César Maximiliano Grabinski (l’imperatore)
Grabinski, para la mayoría, es ese gordito (?) que prometía en Newell’s y que después de pasar por varios equipos terminó ascendiendo a Primera con Chacarita. Para el mundo baldosero, en cambio, Grabinski no es el defensor Cristian, sino el atacante César, el menos conocido y el más aventuro de los futbolistas con ese apellido. Bah, son dos nomás.
Se inició en las inferiores leprosas pero tuvo su momento cumbre en la Argentina cuando debutó, con apenas 17 años, en la Primera de Belgrano de Córdoba. El 11 de diciembre de 1998 Ricardo Rezza lo hizo ingresar José Luis Villarreal en un empate 0 a 0 con Rosario Central. Sólo fueron 15 minutos. Los únicos en la máxima categoría.
Después siguió haciendo la vida de cualquier juvenil con posibilidades de subir definitivamente al plantel profesional e incluso recibió un premio a su esfuerzo en 1999, cuando Bielsa lo llevó a Estados Unidos como sparring de la Selección Nacional.
Pero de un día para el otro su nombre fue desapareciendo o, lo que es peor, confundiéndose con el de Cristian (la verdad, no sabemos si es el hermano, el primo o no tienen nada que ver), relegándolo a un plano menor. ¿Pero qué fue lo que pasó con César?
En el 2001 apareció en Italia y hasta el día de hoy se las ha arreglado para sobrevivir. Su primer equipo fue el Catania en la C1, pero al año siguiente desembarcó en la C2 para vestir la camiseta del Sangiovannese. Sin embargo, lograría verdadero reconocimiento en el Vado, club al que arribó en 2003 y en el que no se destacó por su condición de goleador en sus comienzos, sino mas bien por su faceta de asistidor.
Luego afinaría la puntería y a base de goles se ganaría el mote de «Emperador«. Con la gente en el bolsillo, quiso probar su capacidad en otros clubes con aspiraciones pero no le fue tan bien. En la temporada 2006/07 firmó un contrato con el Chievo Verona pero enseguida le aclararon que lo iban a prestar a un equipo del ascenso. Parecía que iba a defender los colores del Chiasso (Serie B) pero al final terminó en el Savona.
El mes pasado, el Vado lo llamó de nuevo y Grabinski volvió para actuar en la serie D. Eso es amor. O ganas de que te armen una conferencia de prensa con promotoras y sillones con estampados de cebra aurinegra (?).











