Pablo Fernando Aurrecochea (El Vasco)
Arriesgado portero uruguayo que se dio el lujo de atajar un penal casi desmayado. Esa simple situación le da un rango de ídolo, pero sus pocos minutos en Primera, además, le dan la categoría de baldosero.
Nacido en Artigas e iniciado en Nacional de Montevideo (1998/99), llegó a nuestro país para sumarse a las filas de Argentinos Juniors (1999/2004), donde no pudo jugar mucho a pesar de haber sido seleccionado para integrar distintos seleccionados juveniles de la Celeste.
En la última fecha del torneo Clausura 2002, el ya descendido Bicho de la Paternal presentó una formación llena de pibes con destino incierto, como los casos de Matías Mantilla, Nicolás Pisano, José María Belforti (también ese día jugó su hermano Martín), Matías Monzón, Santiago Kuhl y Raúl Salazar, entre otros. Y entre tantos jóvenes con ganas de triunfar, se destacó la aparición de un arquero charrúa llamado Pablo Aurrecochea que, como muchos de sus compañeros, tuvo en esa jornada su debut y despedida de manera conjunta. No pudo evitar los goles que significaron la derrota 2 a 0 ante Lanús y de esa manera le dijo adios a la Primera División. Años antes, había coqueteado con la elite cuando fue suplente de Sanzotti y le tocó ir en alguna oportunidad al banco (por ejemplo, en un partido ante Boca, en el Apertura 2000).
Luego pasó a Talleres de Remedios de Escalada, donde viviría una experiencia tan peligrosa como desopilante. En mayo de 2004, su equipo enfrentó a Social Español. Apenas iban nueve minutos del segundo tiempo cuando chocó con el delantero Sebastián Penco, sufriendo un fuerte golpe en la cabeza. Lo curioso es que nadie del cuerpo técnico le ordenó inmediatamente que saliera y él permaneció en cancha durante 15 minutos en los que no le hicieron goles e incluso contuvo un penal. Después, fue trasladado en camilla al Hospital Evita de Lanús, donde le constataron un traumatismo de cráneo sin pérdida de conocimiento. «No me acuerdo de nada, sólo del penal y la camilla. El doctor me dijo que seguí jugando mecánicamente por instinto, pero la memoria estaba alterada. No me desmayé nunca, fue un susto bárbaro, pero no hay secuelas«, dijo el yorugua días mas tarde.
En la temporada 2004/05 pasó al Club Tacuary de Paraguay, donde llegó a actuar por la Pre-Libertadores e incluso hasta el día de hoy sigue alternando buenas actuaciones con macanas dignas de alguien que ataja todo el tiempo con la cabeza golpeada.
Juan Pordiosero