Nueva Chicago con buzo rojo (1990)

La imagen parece de 1922 (?), pero aunque usted no lo crea es de 1990, más precisamente del día en el que Nueva Chicago disputó el partido más austral de su historia: ante Bancruz de Río Gallegos, por la revancha de la primera ronda del Zonal Sureste del Torneo del Interior. Sí, así de largo.

En el encuentro de ida, el cuadro de Mataderos no tuvo inconvenientes para superar a los sureños por 3 a 0, con goles de Capovilla en contra, Gustavo González y Domingo Irala Saravia. Parecía que aquel primer paso en el duro camino hacia el Nacional B era un trámite, pero faltaba lo peor: jugar en Santa Cruz.

El desquite ante Bancruz se jugó el 6 de mayo de 1990 en unas condiciones pésimas para la práctica del fútbol. El frío extremo, el viento y una cancha llena de piedras y charcos pusieron en duda el encuentro. Sin embargo, el árbitro Sliwa habló con los capitanes de ambos equipos (Burgos y Almirón) y optó por jugarlo.

Fue así como Nueva Chicago saltó al campo de juego con una indumentaria insólita. Nada de camisetas verdinegras ni alternativas blancas: Buzos rojos con el logo de adidas en el pecho. Los mismos que usaban para entrenar y para concentrar, pero con números en la espalda añadidos de forma precaria. ¿Pobreza? No, los jugadores estaban cagados de frío. Y ni hablar de los jueces de línea, que estuvieron los 90 minutos con pantalones largos.

Para darle más colorido al asunto, el Torito ese día fue alentado por un grupo de colimbas que le llevaban la contra a los lugareños. ¿Resultado? Ganó Chicago 2 a 1 en el partido más helado de su vida.

Gracias a Chicago Total

Anderlecht 0 – Racing 2 (1968)

Aprovechando su condición de Campeón Intercontinental, en agosto de 1968 el Racing Club de Avellaneda emprendió una gira por Europa, donde pudo conquistar dos trofeos internacionales de caracter amistoso.

En Málaga, La Academia participó del tradicional Trofeo Costa del Sol, junto al Anderlecht de Bélgica, el Real Madrid y el equipo anfitrión. Racing venció 1 a 0 al Málaga FC con un gol de Quique Wolff sobre la hora y accedió a la final, donde esperaría por los belgas, que ese mismo día derrotaron a los madrileños por 3 a 1.

Al día siguiente y ya en el partido definitorio, el mendocino Salomone y el Bocha Maschio marcaron para el cuadro albiceleste, que ganó 2 a 0 y se convirtió en el único equipo argentino en levantar esa copa.

Gatti al Deportivo Cali (1980)

Comenzaba el año 1980 y Hugo Orlando Gatti encendía la máquina de humo para la revista El Gráfico: «Mirá, a Boca le dejé una mandíbula, la nariz, una pierna. En estos cuatro años le dejé todo. Creo que merezco como premio que me den el pase para ir un año afuera y después decirle adiós al fútbol. No es por la plata, no me interesa. Yo jugaría gratis, pero no lo hago por los muchachos. Me tengo que hacer respetar porque sé que soy atracción, que hay gente que va a la cancha para ver a Gatti. Entonces quiero que paguen lo que valgo».

En el horizonte del Loco aparecía el Deportivo Cali de Colombia. ¿Las razones? «Allá siempre hay sol, buen clima, un lindo hotel. Lo hablé con Nacha y ella está de acuerdo», decía el arquero. ¿Qué pasó al final? Siguió atajando en Boca hasta 1988, cuando Pastoriza lo borró después un gol que le regaló al Deportivo Armenio.

Central con dos marcas (1993)

La imagen corresponde al empate 3 a 3 entre Rosario Central y Mandiyú de Corrientes, por la décima fecha del torneo Apertura 1993. A simple vista no hay nada raro, más que Ricky Maravilla con la 10 Úbeda festejando, pero si hacemos foco en la indumentaria encontramos algo bastante llamativo.

El Canalla, que ese año comenzó a vestirse con la firma brasileña Penalty, combinó la nueva camiseta con unos viejos pantalones de Uhlsport, su antiguo sponsor técnico. El hecho no fue aislado, ya que en ese campeonato pudo verse más de una vez.

Al año siguiente Central se acostumbraría, por fin, a utilizar los pantalones azules de Penalty, su proveedor oficial.

Placard: la camiseta Levi’s de México (1978)

En la década del 70 no eran tantas las empresas de indumentaria que dominaban el mercado internacional. Adidas tenía a la mayoría de las selecciones, mientras que una mínima porción se dividía entre otras firmas que intentaban arrimar el bochín. ¿La perla? México, que en el Mundial de Argentina 1978 llegó a vestirse nada más y nada menos que con Levi’s, ¡una marca de jeans!

Como tantas otras veces, El Tri llegó a aquella Copa del Mundo con el copete (?) bastante alto. ¿Los motivos? El subcampeonato en el Mundial Juvenil de Túnez 77 y una irreprochable eliminatoria, ganando la fase final con puntaje ideal, 20 goles a favor y apenas 5 en contra. El resto del agrande corría por cuenta de los periodistas mexicanos, siempre dispuestos a inflar a su selección en las grandes competencias.

La pura verdad es que, ya en el Mundial de 1978, México sólo llamó la atención por su vestimenta, confeccionada extrañamente por Levi’s, la marca norteamericana que se hizo famosa por sus jeans (vaquero dice tu abuela, no jodamos). Tanto el uniforme titular como el alternativo eran bastante agradables a la vista, combinando el verde, el blanco y el rojo. El diseño de la casaca suplente, incluso, fue copiado por Nike para la selección de Portugal en el Mundial de 2010.

En el plano futbolístico, aquel combinado mexicano que vino a la Argentina se confió demasiado en la zona que, en teoría, era medianamente accesible. En su debut, en Rosario, cayó 3 a 1 ante Túnez. Cuatro días más tarde volvió a jugar en el Estadio Olímpico de Córdoba frente a Alemania. ¿Resultado? Un aplastante 6 a 0 para los germanos. Chau, manito (?).

México se despidió perdiendo 3 a 1 con Polonia, sumando una nueva frustración a su larga historia mundialista. Y eso que usaban Levi’s y no Vanquish (?).

Boca copia del Parma (1993 a 1995)

El vínculo entre Boca Juniors y una empresa familiar como Olan dejó algunas particularidades, pese a que no fueron muchas las camisetas que presentaron entre 1993 y 1996.

El único modelo alternativo que el Xeneize utilizó en aquel período estuvo inspirado, de principio a fin, en la indumentaria Umbro que el Parma de Italia había estrenado en 1993: conjunto blanco, con cuello azul y mangas con bordes bicolores. La firma Olan, no demasiada esmerada en sus diseños, se apropió de la idea y hasta copió los detalles de los pantalones y las medias.

Para colmo, el sponsor del club italiano era el mismo de Boca: Parmalat. ¿Resultado? Una camiseta idéntica que debutó en 1994 y que incluso llegó a usar Maradona en un accidentado encuentro ante Deportivo Español, a fines de 1995.

Mitsuhide Oishi Tsuchida, el paragua (?)

Hoy en día es bastante común observar un futbolista de raza negra jugando para Italia o Alemania. También nos acostumbramos a ver, de vez en cuando, a la selección de Sabella integrada por algunos jugadores que no salieron de Estudiantes. Un horror (?). Pero allá en los años 80, cuando nada de esto era frecuente, Paraguay sorprendió al mundo con la incorporación de un hombre de piel amarilla. Con ustedes, la historia del Paragua Mitsuhide Tsuchida.

Hijo de padres japoneses, pero tan paraguayo como el tereré o la palabra lastimosamente, Mitsuhide nació en Pedro Juan Caballero allá por 1970 e hizo inferiores en Sport Colombia, institución por la que también pasó Nelson Cuevas, el hijo de Ña Tora.

Ya siendo muy pequeño, Tsuchida llamó la atención, no sólo por sus rasgos orientales, sino también por su talento, ese que rápidamente le hizo ganar una convocatoria al seleccionado juvenil paraguayo a finales de los 80’s.

Marcador central, aunque también mediocampista, en la Albirroja Tsuchida fue compañero de Gustavo Neffa, aquel ex Boca que se retiró para seguir la carrera de su esposa, la tenista Rossana de los Rios. Futuro esa selección tenía. Aunque baldosero, claro.

Debutó en la Primera División de 2 de Mayo, pero apenas una temporada más tarde se marchó a tierras niponas para tratar de progresar. En 1989 jugó para el Toa Kensetsu y después formó parte, durante dos años, del Fujita, de la segunda division de la JFL.

Pero claro, alguien tiene que llevar la tecnología de punta a Ciudad del Este (?), por eso Mitsuhide regresó a Paraguay con el bolso lleno y anduvo jugando en Cerro Corá e Independiente de Juan Pedro Caballero.

Ya para 1993, volvió a repetir el proceso y se fue a Japón para recargar radiograbadores, cámaras, filmadoras, computadoras, radios, televisores pilas. El Vantforet Kofu lo tuvo en sus filas durante varios años y luego pasó al Nirasaki Astros, el último club donde el paragua Tsuchida dio señales de vida. Lastimosamente.

Publicado en simultáneo con www.unmundialparaenunabaldosa.com