En El Placard: La camiseta naranja de Paraguay (2002)

«Venderle naranjas a Paraguay» es una de las tantas expresiones que se utilizan en el mundo de los negocios, cuando se quiere graficar algo muy difícil de llevar a cabo. No es que sea imposible, no, pero en el imaginario popular está al mismo nivel que venderle bananas a Brasil, arroz a China o ladrillos a Colombia (?). Sin embargo, la empresa Puma pudo romper con los prejuicios y en el Mundial de 2002 logró encajarle a los paraguayos una casaca naranja.

Los guaraníes habían llegado al Mundial de Corea y Japón con el último aliento de una generación que pedía showbol a gritos. José Luis Chilavert, Chiqui Arce, Carlos Gamarra, Estanislao Struway, Guido Alvarenga, Celso Ayala, Roberto Acuña y José Saturnino Cardozo eran algunos de los nombres que a esa altura pasaban los 30 años.

La albirroja necesitaba una renovación, más allá de la juventud de Roque Santa Cruz y Nelson Cuevas. ¿Pero de qué manera se podía aggiornar a un equipo dirigido por Cesare Maldini, un técnico de 70 años?

La solución para tanto vejestorio fue la implementación de una camiseta alternativa. Ya no blanca, como había sido históricamente. Tampoco roja, ni azul. Nada de los colores de la bandera. ¿Qué produce Paraguay? «Naranjas», debe haber sido el dato que llegó al mail de los capos de Puma en Alemania, que sin dudarlo aprobaron la confección de una prenda que intentaría revolucionar el fútbol como lo hizo Holanda en 1974. Casi lo mismo (?).

Los sudamericanos comenzaron su participación en la Copa del Mundo usando su tradicional casaca a bastones, en el empate 2 a 2 ante Sudáfrica. Luego, en el segundo partido, ante España, el reglamento FIFA lo obligó a cambiar el atuendo, entonces salió a la cancha con la nueva pilcha naranja. Aunque claro, el remedio era casi peor que la enfermedad, porque su rival salió de rojo, entonces apenas se diferenciaban por el color de los pantalones y las medias.

Vestidos como si fuesen holandeses, los guaraníes perdieron 3 a 1 ante los españoles y pusieron en duda la clasificación, cosa que obtendrían en la última fecha del grupo, venciendo 3 a 1 a Eslovenia. ¿Qué casaca usaron ese día? La tradicional, por supuesto.

Ya en octavos de final y de nuevo con su camiseta habitual, el team de Maldini se chocó con los alemanes. Y ya sabemos cómo es el fútbol cuando hay alemanes en el medio: tenés que irte a tu casa (?). Fin del sueño mundialista.

Hoy, con la selección albirroja afuera de la Copa del Mundo, recordamos con algo de nostalgia aquella vez que Puma logró venderle naranjas a Paraguay. ¡Chupate esa!

Son decisiones: El gesto de Latorre a Boca (1999)

Diego Latorre siempre fue un bicho raro dentro del ambiente del fútbol. Fanático del tenis y rescatado de un country por el técnico Mario Zanabria, saltó a Primera División sin hacer inferiores, pero no tuvo inconvenientes en adaptarse, o al menos eso es lo que demostró en la cancha. Rápidamente se ganó a la gente de Boca a base de goles y gambetas, esas que le valieron convocatorias a la Selección y un pase al fútbol internacional.

Ya de vuelta en el Xeneize, Latorre siguió destacándose, no solo con sus rendimientos, sino también con sus declaraciones. La falta de cassette, tan valorada por los periodistas, era la misma que lo terminaba condenando. Fue así como un día se animó a decir que Boca era un «cabaret» y eso le generó enemistades en el vestuario, empezando por el técnico Veira. Como si fuera poco, arrastraba la antipatía de Maradona. Latorre, por aquel entonces, era El Diego Malo.

A mediados de 1998 la relación entre Gambetita y Boquita no daba para más. En el horizonte figuraban algunas opciones. Ser transferido a un Racing en quiebra o poner un local de articulos deportivos. Era mucho más tentador lo segundo, pero terminó siendo endulzado por la propuesta del excéntrico Daniel Lalín.

Ni lento ni perezoso, el Presidente de Boca, Mauricio Macri, negoció con su par de La Academia e incluyó una cláusula en el contrato, para que el jugador no pudiese enfrentar a Boca. Finalmente, la justicia falló a favor de Racing y, después de muchas idas y vueltas, Dieguito actuó en el empate 1 a 1 del Apertura ’98. Ese día, Oscar Córdoba le sacó una pelota que tenía destino de gol.

Bajo el mando del técnico Ángel Cappa, Latorre recuperó el buen nivel en Racing, acompañado por el Mago Capria, el Chelo Delgado, Matute Morales, Tapita García y Pablo Bezombe. Sin embargo, ese equipo no pudo alcanzar al Boca de Bianchi, que ya sin Gambetita pudo quedarse con el título. Como en el ’92 (?).

La revancha, mucho menos importante, pero revancha al fin, le llegaría al ex de Zulemita en el verano de 1999. Ese día La Acadé ganó 2 a 1. ¿Y adivinen quién hizo el primer gol? Latorre, obvio, quien no dudó en salir corriendo hasta la mitad de la cancha del estadio José María Minella de Mar del Plata, para tomarse la nariz y mirar a la platea de Boca. Ese día, los xeneizes terminaron de hacerle la cruz.

Aquel simple partido veraniego quedó marcado en el inconsciente colectivo de los futboleros, pero muchos olvidan que hubo un segundo capítulo. Racing y Boca volvieron a verse a las caras en la octava fecha del Clausura ’99, en La Bombonera. Y si bien fue baile del equipo local, que terminó ganando 4 a 0, Gambetita repitió el gesto de mal olor cuando se acercó a la tribuna popular de su ex club. También es cierto que en ese momento lo estaban puteando todos, aunque no sabemos por qué (?).

Cuando terminó el partido, el Diego bueno, ya retirado del fútbol, pero no de la lengua (?), encaró los micrófonos y dijo «Lo que no puedo olvidar es que haya hecho así (sic) a la hinchada de Boca, porque creo que Diego estuvo en Boca y sabe que la gente de Boca eso no lo, no lo, no lo, no lo traga, pero de todas maneras esto no fue una revancha contra Latorre. Aunque le gritamos muchas cosas, le ganamos a Racing».

Belgrano con pantalón alternativo (1999)

A simple vista no hay nada raro en la imagen, pero si nos concentramos en el pantalón negro Le Coq Sportif de Belgrano, nos damos cuenta de que los vivos son rojos y no celestes, como utilizaba en el uniforme habitual.

Para aquel partido amistoso ante Talleres, los Piratas decidieron cambiar el short titular por el alternativo, quizás con la ilusión de que les diera algo de suerte. Y mucho resultado no dio el cambiazo, porque La T se terminó imponiendo por 4 a 1.

Gracias a Jason

Fillol con el buzo Le Coq Sportif (1981)

Hoy sería imposible de ver en el fútbol argentino de Primera División, pero a comienzos de la década del 80 había espacio para estas rarezas. River utilizaba camisetas de la marca Olimpia, pero su arquero y referente, el Pato Fillol, jugaba con un buzo Le Coq Sportif, la misma firma que lo vestía en la selección nacional.

El sponsoreo, además, no era para nada sutil, ya que podía aparecer en grandes dimensiones, como podemos observar en esta foto correspondiente a un partido ante Loma Negra, por el Torneo Nacional. Privilegios que podía tener un ídolo.

Ya para 1983 a Fillol le cortaron el chorro, ya que la dirigencia de River se apoyaba en el contrato que tenía con Adidas. Fue así como El Pato voló a Argentinos Juniors, donde pudo seguir usando la marca que lo bancaba.

CASI 1 – Racing 4 (1977)

No fue un buen el año para Racing el de 1977. Con nueva dirigencia, nuevo entrenador, y habiendo gastado un montón de dinero para la contratación de Julio Ricardo Villa, La Academia creyó tener un equipo para conseguir el título, pero terminó peleando abajo. Una frustración más para una institución que seguiría tambaleando por mucho tiempo más.

En ese contexto fue que el team dirigido por el Coco Basile se enfrentó, en un amistoso, nada más y nada menos que a un equipo…¡de rugby!

El Club Atlético San Isidro, también apodado La Academia, había participado de los torneos amateurs de fútbol a comienzos del siglo XX e incluso había perdido una final con el cuadro de Avellaneda en 1915. Pero ahora la historia era otra y ambos competían en deportes diferentes. Uno practicaba rugby y el otro….bueno, eso que intenta practicar Racing (?).

En octubre de 1977, el CASI hizo de local en su cancha, pero con arcos de fútbol. La Academia albiceleste, por lógica, fue más que su rival aficionado y terminó ganando 4 a 1, con 3 goles del arquero Agustín Cejas y 1 del técnico Basile. Seriedad cero, pero tampoco le vamos a andar exigiendo mucho a los reyes del CASI.

Créditos a @Edu_sport

Morales (2012)

Linda tarde vivió Juan José Morales el 11 de marzo de 2012. Ese día su equipo no pudo ganarle como local a San Martín de San Juan, pero de todos modos el delantero pudo destacarse en el plano individual. ¡Y sin hacer goles!

Para comenzar, el Bicho se puso en ventaja con un gol en contra de Grabinski. Sin embargo, a primer golpe de vista parecía que el autor había sido Morales, que enseguida salió a gritarlo como propio.

En el segundo tiempo, los sanjuaninos empataron y un rato más tarde se encontraron ante la gran oportunidad para ganar el partido, gracias a la expulsión del arquero de Argentinos, Nereo Fernández. Con 15 minutos por delante y el marcador abierto, el que eligió ponerse el buzo y los guantes fue…JJ Morales. ¿Quién otro? Y se la bancó muy bien, porque el partido terminó 1 a 1.

Fuera de stock: las camisetas sin publicidad en Japón

Durante más de dos décadas los argentinos nos acostumbramos a ver por televisión a algunos clubes de nuestro país disputando trofeos internacionales en Japón. La primera situación extraña que experimentábamos, por supuesto, era la de ver a San Lorenzo madrugar para poder ver un partido. La diferencia horaria, claro, nos obligaba a adelantar el desayuno y a llegar tarde al colegio o al trabajo.

La otra rareza que siempre nos dejaron los encuentros en Asia, fue la ausencia de publicidad en las camisetas de los dos equipos. Y no es que no hubiera interesados en mostrar su marca en semejante acontecimiento. El tema radicaba en el patrocinador oficial, que al poner toda la teca necesaria, se daba el lujo de no permitir otros anunciantes en la indumentaria de los equipos.

El primer cuadro argentino en llegar a Tokio fue Independiente, en 1984, aunque en ese caso no hubo necesidad de hacer modificaciones en la camiseta, que hasta ese momento seguía virgen de chivos. Recién al año siguiente comenzarían a usar Mita.

En 1985 el que disputó la Intercontinental, luego de haber ganado la Libertadores, fue Argentinos Juniors. El Bicho, que por esos días usaba el auspicio de 7Up, debió utilizar una camiseta genérica de adidas, que ni siquiera tenía escudo. Para consuelo del team de La Paternal, algunos jugadores de Juventus terminaron levantando la copa con esas casacas.

Un año después sería el turno de River Plate. El conjunto que dirigía el Bambino Veira ganó su primer título mundial ante el Steaua Bucarest, ateniéndose a las reglas de la competición. De esa manera, la empresa de neumáticos Fate se tuvo que quedar con las ganas de salir a la cancha.

Después de 8 años, Vélez fue el que tomó la posta de los argentinos en Tokio. Con los goles de Asad y Trotta, El Fortín derribó el imperio del Milan en 1994 y se mostró ante el mundo con su casaca limpia, sin la firma Samsung en el pecho.

Para la Intercontinental de 1996, adidas sacó a la venta la nueva casaca de River. Claro que la versión que se conseguía en las tiendas, no era la misma que el Millonario terminaría estrenando ante la Juventus. La diferencia estaba en la ausencia de la marca Quilmes.

En la Recopa

La Recopa Sudamericana también adoptó la modalidad de las camisetas limpias. No en su primera versión, pero ya sí en la segunda, la que disputaron Boca y Atlético Nacional de Colombia, en Miami, allá por 1990. En ese entonces, El Xeneize lucía el sponsoreo de Fiat, pero no lo pudo exhibir ese día.

En 1995, Independiente y Vélez tuvieron que viajar hasta Japón para tratar de conseguir un trofeo perteneciente al continente sudamericano. Una cosa insólita, pero no menos real. Allí el Rojo (ganador de la Supercopa) venció 1 a 0 al Fortín (ganador de la Intercontinental), en otro duelo de equipos sin anunciantes: ni Ades, ni Mazola.

Un año más tarde Independiente volvió a salir a la cancha con la camiseta sin auspicio, en la derrota 4 a 1 ante Gremio, en Kobe. Y en 1997 fue Vélez el que obtuvo el título en Japón, venciendo por penales a River. Y el logo de Quilmes no apareció.

Hacia finales de siglo, la costumbre quedó en desuso. Real Madrid y Vasco Da Gama, en la Intercontinental de 1998, fueron los últimos clubes en jugar una final despojados de la publicidad, sepultando una era que aún extrañamos, aunque nos haya hecho levantar temprano.