Enzo Gorniak
Juan Pordiosero
Enzo Gorniak
Juan Pordiosero
Christian Ferreyra
Juan Pordiosero
Gerson Díaz
Juan Pordiosero
José Zelaye
Juan Pordiosero

LA FAMILIA ASPRILLA

Explotó en El Salvador. Jugó en La Unión, Atlético Balboa y San Salvador FC.
A pesar de sus pobres antecedentes, parece que tiene una versión distinta de su propia carrera. Luego de marcar dos goles en un partido del Balboa ante el Municipal Limeño, salió al cruce de las declaraciones de los periodistas, que lo señalaban como a uno de los peores fichajes de la liga. «Yo me tenía fe de que en la segunda vuelta iba a despertar, porque soy un goleador y no es usual que pase mucho tiempo sin marcar. Gracias a Dios que lo he hecho, pero esto no termina aquí».
Ignoramos que habrá querido decir.
UPDATE
Volvió a su país para jugar por el Deportivo Pasto por seis meses y enseguida se volvió a Centro América, actuando para Platense de Honduras y Deportivo Petapa de Guatemala.
Carlos Fernando Asprilla
Otro primo de Faustino, aunque en muchos lugares están convecidos de que es el hermano. Con esa duda curró en distintas partes del planeta. Incluso en la Argentina, dónde jugó para Unión de Santa Fe (1993-95, 32 partidos) y Los Andes (1995-96, 14 partidos, 1 gol) en el Nacional B. En Colombia vistió varias casacas. Defendió las divisas del Unión Magdalena (1993), América de Cali (1997-98), Independiente Medellín (1998-99), Deportivo Cali (2000), Junior (2001), Millonarios (2001) y Bucaramanga (2002). Luego probó afuera. Jugó en Herediano de Costa Rica (2002-03), Deportivo Aucas de Ecuador (2003) y La Serena de Chile desde éste año. Ganó varios títulos con los conjuntos de su país y siempre fue considerado un defensor rendidor, aunque con altibajos, por supuesto.
UPDATE
En 2006 apareció en los Pumas de Casanare de la Segunda División Colombiana.
Otros parientes del Tino hacen lo mismo en otros países. Confiamos en que nuestras «filiales» harán justicia.
Eduardo Saturnino Castro
Juan Pordiosero
José Luis Campi
Arquero sin parentesco alguno con Campi de Videomatch, aunque irrumpieron en la escena popular durante la misma época.
No obstante, su carrera arrancó un buen tiempo antes, en Atlético Tucumán, lugar de su nacimiento y sitio del que emigró muy joven a Atlanta (1990-1996) donde se consagró campeón de la Primera B en la temporada 94/95. Alguna vez compartió planteles bohemios con Cristian Castillo y Luis Bonnet entre otros.
Ese antecedente triunfal lo llevó a la Primera División. Pasó a Gimnasia y Esgrima de Jujuy cuando Panciroli ya estaba de capa caída (en el caso de que alguna vez haya estado en alza) y ocupó el arco del lobo.Lo hizo en 18 partidos, pero no lo conocía nadie, por lo que tomó trascendencia por su apellido más que por la actuación individual.
Ya para 1999 algunos arqueros argentinos se consolidaban en Chile como el nacionalizado Sergio Vargas y Claudio Mele. Fue así que un importante equipo trasandino fijó sus pretensiones y se lo llevó. En el Cobreloa (1999) no salieron bien las cosas, no jugó nunca y retornó al país para atajar en Platense (2000-2001) donde participó de 38 juegos. El Calamar finalmente descendió a la tercera categoría del fútbol nacional.
Volvió a Chile, al Deportes Concepción 2001-2002 donde a pesar de algunos penales atajados, algunas lesiones lo complicaron inclusive llegó a tener una bursitis en el codo derecho. Fue uno de sus peores años porque también sufrió los problemas económicos del club. «Los jugadores son los primeros en pagar estos ajustes. Acá siempre se sufre y se hace difícil vivir. Yo antes estaba mucho mejor, con mejor auto, con muchas facilidades, pero ya no se puede. Tuve que vender mi vehículo en Buenos Aires, ya no tengo cinco pares de zapatillas, sino sólo uno y trato de no gastar mucho. En estos momentos vivo gracias a mis ahorros, pues muchas veces no me pagan. Es la única forma que tengo para seguir adelante» declaró muy dolido y enojado.
Con solo 21 apariciones en el arco de Concepción, se alejó y para completarla llegó al Puerto Montt (2003) donde fue capitán pero nuevamente sufrió duras consecuencias monetarias. Alguna vez le llegó un cheque pendiente por $5.870.693 moneda chilena, el cual Campi rechazó por no corresponder el monto a la suma total de la deuda.
Alguna vez un periódico de La Plata señaló que para Estudiantes habían llegado varias ofertas de paquetes de jugadores, «pero la mayoría son de segunda línea y no entran en los planes de los dirigentes, como José Luis Campi y Cristian Favre».
Eso no fue todo, porque en el 2004 el Edmonton Aviators de Canadá lo contrató por tres años y con mucho ruido. El gerente de operaciones del club del norte Dale Petrone destacó que este tipo de jugador es de los que le otorgan fuerza a la liga. Y agregó: «nos emociona el haber adquirido un golero del calibre de José Campi para nuestro equipo. El será un jugador dominante que puede llegar a ser una piedra angular para nuestra Liga. El puesto de golero es crítico en la orden para que cualquier equipo del fútbol tenga éxito. Y José proporciona la fuerza que nuestro equipo requiere. Él trae tamaño, experiencia, y el equilibrio en su posición».
Claro, a los seis meses y con 14 partidos, estaba de nuevo en Jujuy jugando en el Altos Hornos Zapla el Argentino B y actualmente es suplente en nuevamente en Gimnasia y Esgrima de Jujuy (2005).
UPDATE:
Al ser consultado sobre su experiencia en Canadá sorprendió con una declaración que lo catapultó para siempre en este sitio.
¿Qué podés contar de tu experiencia en el fútbol canadiense, en el Edmonton Aviators?
«Fui a robar la plata…(risas), a jugar a un fútbol fantasma, que no existe; no sabés lo que es. Un tipo que nunca supe quien era me hizo los contactos con un dirigente de un club para ir cinco meses, y acepté; eran muchos verdes los que me daban. Allá está Sergio Marclay (ex Quilmes) y Lalo Maradona dirige un equipo de Puerto Rico que juega la misma Liga que nosotros. Después me enteré que en Toronto y Montreal hay algunos argentinos, pero no sé quienes son. Ganás bien, pero son cinco meses de competencia, porque después te agarra el invierno con 30 grados bajo cero y no se puede jugar. Jugábamos con la Liga de Estados Unidos, no la mayor, sino la segunda categoría, entonces viajábamos constantemente, por supuesto en avión, en vuelos privados. Cuando llegábamos allá, nos daban 40 o 50 dólares de viáticos por día, pero nos largaban solos, cada jugador hacía lo que quería, con un horario tope para retornar al hotel. Yo, con un par de chilenos, comíamos en un Mc Donalds a tres dólares por cabeza, así que guardábamos el resto. Iba todo para casita. Total, decíamos que para jugar con estos muertos no hace falta consumir tantas pastas, y le mandábamos hamburguesa y gaseosa. Siempre queríamos jugar de visitantes y en Estados Unidos, era el lugar para hacer diferencias».
José Luis, gracias por tanto, por ser, estar y existir.
Cucu
Sandro Ventoso
Juan Pordiosero