simple«, le dijo Maradona. «Vos te tenés que hacer cargo del equipo, ser el referente, hablar con todos, gritarle a la defensa, ordenar el mediocampo, solucionar los problemas que tenemos arriba. ¿Me entendés?«, completó el 10. «Sí, Diego. Querés que sea el capitán, la voz de mando«, contestó Claudio García. «Noooo, papito. Necesito que esta noche seas el técnico. Yo tengo un carnaval en Río de Janeiro y si no salgo ahora no llego ni cagando«, cerró el inexperto entrenador de Racing.

Matuszyck Horacio

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Horacio Ignacio Matuszyck (El Polaco)

Puntero veloz y movedizo, pero también también desprolijo y errático. Surgido en las inferiores de Boca Juniors, debutó en Primera el 11 de octubre de 1981, en la histórica victoria por 7 a 1 frente a San Lorenzo de Mar del Plata, en la Bombonera. Pero semejante resultado no sería indicio de una carrera brillante. Para nada.

Con la camiseta del Xeneize disputó 16 encuentros entre 1981 y 1982, obteniendo algo de chapa para actuar con mayor regularidad en otra institución. Así fue cómo se sumó a otro grande, Racing Club. Si bien encontró más posibilidades para mostrar su rapidez y sus centros a la nada (jugó 53 partidos y marcó 1 gol), todo terminó de manera trágica cuando La Academia descendió a la B.

Algunas crónicas dicen que Matuszyck volvió a Boca en 1983 para añadir un partido más a su legajo azul y oro, pero al año siguiente regresó a Racing para tratar de ascender junto a Brindisi, Cordero, Sarulyte y Pavón, entre otros. ¿El resultado? Catastrófico. El equipo peleó hasta el final pero perdió el segundo ascenso a manos de Gimnasia, prolongando su estadía en el under.

Así y todo, nuestro homenajeado se las arregló para volver calladito a la elite y prácticamente sin que nadie se diera cuenta hizo un gol en 13 partidos con los colores de Temperley (1986/87). Eso fue todo lo que se supo popularmente por estas tierras, aunque algunos afirman que también pasó por Lanús y Defensa y Justicia.

Luego trató de reiventar su trayectoria en lugares aún no contaminados por su fama de delantero poco productivo. Conocieron sus piques atolondrados conjuntos chilenos como Unión Española (1987/88), Cobresal (1989/90) y La Serena (1991); y también los venezolanos de Minerven (1993) y Sport Marítimo (1994), donde colgó los botines. En los últimos años se dedicó a la dirección técnica y a relatar su mejor anécdota, originada en su llegada a Chile, cuando en un supermercado una señora le preguntó la hora y el inocente de Matuszyck contestó: «Las cinco y pico«. La mujer, ofendida por el significado local del término, le dijo «¡Ordinario!«. Ahora que lo pensamos, a lo mejor lo había visto jugar. Y tan errada no estaba.

Novarini Javier

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Javier Alejandro Novarini

Marcador de punta que hizo una carrera estilo Football Manager o directamente poco relacionada con lo que puede ser el camino de un futbolista común y corriente. Nacido en La Plata, transitó las inferiores de Gimnasia pero no llegó a debutar en la máxima categoría.

Lo raro es que siendo muy pibe, y en el más absoluto silencio, pasó al Espanyol de Barcelona (1983/84), cumpliendo el sueño de muchos, jugar en el fútbol español (también anduvo en el Levante). De regreso en Argentina, apenas pudo disputar un partido en la A con Belgrano de Córdoba (1985) y agregó 4 con la camiseta de Platense en la temporada 1986/87.

Con un poco más de rodaje (sólo un poco), volvió a Europa para actuar en Francia, donde defendió los intereses de Frejus (1987 a 1990) y Endoume-Catalans (1991). De nuevo por estos pagos, les hizo comer el amago a todos cuando, en lugar de firmar por un equipo del Nacional B, bajó hasta la liga venadense, donde permaneció algunos años.

¿Retirarse a esa altura? Ni a palos. Estados Unidos le abrió las puertas y él se sientió en su casa. Se sentó en el sillón, destapó una birra, agarró el mapa y marcó una cruz en la sede del Jacksonville Cyclones (1998/99), un equipo del estado de Florida. ¡Pero no fue su última peripecia! En la 2004/05 lo vieron por Puerto Rico, donde jugó algunos partidos para el Islanders.

Y después, claro, lo que era inevitable (?): la convocatoria a la Selección Argentina…en el World Master Cup, un Mundial de veteranos y desahuciados como Felipe Bellini, Hermes Desio, Yagui Fernández, Hernán Manrique y Nelson Agoglia.

Tanto rodó en el fútbol que al final tuvo su merecido reconocimiento. En el 2006 viajó a Alemania para ver a la Selección de verdad, y los medios extranjeros enseguida lo abordaron…¡por su parecido con Francesco Totti!

Under ladrón: Gustavinho

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Gustavinho Ferreira Da Silva

En la Argentina tenemos la costumbre de pensar que cualquier lateral brasileño tiene algo de Roberto Carlos o de Carlos Alberto. Esa tradición, por supuesto, tiene consecuencias. En Brasil, los marcadores de punta sin tanto talento saben que el abanico de posibilidades para ir a robar contempla un viaje a nuestro país. No importa que no tengan tanta proyección ni que la buena pegada brille por su ausencia. La nacionalidad, para empezar, alcanza y sobra.

Así es como llegaron a estas pampas jugadores como Gustavinho, un 3 brasuca de dudosos antecedentes (dicen que allá jugó en Guaraní) que vistió los colores de Defensa y Justicia en la temporada 1993/94. ¡Encima eso! Lucía una camiseta verdeamarelha, agregando coincidencias inútiles que no llevan a nada.

En el Halcón de Varela, dirigido por Julio Ricardo Villa, alguna que otra vez le tocó ser titular, pero también fue al banco, relegado por defensores como Correa o De La Fuente. Lo de Gustavinho fue insignificante. Es más, de esa época se lo recuerda más al otro brasileño, Marinho, volante que también actuó en Tigre.

Así que usted ya sabe, señor lector, si quiere frenar la llegada de inventos extranjeros, deje de creer y vociferar que los laterales brasileños son todos buenos. Ahora, si quiere seguir leyendo historias en este sitio, mejor cállese la boca. A veces es preferible dejar que las cosas simplemente sucedan.