
Buenos Aires , 2005. Manchester United FC.
Juan Pordiosero (Gracias Christian)

Buenos Aires , 2005. Manchester United FC.
Juan Pordiosero (Gracias Christian)
Pedro Ignacio Sallaberry
Habilidoso y veloz puntero de raza golondrina que ilusionó al mundo futbolero cuando integró el seleccionado argentino que se consagró campeón en el Sudamericano Sub-16 de 1985 (con Lorenzo Frutos, Fernando Redondo y Hugo Maradona como figuras). Surgido de la cantera de River (1986-88), llegó a la Primera División pero no se pudo afianzar. Hizo 1 gol en sus 19 presentaciones oficiales con la camiseta de la banda roja. De paso poco recordado por Banfield (1988/89) , en el Nacional B, retornó a la elite con Chaco For Ever (1989-90), donde lograría la continuidad que le permitió disputar 33 partidos con la nada despreciable suma de 11 tantos. Y ese rendimiento le abrió las puertas de Independiente, que lo contrató sin la misma suerte: el delantero sólo disputó 6 encuentros en la temporada 1990-91. Breve e insignificante fue su paso por Vélez, en 1991, donde sólo jugó un partido y muy pocos lo registran. Esa fue su despedida de la máxima división porque después pasó por Douglas Haig de Pergamino (1992-93) y Almirante Brown (1993-94), en el Nacional B.
Confirmada la versión que aseguraba que ya no sería aquel pibe que deslumbraba con sus gambetas, se radicó unos años en el exterior para intentar triunfar en otras tierras menos exigentes. Actuó en el Bolivar de Bolivia (1994-95), primero, y en el Pachuca de México (1995-96), después. En la temporada 1996/97 retornó para defender los colores de Defensa y Justicia y no le fue para nada mal. Se destacó ampliamente, logrando el ascenso al Nacional B. Después, mostró sus devaludas condiciones en Talleres de Remedios de Escalada (1997-98) para pegar el salto hacia el grandioso Almagro (1998-99) del Colo Farías, Damián Grosso, Lino Arce, Marcelo Trapasso, Juan José Distéfano, Alianello, Panchito Maciel, Marcelo Couceiro y Lucas Pusineri, entre otros.
Se lo vio gastando sus últimos cartuchos en Cultural Argentino de La Pampa (1999-2000) y Colegiales (2000/01), donde se retiró.
Luego comenzó a estudiar y se recibió en la escuela de Directores Técnicos «Nicolás Avellaneda». Cuando lo consultaron sobre su experiencia comentó «A través de los dos años de Curso, he logrado incorporar mucha información que en mi etapa de jugador desconocía. ¡Creía que haber sido futbolista profesional alcanzaba para entender la Dirección Técnica! Pero el futbolista no piensa como Director Técnico. Piensa como jugador. De manera individual. Hoy veo el fútbol desde una prespectiva diferente. Además de muchísimos conceptos tácticos, aprendí el valor de manejar un grupo, teniendo en cuenta los aspectos didácticos y pedagógicos.Por otro lado destaco haber vivido hermosas experiencias con compañeros de toda América, y con profesores que me enriquecieron tanto en el plano futbolístico, como en el humano»
En la actualidad, forma parte de las inferiores de River Plate que coordina Gabriel Rodríguez y dicta los fundamentos de técnica para todos los chicos deseosos de aprender. Incluso, envalentonado por su nueva función, se animó a aventurar un posible sucesor: «Me veo reflejado en el juego del Keko Daniel Villalba, de la novena división. Es chiquito y guapo como yo. Muy atrevido y hábil en velocidad«.
¿Se viene el nuevo Pedrito Sallaberry?
Juan Pordiosero
Ignacio Bordad (Nacho)
Los arqueros rubios quedan en evidencia cuando se mandan macanas. Por eso, en el manual del número 1 debería existir una regla indispensable: tener cara de Chilavert. Hay excepciones, por supuesto, pero el caso del uruguayo Bordad confirma la idea de que los blondos no triunfan en el arco.
Nacido en Montevideo en 1974, apareció de muy joven en la valla de Danubio (1995-2002), donde amenazó con convertirse en un gran portero después de la ida de su colega Fabián Carini. Cuando comenzaba a gustar por sus buenas actuaciones (incluso fue convocado a la Selección charrúa), se equivocó feo en la primera final del campeonato uruguayo de 2002, ante Nacional, y se tuvo que conformar con el segundo puesto.
Para descomprimir la situación y probar sus condiciones en el exterior eligió a la Argentina. Llegó junto a su compatriota Carlos Camejo al comprometido Huracán del torneo Clausura 2003, que también tenía a Dario Cabrol y a Darío Gigena como refuerzos de lujo. Le fue imposible jugar como titular (sólo fue 2 veces al banco, porque tenía por delante a Martín Ríos y peleaba un lugar con Mariano Andújar) y desde afuera no pudo evitar el descenso al Nacional B. Sin un minuto en la Primera División de nuestro país volvió a cruzar el charco y disputó la temporada 2003/004 en Bella Vista. A pesar de todo lo bueno que prometió en un principio, su destino parece estar atado a clubes de menor envergadura como Paysandú (2005) o al más absoluto anonimato, como en estos días, donde no se sabe nada sobre su vida.
Juan Pordiosero

España se clasificó a los octavos de final del Mundial sub 20 de Holanda 2005 luego de superar holgadamente al débil seleccionado de Honduras, en el último partido de su grupo. Lo curioso es que el jugador que anotó el primer gol español en la victoria por 3 a 0, también fue el encargado de atajar un penal . Ante la expulsión del arquero Roberto, el mediocampista Jona fue el responsable de ponerse los guantes y contenerle un tiro desde los 12 pasos al hondureño Ramón Núñez. Los centroamericanos se fueron del certámen con 15 goles en contra y ninguno a favor.
Juan Pordiosero

Estadio Wembley, Londres (Inglaterra), 1987. Resto del Mundo.
Juan Pordiosero

César Roberto Venier
Promesa inconclusa de Avellaneda que esperanzó a los simpatizantes de Independiente con su juego fresco y ofensivo. Nacido el 11 de febrero de 1975, llegó al Rojo con edad de prenovena y jugó en todas las categorías hasta llegar a sexta, cuando pegó el salto a la tercera gracias al ojo de Hugo Saggiorato, en 1992. Acostumbrado a jugar de enganche y también a recostarse sobre las puntas, fue enamorando a los plateístas que seguían los partidos preliminares y de a poco se fue ganando un lugar en la consideración del cuerpo técnico de Primera.
En 1993 ya pintaba bastante bien y en algunas notas declaraba respecto a la posibilidad de debutar: «es mi sueño, pienso que es el sueño de todos los jugadores. A lo mejor llego, pero todavía falta mucho, la esperanza la tengo«. Cauto y precavido, sabía que debía superar el filtro más importante y además, mantenerse con un buen nivel. La premisa la cumplió a medias porque si bien tuvo su estreno en 1994, no se pudo afianzar y no alcanzó a disputar más de un encuentro en la máxima categoría.
Luego de un bache bastante pronunciado en cuanto información sobre su paradero, reapareció en la temporada 1998/99, cuando jugó junto a Alejandro Naif en el Victoria de Honduras, equipo en el que supo atajar Carlos Prono. Pero más allá de haber convertido algunos goles no todo fue color de rosa. En junio de 1999 le dio positivo un control antidopaje que culminó con su estadía hondureña. Cuando muchos imaginaron que su trayectoria ligada al deporte se moriría en el más absoluto olvido, la palabra del Señor se interpuso en su camino y gracias a una comunidad religiosa de Downey, California (Estados Unidos) encontró un lugar acorde a sus necesidades: poder enseñar sin las presiones lógicas del fútbol profesional, donde nunca pudo hacer pie. Así es como desde hace unos años dirige la escuelita de fútbol «El Encino«, donde instruye a chicos y chicas de 6 años en adelante (la inscripción cuesta 10 dólares) con la simple intención de difundir la actividad entre los fieles de la iglesia con la cual interactúa. De hecho, tanto él como su compañero Ray Guevara hablan con los niños haciendo hincapié en las enseñanzas de la biblia.
Su trabajo solidario no lo ha desviado de su viejo berretín, claro está. Desde hace algunos años juega en el equipo de mayores del Fullerton College y en 2004 fue elegido como Player of the year. Un grosso.
Juan Pordiosero
Gilton Gomes de Sousa (Gilton)
Casi con el mismo ímpetu de un nene encaprichado que se revuelca en el piso para que le compren un juguete caro, este brasileño quiso lo imposible, triunfar como marcador central en el fútbol argentino, sabiendo que muy pocos, como Ricardo Rocha, lo han hecho con algo de decoro.
Empecinado, terco y sin miramientros, trató de cumplir su sueño hasta que vio agotadas las posibilidades.
Nacido en Belo Horizonte en abril de 1983, se radicó en la Argentina y se probó en Colón de Santa Fe con la seria intención de llegar a Primera. Como era pibe, empezó desde abajo, haciendo el típico camino de inferiores. De entrada, a sus compañeros les costó pronunciar su nombre y por eso lo apodaron «yuto». La difícil adaptación se le simplificó cuando conoció, en la pensión del club, a un compatriota mediocampista llamado Mauro Aranha.
Creyente por naturaleza, concurría asiduamente a la Iglesia San Antonio de Padua. En una nota publicada por el Diario Olé, en noviembre de 2002, dio detalles de sus razones: «voy para rezar y dar gracias de la posibilidad que tengo de estar en Colón, luchando por un lugar en Primera. La verdad es que es muy difícil hacerse fuerte cuando uno está lejos. Pero me apoyé en un montón de amigos que conseguí acá, entre mis compañeros, y en mi representante, Guillermo D’Andrea, para aguantar«. A esa altura ya jugaba en Reserva y en poco menos de un año consiguió jugar algunos partidos amistosos con la Primera del Sabalero. En 2003 formó parte del plantel profesional y compartió jornadas con Jorge Martínez, Alcides Píccoli, Juan Manuel Herbella; y los experimentados Pablo Morant y Ariel Pereyra, dos de sus referentes. Lamentablemente, esperó su debut profesional pero nunca le llegó.
Sin lugar, se fue a Patronato de Paraná (2004) con la promesa de volver. Y regresó en mayo de 2004, pero con mucha mala fortuna. El día en el que iba a reaparecer, en un partido de Reserva ante Banfield, el micro que transportaba al plantel sufrió un desperfecto a la altura de Campana, a unos 80 kilómetros de la capital, y el encuentro preliminar se suspendió.
Para colmo, en julio de ese año, el arribo de Alfio Basile le cerró las puertas definitivamente. El Coco hizo una lista negra que lo incluía, junto a Exequiel Marini, Jorge Bontemps, Alejandro Gavatorta, Andrés Romero, Juan Ocampo y el arquero Germán Lemos. Nunca más se escuchó hablar de aquél muchachito de Brasil que soñó con romperla en la Argentina.
Juan Pordiosero
Juan Pordiosero