Boca con escudo Nike 2006

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De la mano de Alfio Basile, Boca Juniors obtuvo el bicampeonato en el Clausura 2006 y su proveedor de indumentaria, Nike, le preparó una camiseta especial para el último partido, ante Olimpo, en La Bombonera. En realidad la casaca era la misma que venía utilizando hasta entonces, sólo que en el lado izquierdo tenía un extraño escudo que lo identificaba como el ganador del título (?). Apenas un detalle que sólo sirvió para enloquecer a algún que otro coleccionista.

Díaz Michael

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Michael Díaz

Italiano, de nombre Michael e hijo de Ramón Díaz y Mirta (?). ¿Algo más? Sí, también hermano de Emiliano, otro baldosero. Las condiciones para estar en este sitio las tuvo desde el vamos. El nivel futbolístico, de última, lo único que hizo fue grabarle a fuego el dibujo de un pulgar hacia abajo en medio de la frente. Con ustedes, Michael Díaz.

Nacido el 12 de marzo de 1986 en Avellino, donde actuó Ramón como jugador, no pudo sacar provecho de su condición de futbolista internacional hasta 2005…cuando se sumó junto a su hermano al plantel del Oxford United inglés, dirigido por su padre, claro. Pero la experiencia en el ascenso europeo duró poco y ni siquiera pudo disfrutar de las apuestas deportivas online betting at BetUS. Al año siguiente fue ofrecido a la dirigencia de San Telmo, que aceptó la propuesta con los ojos cerrados. El paso de Michael por el Candombero fue insignificante, apenas tuvo un puñado de encuentros. El ser «hijo de…» no le sirvió para llamar la atención en la Primera B, pero sí para luego firmar con un grande de Primera División. Increíble.

En 2007 su papá se hizo cargo del plantel de San Lorenzo de Almagro y luego de la obtención del título en el primer torneo que le tocó (Clausura ’07), no dudó en solicitar la contratación de sus hijos para la segunda mitad del año. Con plata dulce y la sonrisa en la cara, la dirigencia aceptó semejante pedido y así fue como los hijos de Ramón se sumaron a la pretemporada. A Emiliano algunos lo conocían por su fugaz pasado en River. Pero de Michael no se sabía nada, ni siquiera de qué jugaba. «Es lateral derecho» tiró el padre. Ahhhhhhhhhh.

Mientras los resultados acompañaron, no hubo indicios de que la convivencia de los hermanos Díaz con el resto de los compañeros tuviera inconvenientes, pero la cosa cambió mucho cuando llegó el 2008. Aprovechando el torneo de verano, Ramón puso a Michael como titular y dicen que luego se molestó cuando alguien hizo un chiste al respecto. Más tarde, la pelea por los premios, la eliminación de la Copa, el enojo de Orión, la decisión del Presidente Savino de no renovarle contrato a los pibes, las declaraciones de Emiliano en nombre de ambos y el anunciado final. Ramón se fue y los hijos siguieron sus pasos.

En junio de ese año el DT viajó a México para empezar a trabajar en el América. Michael, ni lerdo ni perezoso, lo acompañó pero terminó entrenando para otro equipo más acorde a su calidad (?), los Indios de Chihuahua. Y pese a ser bastante callado, se vendió: «Vengo a hacer lo mejor posible. Marco bastante bien y tengo buena llegada. Si me quedo, haré las cosas lo mejor posible«. Las dudas entre quedarse o no parece que estaban generadas por la posible contratación de Emiliano, que teniendo más experiencia (?) al final prefirió esperar una oferta de Europa. La separación no duraría mucho.

Luego de probarse en el Benevento italiano (obvio, junto a su hermano), mediados de 2009 se sumó a Defensores de Belgrano, donde ya había hecho divisiones inferiores, pero ahí tampoco le dieron bolilla.

Hoy dicen que Emiliano juega en Paraguay. ¿Y Michael? Ni noticias. Pero probablemente esté ahí, viendo de qué carajo laburar. Incluso hasta podría ser vendedor callejero. Total, experiencia no le falta. Desde bebé está acostumbrado a decir «chi pá«.

Talleres 1 – Barcelona 1

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La diferencia actual es abismal. Uno da cátedra de fútbol a nivel internacional mientras que el otro pena en el Argentino A. Pero hace mucho tiempo, allá por 1964, el Barcelona de España visitó estas tierras para disputar un cuadrangular en Capital y eso derivó en otro amistoso en Córdoba, donde enfrentó a Talleres.

Apenas 4 mil personas se acercaron aquel 19 de julio a la Boutique para ver el choque entre la T y los catalanes. Según el recuerdo del periodista Gustavo Farías, el diario La Voz del Interior publicó al día siguiente varios factores que contribuyeron para la escasa concurrencia: la pobre labor del Barsa en el torneo amistoso de Buenos Aires, el valor de la entrada y la transmisión radial de River-Independiente». Todos doblecamisetas (?).

Lo cierto es que, a pesar de no tener demasiado apoyo, el local se puso en ventaja rápidamente con gol de Miguel Romero, pero luego el conjunto blaugrana igualó por medio de Vicente González. El partido, muy mal jugado según las crónicas, terminó 1 a 1. Y el diario El Mundo Deportivo de Barcelona fue categórico: «tuvieron buen acierto los hinchas locales al abstener de acudir al estadio«.

¿Querés una pajita?

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Era otro Bichi Fuertes, es cierto. Tenía juventud, jugaba en Platense, no discriminaba (?) ni hacía publicidades para una marca de preservativos. Al contrario, tenía un perfil mucho más familiar que hubiese conquistado a los gerentes de marketing de Coca Cola…de no haber sido por esa manera poco sutil de manosearse el sogan por encima del boxer con dibujitos.

Deportivo La Coruña 1 – River 1 (1993)

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Envuelto en los rumores sobre un posible pase de su goleador (?), el Cuqui Silvani, al fútbol suizo, River Plate viajó a España en junio de 1993 para participar de un cuadrangular junto al Deportivo La Coruña, Tenerife y San Pablo de Brasil.

En su primer partido en el estadio Multiusos de San Lázaro, en Santiago de Compostela, el conjunto millonario dirigido por Daniel Passarella se enfrentó a los gallegos y arrancó perdiendo con un gol del brasileño Bebeto. Pero en el segundo tiempo apareció la rara efectividad de Silvani y gracias a un penal puso el score 1 a 1. Luego, en la definición desde los doce pasos, Sodero se lució atajando los remates de Mauro Silva, Claudio y Ribera. Bebeto, como de costumbre, ese día ni pateó (?). Y River pasó a la final del torneo Compostela ’93 tras imponerse por 6 a 5.

Fuera de stock: El Gráfico – Diario del lunes

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La aparición del diario deportivo Olé, allá por 1996, obligó a los directivos de la ya por entonces venida a menos revista El Gráfico a modernizarse para pegar un golpe de efecto y recuperar los lectores perdidos. El primer intento fue un cambio general de formato y diseño que no dio resultados y que encima frustró a los coleccionistas. El segundo manotazo de ahogado, tan efímero como olvidado, fue un periódico que cubría la fecha del fin de semana. Aquí el recuerdo:

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Diario durante el Mundial

Todavía en manos de la Editorial Atlántida y conciente de su histórica relación con los mundiales de fútbol, la revista trató de no perder terreno en su especialidad y preparó para Francia ’98 una novedad en cuando a publicaciones: un diario a todo color, con papel de revista y al módico precio de $1. Así fue como el martes 2 de junio de 1998 salió a la luz El Gráfico – Diario del Mundial, con una gran promoción en la que uno podía juntar cupones y canjearlos por un gorro arlequín. Para pegarse un tiro en las bolas.

Con un estilo mucho más desenfadado que lo habitual (Olé le había sacado varias cabezas en ese aspecto) y sacando provecho de su inmenso archivo de imágenes, El Gráfico en su versión diaria cumplió con el objetivo de cubrir el Mundial hasta el último día. Pero habría más.

Sólo los lunes

La vieja costumbre de comprar la revista los martes estaba en desuso. ¿Para qué esperar tanto tiempo si el lunes se podía tener un diario deportivo mucho más económico y completo? Fue así como los popes de El Gráfico (ya perteneciendo a Torneos y Competencias) vieron viable la posibilidad de continuar con el mismo formato del Diario del Mundial, aunque sólo para los lunes. La idea era clara: competir con Olé.

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Durante el último semestre de ese año y los primeros meses de 1999, los futboleros que no le hacen asco a nada (?) tuvieron la oportunidad de leer una copia del Olé bajo el nombre de El Gráfico. Entre sus secciones más afanadas afamadas, estaban El Picadito, El Gaste y la revolucionaria (?) Un día como hoy. Las tapas, como siempre, estaban dedicadas en su gran mayoría a Boca y River, aunque en las páginas interiores también le daban cabida al resto de los equipos de Primera División e incluso a otros deportes como el rugby, el tenis y el boxeo.

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Para las últimas semanas de vida, quizás presagiando el final, la publicación bajó considerablemente la calidad del papel, resignando el único punto a favor que tenía. Si hasta el nombre perdió y terminó llamándose El Equipo de El Gráfico. Eso sí, a sólo $1, porque si algo protegieron siempre los de Torneos fue el bolsillo de su público (?).

Villamil Nicolás Servando

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Nicolás Servando Villamil (el Loco)

Arquero argentino que tuvo que hacer carrera en el exterior para ganar algo de reconocimiento. Aquí sólo fue un extra de equipo grande a mediados de los 80’s. Todo lo que vino después caminó entre lo glorioso y lo payasesco.

En nuestro país algunos dieron fe de su existencia en 1986, cuando le tocó integrar aquel equipo que Argentino de Mendoza le alquiló a Racing para jugar el torneo local. Villamil (junto a Dillon y Signorelli) era uno de los pocos jugadores del club cuyano. Y salvo el enganche Edgardo Geoffroy, el resto había desembarcado desde Avellaneda.

Después del fiasco que significó haber quedado en la quinta posición (la idea era clasificar entre los primeros 4 y luego pelear por un ascenso al nuevo Nacional B), Villamil volvió a Buenos Aires con el plantel académico, siempre en su condición de arquero suplente. Detrás de Wirtz y eventualmente luchando el puesto con Pogany o Zubczuk, le tocó salir a la cancha con el buzo número 12, pero sólo para sentarse en el banco.

Las vueltas de la vida lo hicieron cruzar la Cordillera de Los Andes, y allí finalmente pudo llamar la atención. Primero fichó para Universidad de Chile (1987), que enseguida lo mandó a préstamo a Deportes Concepción, donde se hizo querer a base de jugadas excéntricas, empezando por su forma de atajar los penales: ¡de espaldas! A eso le sumó un gol de cabeza a la Católica y algunos pifies memorables.

En 1992 se puso el buzo del Everton, pero luego de su tercera expulsión sufrió el descuento del 50% del sueldo, fue separado del plantel y acabaron por rescindirle el contrato. Pasó por Liga Deportiva Universitaria de Quito y de nuevo en Chile defendió las vallas de Fernández Vial y Ñublense, hasta que en 1999 se retiró y puso una casa de deportes.

Pero su espíritu inquieto, claro, le permitió seguir siendo noticia aún fuera de las canchas. En 2000 gestionó la llegada de Marcelo Vega a Racing. En 2002 lo sorprendieron dando intrucciones (?) al arquero y la defensa de Deportes Concepción en pleno partido. En 2003 tuvo su merecido partido despedida en el Estadio Municipal de Collao y dos años más tarde, en su condición de empresario, cayó con 5 camerunenses para probarlos en la Universidad Católica, de los cuales sólo quedó el baldosero (y ex Tiro Federal de Rosario) Luc Bessala.

Especiales: El Barros Schelotto arquero

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Pablo Barros Schelotto

Tiene la cara de Guillermo, pero no es Guillermo. Se dedicó al fútbol como Guillermo, pero no es Guillemo. Tiene el mismo apellido que Guillermo, pero no es Guillermo. ¡Entonces es Gustavo! No, no es Gustavo. Con ustedes, el menos conocido de los Barros Schelotto.

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Hermano mayor de los mellizos platenses, fue el que inició el camino de la dinastía. Mientras Guille y Gusti (?) asomaban en For Ever, Pablo atajaba en las inferiores de Gimnasia. Arquero titular en la camada que tenía como figura al Moncho Fernández, fue subiendo escalones hasta que pasó a defender la valla de Everton, donde dio sus últimos pasos hasta que el estudio terminó consumiendo al proyecto de futbolista.

Tal como lo hiciese su padre Hugo, se recibió en la Facultad de Medicina y se especializó en los transplantes, materia en la que se destacó ampliamente. Actualmente integra el cuerpo médico de la Fundación Favaloro y pese a ello, para mucha gente (incluso para nosotros) siempre será «el Hermano de…«. De Carolina, claro (?).