A fines de 1990, Diego Armando Maradona viajó desde Italia a la Argentina para pasar las fiestas con su familia. El Gráfico, siempre al día para diseñar bombas de humo, enseguida publicó un artículo donde se mencionaba un posible destino para el Dié para el segundo semestre de 1991: el fútbol asiático. «Su pase lo compraría un club japonés -el P.J.M.- en 20.000.000 de dólares. El P.J.M. es un equipo provinciano que participa de la cuarta división, la última categoría. Sus posibilidades de acceder a la Liga Profesional que se organizará en 1992 son nulas. Así y todo, el sueño de tenerlo a Maradona no se deja de lado: si no es para jugar, entonces, será para enseñar. ¿Qué hará Diego ese año intermedio entre su salida de Italia y su ingreso a Japón? Aquí la respuesta esperada: jugaría en Boca la temporada 1991/92, a préstamo, sin cargo y sin opción, con el sueldo a cuenta de publicidad. Todos los contactos están ya hechos en los tres países«, decía la revista. Y quizás alguno lo creyó.
Archivo del Autor: juancastromdp
Charles Tomás

Tomás Patricio Charles
Decir Charles, desde que el Mundo es Mundo 1992, es referirse a un baldosero. Y no es que nuestro homenajeado haya tenido mucho que ver con aquel delantero brasileño que hizo sapo en la Argentina de la mano de Maradona, pero indudablemente el apellido condicionó la visión de los hinchas de Independiente, que desde el momento del debut lo miraron con algo de cautela.
Nacido el 12 de Junio de 1985 en Villa Dominico, hizo inferiores en el Rojo de Avellaneda y tuvo su recompensa en el Clausura 2004, cuando fue titular en la última fecha, frente al ya descendido Nueva Chicago. Para que no se sienta tan sólo, claro, lo acompañaron sus colegas Fernando Lorefice, Yair Rodríguez y Roberto Carboni. Ufff.
Siguió en el plantel profesional de los Diablos hasta el 2006 y tras 15 partidos entró en el agujero negro de lo incierto. Recién asomó la cabeza en el 2008, cuando pasó a integrar las filas del Nyiregyhaza de Hungría. Todavía está aprendiendo a pronunciarlo.
Su experiencia europea duró nada. En la temporada 2008/09 se incorporó a Instituto de Córdoba para actuar en la B Nacional. Y ahí sí, no sólo tuvo los minutos suficientes para armar un video con sus highlights (?), sino que además aprovechó para dar una entrevista con su vecino Guillermo Farré en la previa de un clásico ante Belgrano. Mate va, mate viene, el hombre de La Gloria se fue soltando y contó cómo se hizo amigo del Pirata: «Nos fuimos conociendo abajo, en la puerta. Uno pasaba, saludaba. Después, empezamos a hablar. Ya le empezás a preguntar cosas y surge la relación«. Muchas dudas (?).
Tras otro parate en el que fue muy difícil ubicarlo, volvió a dar señales de vida en agosto de 2010, cuando Racing de Montevideo lo devolvió (por no decir que lo vomitó) a una Primera División, la uruguaya. Y bue, ahí sigue para agregarle alguna que otra jugadita a su video.
Almirante Brown verde 1986/87
Sobria pero curiosa camiseta verde con vivos blancos usó Almirante Brown en la temporada 1986/87, cuando derrotó 2 a 0 a Atlanta. Lejos de la clásica pilcha aurinegra, el Mirasol se animó a unos colores ajenos.
En la foto, parados: Dagametti, Arias, Casanueva, Piazzalonga, Giantomasi y Theiler. Hincados: Guerrero, Álvarez, Tutino, Rufini y Marozzi.
(Gracias Arielp. Créditos Museo Almirante Brown)
Simón Says
Simón dice ser campeón del mundo en juveniles. Y un montón de pibes lo hacen. Simón dice jugar la final de un Mundial de mayores. Y algunos lo imitan. Simón dice retirarse con toda la gloria en Boca. Y unos pocos le siguen el juego. Simón dice ponerse mis bermudas. Y ahí todos lo mandan a la mierda.
Unión verde 2008
En 2008 Kappa dio la nota cuando se hizo cargo de la indumentaria de varios equipos del ascenso y parece que se quedó corto con el stock de tela (?), porque empezó a repartir camisetas genéricas a mansalva. A Unión de Santa Fe, por ejemplo, le tocó un modelo verde que apenas si tenía el escudo y la publicidad de Flecha Bus. Después, nada tenía que ver con la historia del Tatengue. La casaca sólo se usó en el empate 1 a 1 ante Instituto de Córdoba.
Gracias Maxi_tate.
Parada Esteban
Esteban Gabriel Parada
Con semejante apellido lo único que tuvo asegurado, desde el vamos, fue una catarata de chistes fáciles y malos que comenzaron a tomar fuerza en el preescolar. A esa edad los pibes quizás no saben o no entienden que el pene se erecta, pero ya tienen una mínima noción de dónde frenan los colectivos. Entonces, llamarse Parada ya es un problema. Y ni hablar siendo más glande grande.
Ante esa dificultad, quedan dos alternativas. La primera: suicidarse ser actor porno. Sí, porno, porque ese apellido no se lo banca un actor de comedia. La segunda: ser arquero en España. Sí, ahí, donde le dicen «gran parada» a una «gran atajada«. Ahí donde usan la palabra «larguero» y no «travesaño«. Ahí donde dicen «vaselina» en lugar de «emboquillada«. Ahí.
Y Esteban Parada, obediente, fue arquero. Se formó en las inferiores de Platense, llegó al plantel profesional e incluso llegó a firmar planillas de partidos de Primera a mediados de los 90’s, como el día que estuvo sentado en el banco de los suplentes en la victoria del Calamar 3 a 1 sobre River, en el Monumental.
Estando detrás de Ragg seguramente se debe haber replanteado aquello de ser actor porno, pero agachó la cabeza y siguió con su carrera de futbolista. Dicen que pasó por San Miguel (1996/97), Defensores de Belgrano (1997/98), Comunicaciones (1998 a 2000) y Deportivo Armenio (2000/01). Ah, claro, no probó suerte en el fútbol español, por eso fracasó. Pero créanle. Es la primera vez que le pasa.
Cipolletti 0 – Argentina 2
El 1º de mayo de 1978 la selección argentina dirigida por César Luis Menotti pisó el suelo rionegrino para enfrentar al combinado de la ciudad de Cipolletti, en la Visera de Cemento.
El conjunto nacional, que se preparaba para el Campeonato del Mundo de ese año, formó con Fillol; Pagnanini, Luis Galván, Killer y Bottaniz; Oviedo, Gallego y Valencia; Houseman, Bravo y Bertoni. Luego ingresaron Ardiles, Ortiz y Maradona, para darle más color a aquella histórica jornada que concluyó con un 2 a 0 para el team vestido de azul, con goles de Bertoni (de penal) y el Tolo Gallego.
Gracias Cipolletti Glorioso Albinegro
Fuera de stock: las bolsitas de agua
Mucho antes de comernos todo el chamuyo de las propiedades del Gatorei y el Powerade, los futboleros fuimos testigos de una era donde la salvación para los jugadores sedientos y deshidratados era una simple bolsita rellena con…agua. Y aunque en su momento formó parte de la escenografía cotidiana en las canchas, un buen día desapareció sin dejar rastros.
No se sabe a ciencia cierta dónde ni cuándo el método de las bolsitas comenzó a tomar fuerza, pero sí es comprobable que hacia fines de los 80’s estaba totalmente instalado en el ámbito nacional. Por entonces, el aguatero seguía atado a la vieja práctica del bidón, que se extendió incluso hasta el Mundial ’90, cuando el mítico Galíndez le ganó 1 a 0 a Brasil (?).
Bidones y vivezas mundialistas al margen, las bolsitas también tuvieron su momento de gloria, como recuerda el historiador Javier Roimiser: «el furor fue en la temporada 1989/90. En la victoria 4 a 2 de Argentinos sobre Chaco For Ever, por la última fecha de la primera rueda (diciembre del ’89), el Bicho ganaba 3 a 1, cuando en una jugada del segundo tiempo Sallaberry eludió a Mac Allister y encaró por la punta derecha… El colorado, que había recibido una de estas bolsitas para hidratarse un rato antes, le tiró con la bolsita y le pegó en la espalda, por lo que Sallaberry cayó. El juez Mastrángelo amonestó a Mac Allister. Y a partir de 1990 se prohibió que siga el juego con las bolsitas en el campo. Más de una vez algún jugador pisó bolsitas vacías tiradas en la cancha y se cayó«. Glorioso.
Principales bolseros y extinción del fenómeno
No hubo, a decir verdad, próceres de la bolsita, aunque la foto indique lo contrario. Todos los jugadores, en mayor o menor medida, recurrían al salvataje desde el banco de suplentes para evitar la asfixia. Por lo general, los futbolistas que ingresaban en el segundo tiempo repartían 2 ó 3 entre sus compañeros, que desesperadamente iban como asiáticos perros en busca de agua a hincarle el diente.
A medida que fue avanzando la década del ’90, otros métodos supuestamente más prácticos y estéticos como la mal llamada caramañola dejaron la bolsita de lado y casi que nadie se dio cuenta. Desde acá, el recuerdo para un elemento que marcó una época pasada por agua.








