
Daniel Omar Nahra
Rudo y temperamental zaguero central que tuvo la suerte de hacer su carrera durante los ochenta y noventa. ¿Por qué decimos que tuvo esa suerte? De haber salido a las canchas en esta época, es muy probable que los delanteros e hinchadas rivales hubieran manoseado de lo lindo su apellido. Y eso hubiera sido lapidario para un defensor que sí o sí tenía que, por lo menos, imponer imagen.
Formó parte del plantel de Nueva Chicago (1982/83) que hizo las primeras armas de los de Mataderos en la A. Allí, sin escalas, fue parte del equipo sensación del Nacional ’82, del equipo que zafó con lo justo en el Metro ’82 y del equipo que empujado por el promedio rodó escaleras abajo hacia la B en 1983.
Pese al triste final, la película de nuestro homenajeado en la máxima categoría tiene una noche de gloria. Porque el 1 de noviembre de 1983 junto con Jorge Traverso, Lucca, Claudio Larramendi, Roberto Pereyra, Pedro Hermosilla Flores, Callipo, Roberto Vega, Luis Armani, Otermín y Acuña fue uno de los protagonistas de la paliza histórica 5-0 a Boca en Liniers. Partido con el que seguramente podrá chapear mucho más que con los otros 21 que jugó para el Torito.
Con sus quince minutos de fama ya casi consumidos, recorrió el ascenso con la camiseta de Almirante Brown (1985) para dejar la estadística de 36 partidos jugados, 2 goles convertidos y mucha charla de vestuario con íconos como Reggiardo, Rufini, Johansen y Giantomassi.
En 1987 aportó presencia, hacha y tiza en la zaga de Argentino Oeste. Allí se reencontró con Ricardo Bina, un viejo conocido de sus épocas en Chicago y formó parte del equipo que causó furor en el Torneo del Interior. Furor que se cortó de cuajo (?) tras la derrota por penales en las semifinales contra Villa Dálmine. Por lo menos nadie le puede negar haber dejado una imagen aceptable y de paso haber hecho escuela en el arte de raspar piernas rivales para que la joven promesa recién surgida, un tal Nelson David Vivas, siga su ejemplo.
Tras la experiencia enriquecedora, volvió a su mundo y siguió desfilando por el ascenso. Vistió la camiseta de Temperley (1987/88) y pudimos descubrirlo años más tarde descendiendo nuevamente con los colores verdinegros. Aunque esta vez la víctima fue San Martín de San Juan (1991/92).
Repasando: apenas una veintena de partidos en la A, un par de descensos sobre el lomo, rodaje en la B, presencia en ligas del interior, pocos flashes en general, una noche histórica y, para qué negarlo, un apellido que es pura fantasía. ¿Le faltó un tour por el exterior? Hasta donde sabemos sí, pero ciertos baches en su trayectoria nos mantienen viva la esperanza de que alguien diga lo contrario.
Para el final se impone una pregunta que tranquilamente podría ser duda existencial. ¿Tiene algo que ver con Wanda? Nahra que ver.