Maximiliano Rubén Flotta (El Bichito)
Corría agosto de 2003. En realidad no corría, estaba parado viendo como el Racing de Ángel Capa se floreaba en Liniers ante el Vélez de Ischia con un 3 a 0 en el primer tiempo. Pero de repente y sin que nadie lo sospechara, empezó a escribirse una historia, la de este post, ni más ni menos.
A los 16 minutos del segundo tiempo, Rolando Zárate descontó y le puso algo de entusiamos a la última media hora del encuentro. Ocho minutos más tarde, el propio Roly volvió a meterla y preparó la mesa para el plato principal, que iba a llegar bien a punto.
La voz de Marcelo Araujo, tan inconfundible como cansadora en aquel lejano 2003, no supo distinguir al pibe que esa misma tarde hacía su debut y que en el minuto 47 del complemento estamparía el 3 a 3. El periodista apenas si intentó disimular su evidente decadencia con un relato que, en lugar de ser emotivo, sólo se remitió a identificar al autor del gol con un «el treinta y cuatrooooooooo goooooooooool, el treintaycuatro«. Sí, el 34 era el número que llevaba el debutante en la espalda. Maximiliano Flotta, de esa manera, hacía su presentación en la máxima categoría.
Central, lateral derecho y luego también volante, había tenido recorrido en el ascenso antes de llegar al Fortín. Arsenal de Sarandí (1998 a 2000), Tigre (2000 a 2002) y Los Andes (2002/03) contaron con sus servicios antes de que se convirtiera en un hombre de Primera División.
Su experiencia en la máxima categoría fue breve y decepcionante, si tenemos en cuenta su singular estreno y su pronta desaparición. En ese mismo campeonato volvió a actuar de titular en otros 13 encuentros en los que, por supuesto, no convirtió. Y tampoco agregaría conquistas a su currículum en los 4 partidos que disputó en el Clausura 2004. Claramente, su gol a La Academia había sido una casualidad.
Ese mismo año partió al fútbol colombiano, primera parada conocida (también dicen que en 2002 anduvo en el Casarano de Italia) de su trayectoria internacional, no menos rica que la que forjó en nuestro país. Con los colores de Unión Magdalena (2004 y 2007), Deportes Tolima (2005), Atlético Huila (2006), Independiente Santa Fe (desde 2008), donde ha dado sobradas muestras de su temperamento fuerte y de su afición por la noche, la que lo ha llevado a ser protagonista en otros clubes… los nocturnos de Bogotá.
¿Algo más? Sí, obvio. Su triple nacionalidad (argentino-español-colombiano) y su versatilidad le permitieron actuar en distintos lugares, siempre atado a su costado bizarro. En 2004, por ejemplo, firmó con Racing de Avellaneda pero no pudo jugar por cuestiones burocráticas. Un año más tarde, cayó en el Alavés de España y fue sincero de entrada, aclarando que no estaba bien físicamente. En 2006, ya de nuevo en nuestro país, pudimos disfrutar de sus quites en Almagro, en la B Nacional, pero allí no nos daría tanta felicidad como en 2007, cuando el diario Marca informó que Maxi salía con Eliana Guercio.
El post, como verán, se empezó a escribir aquel día que Marcelingui gritó con toda la boca «el treinta y cuatrooooooooo goooooooooool, el treintaycuatro«. Pero la historia de Maxi Flotta, si prestamos atención a las declaraciones de su padre, rescatadas por el Bestiario del Balón, había empezado mucho antes:












