A partir de 1980, Italia abrió sus fronteras para los futbolistas extranjeros, por lo que la bomba que tiró El Gráfico bien podría haber sido cierta, más tratándose de uno de los mejores defensores del mundo. Y es que efectivamente hubo charlas informales, alguna tibia negociación o un ligero “sondeo”, como se dice hoy, por parte de la Roma. Pero la cosa era difícil: sólo se permitían dos extranjeros por equipo. Y, además, Passarella tenía otra prioridad: la Selección Argentina. Por lo que El Gran Capitán se quedó en River hasta después del Mundial 82, para luego sí partir hacia Europa.
Gracias a Ale Carro.







