Morales Cristian

Cristian Gastón Morales

Tuvo el temperamento suficiente para afrontar problemas de verdad, como cuando sufrió la pérdida de su padre y tuvo que continuar la vida junto a su madre y sus once hermanos. No era fácil, con 15 años, ponerle el pecho a la situación. Pero en ese momento apareció un llamado de José Néstor Pekerman y comenzó su sueño de Selección.

Por ese entonces entrenaba en las inferiores de Platense y pintaba como un buen volante zurdo. Bastante para su edad. Pero nada comparado a la oportunidad que le ofrecía José: integrar la Sub 17, vivir en el predio de la AFA de lunes a viernes y colaborar en la utilería. Fue en ese contexto que se hizo conocido, especialmente cuando fue entrevistado por el diario La Nación en 1998, y contó anécdotas relacionadas a sus enemigos del baby fútbol:

«Cuando llegué a Ezeiza me quería morir, porque al primero que vi fue a Flores. Me acuerdo de que agaché la cabeza, porque si no, nos agarrábamos a las trompadas. Con Flores estaba todo mal, no sabés la pica que teníamos; si en la cancha hasta nos escupíamos en la cara. Con el tiempo nos hicimos amigos«, recordó Christian.

A los pocos días, se sumó Gabriel Marra, con quien también había vivido lo suyo en aquellos partidos.

«Marra y su equipo nos ganaban siempre, pero un día nos tocó a nosotros: fue 7 a 0 y Marra terminó llorando. Me acuerdo de que ese día hice un gol de rabona y le tiré un cañito a él«, contó Christian.

-Y con los juveniles, ya tenés historias para contar…

Sí, haber ganado en mayo último el torneo de Salerno con el Sub 17 fue lo máximo. Todavía guardo un gustito especial en mi corazón. Te soy sincero, jamás me hubiese imaginado jugar en Platense y, menos todavía, salir campeón con el seleccionado. Pero lo que recuerdo con más cariño es el gol que le hice a Hungría en ese campeonato: fue el primero con la camiseta argentina. Me acuerdo de que como festejo me besé los dedos en cruz, miré al cielo y le dediqué el gol a mi viejo.

Al año siguiente participó del Sudamericano de la categoría, en Uruguay, junto a José Perzán, Fernando Spinelli, Carlos Marinelli, el eterno juvenil Nico Medina, Pablo Calandria, Lisandro Sacripanti y Sebastián Rovira, entre otros. Además, integró el plantel de Platense en la máxima categoría (con el número 21) y el 10 de noviembre de 1999 debutó en el Nacional B frente al Deportivo Morón. Se perfilaba para triunfar.

El año 2000 fue bastante convulsionado para Morales. Primero fue protagonista de un hecho confuso y violento, en el que se vieron involucrados barrabravas armados, empleados, dirigentes, jugadores del Calamar y hasta familiares (ver 1,2, 3, 4). Con la marea un poco más calma, volvió a ser noticia cuando el grupo empresario de Norberto Reccasens anunció la compra del 85 % de su pase y el de su hermano Benito, que jugaba en la Sexta.

Si el 2000 fue movido, el 2001 fue definitivamente inquieto, ya que tuvo la suerte de jugar en la A para dos equipos distintos sin ser un consagrado ni mucho menos. Primero debutó con la camiseta de Lanús, en la derrota 2 a 1 ante Los Andes por la fecha 6 del torneo Clausura. Después quedó libre y atreviéndose a cruzar esa delgada línea que para algunos significa una traición, se olvidó de su pasado en Vicente López y pasó a Argentinos Juniors. En el Bicho participó de una frustrante jornada en la que se impuso Estudiantes por 4 a 0, exactamente una rueda más tarde de su estreno en la elite. Contando sus dos únicos encuentros en Primera, recolectó 59 minutos que no le sirvieron para sustentar una trayectoria que hasta ese momento había amenazado mucho más de lo que había concretado.

Después de su experiencia en La Paternal no pudo volver al Marrón, por lo que intuímos que podía ser el mismo Cristian Morales que en la temporada 2006/07 jugó el torneo Argentino para Maronese, al menos es un equipo que suena parecido (?). Pero no, no es el mismo tipo y no abundan los datos sobre su paradero. Teniamos dos opciones: hacer una marcha de silencio o publicar este post. Y bueno, como diría el gran Peter, están muy caras las velas.

Clara Jorge

clarajorgeluis.jpg

Jorge Luis Clara

Puntero izquierdo juninense de la raza de futbolistas con nombre/apellido/apodo de mujer, como José Orlando Berta, Teresa Cancelarich, Samanta Rodríguez Peña, la Tota Fabbri y muchos más. Debutó en la primera de Independiente en 1981 y en apenas un par de años fue prestado a Sarmiento de Junín (1983, 20 tantos en 37 cotejos), donde cumplió con una destacada labor y se ganó el regreso al Rojo.

Hasta su partida a Gimnasia y Esgrima La Plata en la temporada 1985/86, disputó 35 partidos y convirtió 5 goles en torneos locales para el cuadro de Avellaneda, dejando a los hinchas con las ganas de ver su verdadero potencial. ¿A su favor? Integró el equipo que ganó la Libertadores en 1984.

Una vez en el Lobo, ratificó su condición de promesa estancada (aunque vale decir que en sus inicios se vio perjudicado por una lesión) y sólo jugó 2 encuentros que le sirvieron de despedida en la máxima categoría. Su melena rubia y enrulada se fue familiarizando cada vez más con el ascenso y terminó regalando su juego en Morón, El Porvenir y otros clubes del interior.

En los últimos tiempos de lo vio integrando equipos de veteranos de Independiente, donde se reencontró con compañeros consagrados como Bochini y Mandinga Percudani; y también formó parte de un rejuntado de Gimnasia que disputó un clásico ante Estudiantes con figuras ochentosas, en el Día Provincial de la Lucha contra las Adicciones. Ese día seguro que se animó a tirar un caño.

Manis con parche (1987/88)

manismandiyu8788.jpg

El glorioso Mandiyú de la temporada 1987/88 no era un canto a la elegancia, está claro. Algunas camisetas tenían el «Cablex» borroneado, casi imperceptible. Y el arquero Oscar Manis, acostumbrado a cambiarse de equipo como de medias, no tuvo mejor idea que parchar el viejo sponsor de su buzo con cinta blanca.

Cravero 1996

voyalarcocravero.jpg

El Apertura ’96 nos regaló un momento difícil de olvidar: el Chango Cravero atajando para Lanús. Eso ocurrió el 30 de noviembre de ese año, cuando el Granate recibió al ilusionado Independiente de Menotti.

El conjunto de Cúper se puso en ventaja en el primer tiempo con un gol del mismísimo Daniel Cravero, pero no pudo sostener el resultado y se encontró con el partido igualado a los 19 minutos de la segunda parte gracias a un tanto José Luis Calderón. Todo empeoró a los 46 minutos, cuando se fue expulsado Carlos Roa por la ley del último recurso y, con un tiro libre en contra, Cravero tuvo que hacerse cargo del arco en los últimos segundos.

Aprovechando al máximo la última bola de la noche, el Toro Acuña tocó corto para Caldera, que sacó un zurdazo mordido que rebotó en el Chupa López y descolocó al improvisado arquero, que nada pudo hacer para evitar la caída de su valla. Ganó el Rojo 2 a 1.

Toledo Víctor

toledovictor.jpg

Víctor Gabriel Toledo

Delantero surgido en Newell’s (1997/98) que supo alimentar sus cachetes a tal punto que algunos amigos llegaron a confundirlo con Quico y Adrián Dárgelos. Detalles físicos al margen, logró debutar de manera sorprendente en enero de 1997, metiéndole un gol a Lanús por el hexagonal de Necochea que llamó la atención de un periodista de Clarín: «Un toque corto de derecha del debutante Víctor Toledo (un atrevido de 19 años, al que solo un tirón pudo pararlo) al primer palo de Roa (…) puso la justicia«.

Al mes siguiente tuvo su estreno oficial, cuando ingresó por Bruno Marioni en el empate 1 a 1 ante el Boca del Bambino Veira. Ese año disputó otros 4 encuentros pero nunca pudo hacerlo de forma completa.

Repetiría su acotada participación al año siguiente, aprovechando unos pocos minutos repartidos en 3 cotejos. En uno de ellos, ante San Lorenzo y en el Nuevo Gasómetro, se sacó las ganas de gritar un gol en Primera cuando le convirtió al Flaco Passet. Ese día La Lepra se llevó un buen punto gracias a nuestro homenajeado.

Como la mayoría de las promesas sin consolidar de Rosario, bajó hasta el Nacional B para ponerse la camiseta de Argentino (1999-2000), en un paquete que incluía a Pablo Pooli, Damián Teres, Andrés Malvestitti, Ariel Ruggeri, Matías Gigli, Mauro Gerk y Nicolás Pavlovich.

Luego de años de no saber nada de él (tampoco fue que nos preocupamos taaaaanto), lo encontramos en el fútbol regional donde, a juzgar por la imagen, no la pasa nada mal. Después de vestir los colores de 13 de Junio de Pirané, volvió a Santa Fe y defendió la divisa de América Cañada de Gómez.

A comienzos de 2008 se incorporó a El Porvenir del Norte, donde seguramente habrá esperado un recibimiento descomunal. Pero no, la vida suele ser injusta y su nombre ni siquiera aparece en la encuesta de las mejores incorporaciones del año que publicó el sitio El Canducho.

¿Cuatro meses? La sacaste barata

malvestittigiuntini.jpg

La pendeja se había encaprichado, quería tener a un jugador de Boca como padrino de su fiesta de quince años. Los padres, que no toleraban ver triste a la nena, hicieron todo lo que tuvieron a mano para cumplirle el deseo. Llamaron a Márcico pero el Beto se excusó diciendo que ese día tenía que hacer un tratamiento para dejar la Coca Cola. Telefonearon a Navarro Montoya, pero en medio de la conversación se cortó la luz y por las dudas no siguieron adelante.
Cuando parecía que el sueño era imposible, a la madre se le prendió una lamparita «¡Ya está, llamemos a Giuntini! Ese seguro agarra por dos mangos«

Así fue como lo citaron para un domingo y el rubio aceptó. Despistado como pocos, el defensor no se percató de que ese día jugaba un partido ante Vélez. Para no quedar mal con la familia que lo había contratado, no le dijo nada a sus compañeros y ni bien terminó el match se puso la bermuda rayada, agarró el botinero multicolor y salió rápidamente hacia el salón. Una vez en la puerta, se sacó una foto con la cumpleañera, saludó a un típico fan xeneize y volvió a Liniers para hacer el control antidoping del encuentro que había jugado minutos antes. Cuando llegó se encontró un panorama desolador. El médico no estaba y sus compañeros tampoco. Sólo un ácido plateísta velezano lo vio perdido y le gritó «¡Giuntini, te vas a comer 4 meses de suspensión!«. ¿Por llegar tarde?», contesto el pelilargo. «No, por vestirte así, hijo e’ puta«.