Muslera Diego

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Diego Muslera (el Loco)
Con un poco más de suerte y carisma (o tribuneo) se hubiera convertido en el Rifle Castellano de Newell’s. Experiencia en eso de ser postergado no le faltó. Capacidad para ser polémico tampoco. Pero sí careció de vigencia, algo que el arquero de Rosario Central, bien o mal, ha mantenido en Primera División.
Siempre detrás de varios porteros de la Lepra (convivió con Passet, Palos y hasta con el impronunciable Pocrnjic), tuvo su mejor momento en el Clausura 2002, cuando fue al banco de los suplentes en algunos partidos, luciendo el número 33 en su espalda. Ese año y el siguiente también se destacó en Reserva, junto a Fernando Belluschi, Elvio Martínez y Diego Villar, pateando los penales de su equipo.
Sin oportunidades concretas, y reconocible entre los rojinegros por su asidua concurrencia a uno de los sectores más peligrosos de la popular, se fue con todo el dolor del alma a Gimnasia de Jujuy (otra coincidencia con Castellano, y van…) en la temporada 2003/04, donde la pasó realmente muy mal. Allí fue partícipe de una mala campaña, le tocó ser relevo de otro ex leproso como Diego Luque, sufrió una expulsión en una de sus pocas presentaciones como titular, y encima padeció la muerte de su padre. Redondito.
Su trayectoria continuó en San Telmo (2004), donde disputó 17 encuentros y tuvo una tarde consagratoria (aunque perdió) ante el Tigre de Caruso Lombardi. Luego de quedar en libertad de acción pasó a Chañarense (2005), un equipo apodado «El Merengue» que, como su nombre lo indica, es originario de la localidad santafesina de Chañar Ladeado, donde todos los años se celebra la Fiesta Nacional del Porcino. Se ve que el contexto ayudó a que Muslera se achanchara porque todo lo que vino después poco tuvo que ver con la realidad de un jugador activo. En la temporada 2005/06 retornó al Candombero pero pasó desapercibido. Un año más tarde, totalmente rezagado en el plano futbolístico, se olvidó de llamar la atención por sus reflejos y se encargó de sacarle lustre a su condición de hincha caracterizado.

En febrero de 2007 su nombre comenzó a circular en los medios de comunicación junto a una foto que lo implicaba en los incidentes producidos en un partido entre Newell’s y River Plate. Al margen de que la difusa imagen correspondiese o no a su figura, vale la pena preguntarse qué ocurrió para que su excelente apellido, inexorablemente relacionado al mundo de los deportes, pasara en muy poco tiempo a ocupar las páginas policiales. Una lástima.

Juan Pordiosero

¿De qué jugás?

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En el regreso de la sección baldosera al aire de Rock & Pop Beach (FM 98.9, Mar del Plata), hoy recordamos algunos casos de jugadores de campo que se pusieron los guantes (ver Voy al Arco) y de yapa entrevistamos a Horacio Stringa, ex marcador central de Aldosivi que actuó como arquero titular en 3 partidos del Nacional de 1976, constituyendo un hecho histórico y por demás curioso.
Pueden escuchar la nota dándole play al reproductor o bajándose el archivo de audio haciendo click acá (botón derecho, guardar enlace como).

[audio:http://www.enunabaldosa.com/audios/notastringa.mp3%5D

Otras emisiones:

#1– Nota a Sebastián Ablín.
#2– Informe sobre los Gatti’s.
#3– Nota a Darío Dubois.
#4– Informe sobre los que cambiaron de deporte.
#5– Nota a Luciano Zaidelis.
#6– Informe sobre los brasileños ladris.
#7– Informe sobre los futbolistas y sus mujeres.
#8– Nota a Rodolfo de Paoli.
#9– Informe sobre los futbolistas que estuvieron presos.
#10– Informe sobre los europeos que pasaron por nuestro país.
#11– Nota a Orestes Katorosz.
#12– Informe sobre los «hijos de».
#13– Nota a Edgardo Mazzeo.
#14– Informe sobre los que pasaron a la fama por un gol.
#15– Allegue y Homero Simpson.
#16– Nota a Guillermo Malbrán (Independiente de Madariaga).
#17– Informe sobre los pases que quedaron en la nada.
#18– Informe sobre los asiáticos en la Argentina.
#19– Informe sobre baldoseros con sitios web.
#20– Nota a Oscar Tubio.
#21– Informe sobre los hermanos baldoseros.
#22– Informe sobre los futbolistas en la política.
#23– Informe sobre chilenos en la Argentina.

En Una Baldosa

Milozzi Cristian

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Cristian Amilcar Milozzi
Tenía que hacer algo para sobresalir por mérito propio. El apellido, pesado karma para muchos «hijos de», lo condenaba a ser comparado con Horacio, aquel defensor que se consagrara con Quilmes en 1978.
Al no hallar demasiados vericuetos futbolísticos para trascender tomó el camino equivocado y terminó pagando. No contento con su debut como titular en Primera de Racing (el 29 de julio de 2000, derrota 3 a 0 ante Talleres de Córdoba) buscó una experiencia más emocionante, más cruda. Más épica.
Y así fue como en un entrenamiento de La Academia, en septiembre de ese año, firmó su contrato con la fama efímera. Apresurado y sin mala intención (por supuesto), ensayó una chilena en la línea del arco que impactó en el rostro de Andrés Bressán, su compañero, y virtual rival en la lucha por un puesto, ya que el pibe Milozzi se desempeñaba como lateral y marcador central. ¿Resultado? Rotura de tabique para el ex Los Andes.
A partir de ese momento las chances del chico, que ya eran pocas, pasaron a ser nulas. Atrás había quedado su infancia en Chivilcoy, una prueba en Independiente de Avellaneda en 1998, su llegada a Racing al año siguiente y su título en Cuarta División. Cuando se quiso acordar ya estaba armando el bolso y despidiéndose de su compinche Manuel el Conde García.
Volvió al ruedo en la temporada 2002/03, cuando hizo una evaluación en Ferro y quedó en el equipo bancado por Mascardi. Después de vegetar un año se fue junto a Facundo Elfand, Agustín de la Canal y Edgardo Parisi, entre otros, y recaló en Argentino de Quilmes (2003), siempre en la Primera B.
Allí, en la localidad donde había triunfado su padre (aunque en otra vereda), hizo su último intento en el fútbol de AFA. Luego sus días se consumieron en ligas locales y regionales que, por naturaleza, no se difunden fuera de los límites de su lugar de origen.
En los últimos tiempos ha estado jugando en clubes de la talla de Madreselva de Lobos (2006) y otros de su Chivilcoy natal, como Independiente (2006) y Cerámica (2007), conjunto que a principios de año se reforzó con Héctor Almandoz, el Betito Carranza y Sergio Zapatilla Sánchez.
En la actualidad está en Gimnasia y Esgrima de la misma ciudad y tanto estancamiento nos abrió la incógnita: ¿Por qué sigue jugando ahí y no la roba en el exterior como su hermano Matías? Rápidamente hallamos la respuesta. Según los diarios de la zona, en su ciudad no le exigen entrenarse durante la semana y le permiten seguir teniendo su laburo en Buenos Aires. Lo que se dice profesionalismo al servicio del amateurismo.

Juan Pordiosero

Dick Tracy, pasame un trago

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Al casamiento de Diego Simeone y Carolina no podía faltar Miguel Di Lorenzo, el mítico masajista/ayudante/aguatero de la selección nacional que trascendiera en los medios por sus extravagancias y no por su tarea profesional. Fue por ese motivo entre tantas invitaciones a futbolistas, dirigentes y artistas de renombre, se coló una para el bueno de Galíndez que, ajeno a las pomposas fiestas de los multimillonarios jugadores, se vistió con lo mejor que tenía (apostamos a que no le alcanzó para comprar el traje con el premio de México ’86) y antes de salir de su casa miró el perchero y pensó «ma’ si, el sombrero lo llevo«. Así se lo vio aquella noche de 1994, encapotado con su sobretodo negro, con la camisa abierta, la corbata floja, y un extraño neceser que posiblemente haya servido para guardar su histórico bidón. No fuera a ser que al Cholo se le hubiese ocurrido invitar al brasileño Branco. Y él, fiel a Bilardo, estuvo hasta en el último detalle.

Juan Pordiosero

Martelli Nicolás

Diego Nicolás Martelli
Su fulgurante figura apareció en la Primera de Argentinos Juniors cuando nadie la esperaba. Es más, su debut se produjo el 6 de noviembre de 2000, en la olvidada continuación de un partido suspendido por lluvia ante Racing por el torneo Apertura de ese año.
Nacido en 1982, en Villa Adelina, el chico Martelli había hecho las inferiores en el Bicho y después de esa presentación irregular volvió a tener más continuidad en la temporada 2001/02, con el Checho Batista de técnico. Sus encuentros consagratorios fueron dos: uno ante Colón (ingresó en el segundo tiempo cuando perdían 2 a 1, volvió loca a la defensa sabalera y ganaron 3 a 2) y otro ante Unión (donde marcó su único gol en Primera). Con 14 partidos en la máxima categoría y un futuro promisorio, no pudo zafar del descenso colectivo y tampoco del individual, ya que imprevistamente en La Paternal optaron por prestarlo a otra institución de la B Nacional.
Así fue como cayó en el vapuleado Almirante Brown de Arrecifes, donde sólo disputó el Apertura 2002 (5 goles en 15 partidos) y antes de caer al Argentino A volvió a Argentinos (2003) para terminar de consolidar sus pasos. Sin embargo, a su regreso no fue tenido en cuenta y lo dejaron libre después de algunos meses.
Su próximo destino fue Colegiales (2003/04), en la Primera B, evidenciando un prematuro derrumbe de su trayectoria. En el tricolor jugó 14 cotejos y marcó 3 goles, pero tampoco pudo evitar la pérdida de la categoría (sí, se fue a la C).
Con 3 descensos en el bolsillo (ó 2 y 1/2 para los meticulosos) y las puertas de La Paternal totalmente cerradas, se corrió un poquito del mapa y se fue hasta Vicente López para romperla en Platense (2004), en la Primera B. Lamentablemente sólo jugó el Apertura y rescindió su contrato de común acuerdo con los dirigentes. En 2005 pasó a Atlanta para darse el lujo de compartir vestuarios con Dobler, Albarracín y Pepe Monje. Pero ese fue el único placer que obtuvo porque dentro de la cancha casi que ni se lo vio.
Después de un tiempo en el que no dio noticias, en el 2007 retomó su relación con la notoriedad cuando se puso la camiseta FC Tres Algarrobos (sí, él también algo robó), conjunto que este año disputó el Torneo Argentino C (ahora está en el B). Se ve que le comentaron que no hay Argentino D y eso lo entusiasmó. Es lógico. Hasta los trapecistas más experimentados algún día se cansan de la estresante tarea de caminar sin red.

Juan Pordiosero

Bocco Pablo

Pablo Alberto Bocco
En mi país es muy común que desde muy pequeños los niños se interesen por el futbol y así sucedió conmigo”. Con esa frase Pablo Bocco intentó explicar, en una de sus tantas notas en el exterior, el motivo que lo llevó a elegir su profesión. Siguiendo esa lógica, el 95% de la población masculina de la Argentina se hubiese dedicado a lo mismo. Pero la realidad indica que sólo unos pocos logran desarrollarse en la actividad profesional después de los típicos pasos de la niñez.
Este delantero de olvidada trayectoria por estos pagos tuvo algo más para ser futbolista: un particular olfato. ¿Para marcar goles? Sí, pero siempre alejado de los grandes acontecimientos.
Cuando los tuvo que hacer con la camiseta de Belgrano de Córdoba (1993 a 1996), no apareció. En 55 partidos oficiales en el Pirata sólo marcó en una oportunidad (también hizo uno ante Mandiyú por la Copa Centenario). Es verdad que la mayoría de las veces actuó un puñado de minutos, ingresando desde el banco. Pero haber peleado el puesto con el Tano Spallina y al Perro Arbarello tampoco era un escollo imposible de superar.
Obstinado y luchador pero deficiente a la hora de definir, su juego junto al Luifa Artime no colaboró para evitar el descenso al Nacional B. Allí también defendió la divisa celeste en la temporada 1996/97, aunque con menos participación. Sólo 5 encuentros y 1 gol.
Luego, por sugerencia de un representante, llegaría al ascenso mexicano, donde lograría algo de reconocimiento gracias a sus rachas positivas, siempre mitigadas con sequías desesperantes.
Primero anduvo por la Real Sociedad de Zacatecas (1997 a 2000) y a continuación en el Toros Neza (2000/01), donde perdió una final con el Atlante y tuvo que quedarse en la Primera A (segunda división). Su carrera, irregular por cierto, continuó en los Leones de Zacatepec (2001/02) y tuvo un regreso a este país cuando jugó para Estudiantes de Río Cuarto en el Torneo Argentino A.
Tiempo después pegó otro salto internacional cuando desembarcó en el Motagua de Honduras (2002/03), equipo que no se salvó de sufrir la amnesia goleadora del atacante. El tema escapó de los límites del terreno de juego y un periodista incisivo, conocedor de la costumbre del ex Belgrano (que había prometido 9 goles en el torneo), fue directo al grano. Y recibió una respuesta diplomática.

-¿Qué pasa con los goles?

Creo que en el departamento que más adolecemos es la parte ofensiva. Todos tenemos cosas que perder y ganar y aquí los jugadores responsables de anotar somos los delanteros. A nosotros se nos están complicando las cosas. Yo soy quizás uno de los que más está perdiendo porque la directiva apostó mucho por mí, mi trayectoria indica que siempre fui el goleador del equipo y ahora no lo estoy haciendo, pero bueno, lo tomo con toda la tranquilidad posible y con la responsabilidad que me corresponde.

Se ve que a los directivos el departamento que más le adolecía era el de 2 ambientes que le estaban alquilando al argentino, porque al terminar la temporada lo dejaron ir con sus correctas excusas a otra parte.
Dos años en el Támpico Madero de México (2005 a 2007) le sacaron las ganas de seguir deambulando por el norte y a medidados de este año recaló en el Deportivo Roca de Río Negro para seguir haciendo goles (según él, lo que mejor hace) junto al ex Platense Gustavo Guevara y al arquero paraguayo César Velázquez.

Juan Pordiosero