
Daniel Alberto Constantino
No puede negarse que dejó un profundo legado, marcando un antes y un después. Es indiscutible que todo cambió desde entonces, que sin su presencia la cultura occidental sería diferente. La civilización de hoy en día mantiene su impronta en aspectos cotidianos, habituales, frecuentes. En definitiva, el mundo podría ser un lugar muy distinto si él no hubiera nacido. No hay error, estamos hablando de Constantino. Del emperador romano, refundador de Constantinopla. El mismo que tomó una decisión de suma importancia, perdurable hasta nuestros días: declarar los domingos como “día de reposo”. El asado y las películas de Olmedo y Porcel, agradecidos.
Si bien Constantino El Grande y su homónimo argentino no revisten parentesco alguno (dato no chequeado, ya que los registros de la Dinastía Constantiniana llegan hasta el siglo IV d.C.), puede afirmarse que el futbolista se esforzó al máximo para cumplir con la ley que decretaba al séptimo día de la semana como el indicado para descansar.
Conoció el trabajo dominical en 1980, cuando le tocó poner la cara en un River juvenil, que cubría a los mayores mientras estos hacían cosas de grandes, como jugar la Copa Libertadores (?). Durante dos años compartió plantel con el Pato Fillol, Passarella, Mostaza Merlo, Tarantini y el Nene Commisso, entre otros. El problema era que al momento de salir a la cancha estaba al lado de Giúdice, Gordon, Alegre, Coccimano. Trabajo insalubre.
Con poco lugar en el equipo, fue prestado a Renato Cesarini para jugar el Nacional 1983. Después de 11 partidos y 1 tanto, regresó a Buenos Aires. Lo recibió un River en conflicto, donde los futbolistas profesionales se declararon desvinculados. Por supuesto, él estuvo en ese grupo y pasó varios domingos predicando las enseñanzas de su antepasado. Volvió a las canchas sobre el final del Torneo Metropolitano, para redondear 19 encuentros y 1 gol, en sus dos etapas en el Millonario.
El próximo banco de suplentes en el que dejó marca fue el de Atlanta. Durante 1984 totalizó 23 partidos, generalmente entrando en los segundos tiempos en lugar de Graciani o Erramuspe. La campaña en el Nacional fue mala (eliminación en primera ronda) y en el Metropolitano directamente fue pésima (el Bohemio terminó último y descendió). Al menos, Constantino cumplió con su cuota goleadora, marcando un solo tanto, pero muy especial: fue a River, en un empate 1 a 1.
Circulo Deportivo de Comandante Nicanor Otamendi. Todo eso (?) fue su destino en 1985. Cumplió con su rutina de un grito por equipo y, luego de disputar 13 partidos con el Papero, se sumó a las filas de Gimnasia y Esgrima (1985/86). En La Plata mantuvo el promedio: un gol en 10 juegos. Y se despidió de las tareas remunerativas de los domingos. Ya era hora de aplicar la ley de aquel sabio emperador romano, que tan bien supo reflejar Rodolfo Zapata en sus versos.