Especiales: el hijo de Grillo

Corría el año 1990 cuando en la típica sección «¿En qué andan ustedes?» de la revista El Gráfico un Ernesto Grillo casi retirado de la dirección técnica contaba que mientras gozaba de sus últimos meses en el fútbol se esperanzaba con la carrera de su hijo. «Mi pibe acaba de recibir el telegrama de Boca comunicándole que le van a hacer el primer contrato profesional. Es wing izquierdo y ojalá que tenga aunque sea un poco de la suerte que tuvo el padre», afirmó en aquella oportunidad el autor del inolvidable gol imposible.

No se sabe a ciencia cierta por qué el vástago de una gloria de Independiente como Grillo no triunfó. Quizás haya sido el peso del apellido lo que le jugó en contra. Tal vez sus propias condiciones lo limitaron. Nunca lo sabremos.

De su paso por Boca no hay demasiados datos y tampoco fue fácil rastrearlo porque en aquel artículo de El Gráfico jamás escribieron su nombre. Sí, el hijo de Grillo. ¿Pero cómo se llama? Tal vez sea el mismo (Pablo Ernesto) que unos años más tarde estudió en la Escuela Oficial de Directores Técnicos de Fútbol de Avellaneda y se recibió compartiendo su camada, la de 1999/2000, junto a Fabio Costas, Adrián Janín, Claudio Zacarías y Norberto «Ruso» Verea. Un destino bastante alejado de aquel primitivo deseo de su padre.

Vélez escudo grande 1986

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La camiseta con el logo de Topper y el escudo bien grande en el pecho fue una marca registrada de Ferro Carril Oeste. Por eso llama la atención que Vélez haya utilizado ese modelo, aunque con otros colores, por supuesto. El conjunto de Liniers lo tuvo como alternativo en 1986 y lo sacó a la luz cuando enfrentó a Independiente.

(Gracias Seba)

Sanada Masanori

Masanori Sanada

Tenía 21 años y una carta de recomendación firmada por las autoridades del Ana Yokohama de su país, Japón. La beca estipulaba que el jóven arquero debía hacer un trabajo de especialización en la Argentina desde el 23 de enero hasta el 15 de marzo de 1990. Bajo esas condiciones llegó a Independiente y entre pitos y flautas, se pudo sacar una foto con un recién bañado Ricardo Bochini.

También sumó en lo futbolístico, pues jugó algunos amistosos con la Reserva y entrenó con la Primera División, que tenía porteros de la talla de Eduardo Pereira y un tal Cipollone. La falta de oportunidades pero principalmente el desarraigo (pasó su cumpleaños número 22 en Avellaneda) lo devolvieron a Tokio sin demasiadas esperanzas de regresar.

Integró además los planteles del Juntendo University y Shimizu Shogyo antes de firmar con el Shimizu S-Pulse y convertirse en histórico. En ese club de la Japan League permaneció desde 1993 hasta 2004, comiendo banco en los últimos 3 años de su trayectoria y uniéndose finalmente al cuerpo técnico.
Resumiendo, la típica carrera de un oriental que cae en la Argentina. En un principio promete, pero después no pa-Sanada.

Sandoval Isidro

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Isidro Sandoval

La política mesurada y austera que exhibió Vélez Sársfield en los últimos 15 años nada tiene que ver con lo que sucedió en 1987, cuando incorporó baldoseros por doquier en busca de un título que se le negaba desde casi dos décadas.

A mediados a quel año llegaron al Fortín nombres como Buenaventura Ferreyra, el indultado Jorge Nunes, Karabín, Tuta Torres y un brasileño llamado Farías. En ese extraño paisaje que también completaban Bartero, Lucca y el Turco García, sacó el pescuezo este defensor paraguayo que arribaba desde Guaraní con los antecedentes de algunos partidos en su Selección y haber sido la figurita 154 del álbum de México 86.

No sabemos si el hecho de tener algunos compatriotas en el equipo le sirvió para ganarse el respeto en todo el plantel. Lo cierto es que su poder de convencimiento lo llevó a ser el encargado de los penales y en menos de 2 temporadas marcó la nada despreciable suma de 4 tantos. Su rendimiento en 30 partidos, vale decir, no estuvo a la altura de lo deseado y en 1989 partió con rumbo desconocido.

El hombre que también pasó por Cerro Porteño se transformó, según cuenta el Diario ABC, en una persona que despilfarró su dinero y que actualmente que vive de la caridad.

Para recordarlo como el grande (?) que fue, reproducimos una anécdota malísima que relató alguna vez Rolando Chilavert, el hermano de Jose Luis:

 

«Estábamos concentrados con el plantel de Guaraní y un día, en el almuerzo, olvidé mi llave sobre la mesa, e Isidro Sandoval y otro compañero la encontraron. Era la llave de mi auto. Entonces fueron, subieron al mismo e Isidro, ni corto ni perezoso, tomó el volante y, junto a su copiloto, decidieron dar un paseo, pero se encontraron contra un colectivo, y allí quedaron. Prometió pagar el arreglo, pero nunca lo hizo. Por suerte, solamente fue un susto, porque a ellos no les pasó nada».

 

Para quedarnos tranquilos, el fútbol argentino no fue el único lugar donde quedó en deuda.

Talarico a Independiente 1991

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La trayectoria futbolística del ahora periodista Fabio Talarico tuvo situaciones muy curiosas. No sólo jugó en Boca y en River, sino que estuvo a punto de pasar a Independiente. El recorte de la revista El Gráfico, en julio de 1991, muestra cómo ya se daba por hecho el pase del volante al conjunto de Avellaneda para disputar la liguilla.

Re tirado

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Épocas duras para Ricardo Bochini. Recién había abandonado el fútbol y a pesar de su nuevo rol de entrenador, no se animaba a poner un buzo con la sigla DT. Mucho menos lo tentaba la posibilidad de rendirse ante la solemne combinación de saco y corbata.

Obsesionado con un conjunto que ya apareció en esta misma sección, intentó reinventar el concepto de elegancia. No lo logró, está claro. Si hasta Fren parece bien vestido.