Mauricio Trillo
Singular y no tan reconocido personaje del ambiente futbolero que cobró notoriedad en Europa, aunque bien alejado de las canchas. Lo suyo bien podría encuadrarse en casos como los de Sergio Bermúdez, Matías Mantilla y Juan Piombo, jugadores que son parejas de mujeres muy garchables más afamadas que ellos. Pero repasemos puntualmente su historia.
Asomó el cogote en aquel equipo de juveniles que presentó River Plate en 1983, con valores como Adrián Rodríguez, Gavazzi, Gorosito, Karabín, Dacko, Dalla Líbera, Nicosia, Spotorno, Andreani, De Vicente, Nigro, Mercado, Vittor, Gavazzi, Diéguez y Vélez, entre otros. Su participación como defensor en la Primera millonaria fue escasa, ya que apenas disputó un partido de titular (derrota 3 a 0 ante Unión) y jugó otro desde el banco (0 a 0 con Independiente).
Sin embargo, tras quedar en libertad de acción, marchó a Córdoba y pasó por Talleres (1984) y Racing (1985/86), siempre en la máxima categoría, donde alcanzó las 36 presencias y ninguna flor.
Lo curioso es que unos años más tarde, estando en España (donde jugó apenas 25 minutos para el Rayo Vallecano en la temporada 1987/88), conoció a Encarna Salazar, una de las hermanas Azúcar Moreno. Y no sólo eso, además se casó con ella, le hizo (?) una hija, la acompañó en los malos momentos, fue mánager del grupo e incluso quedó en el medio cuando su mujer se separó de su hermana Toñi.
Entonces sí, apagó el televisor, encendió su transistor, sintió unas cosquillitas en los pies, se preparó para bailar y contó luego hasta tres. One, two, three, Caramba! Sólo se baldosea una vez.







